Es sordo y abrió un café atendido por personas sordas: “La inclusión es posible, queremos y podemos trabajar”
Hugo Farfán tiene 51 años y vive en Salta; CaféLSA ya emplea a siete personas; “para la mayoría es su primera experiencia laboral en blanco”, dice
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A sus 21 años, con su CV en la mano y mucho entusiasmo, Hugo Farfán entró a un banco de la ciudad de Salta para buscar trabajo. Cuando llegó a la recepción, le mostró su CV al guardia de seguridad, que le hizo algunas preguntas. Hugo le aclaró con gestos, señalándose los oídos, que estaba sordo. En cuanto lo entendió, el guardia dejó de intentar comunicarse con él y le pidió que se fuera, clausurando cualquier posibilidad de postularse. Hugo se sintió frustrado, invisible. Se fue.
“Hoy entiendo que yo no estaba en falta o fuera de lugar, sino que el entorno era expulsivo. Muchísimas personas sordas no logran acceder a un empleo formal, aun teniendo estudios, habilidades y ganas de trabajar. La barrera principal casi siempre es la misma: la comunicación. Las empresas y las instituciones no están preparadas para interactuar con una persona sorda y muchas veces ni siquiera saben cómo iniciar una entrevista laboral”, explica. Situaciones como esa fueron sembrando la idea, la necesidad, de crear un espacio donde eso no pase.
Ahora, con 51 años, abrió su primer emprendimiento: CaféLSA. La cafetería queda en Alberdi 392, en el centro de la ciudad de Salta. Todos los que participan del proyecto son personas sordas: Hugo, su socio Mariano, los siete mozos. En el café, se habla en Lengua de Señas Argentina.

Pensó la cafetería como un espacio para que las personas sordas puedan desarrollarse y crecer, sin verse obligadas a adaptarse constantemente a un entorno que no está preparado para ellas. “Las personas sordas queremos y podemos trabajar, mostrar lo que somos capaces de hacer. Por eso quise armar un espacio donde eso fuera posible”, cuenta Hugo.
Explica que muchos de los clientes ni siquiera se dan cuenta de que entran a un espacio donde se utiliza la lengua de señas: apenas lo entienden, esa sorpresa inicial se transforma en curiosidad. La mayoría de los clientes se adapta: algunos se animan a aprender algunas señas básicas para pedir un café, buscan las señas para decir ‘gracias’ en internet. “Lo que más nos sorprende es cómo cambia la actitud de las personas. Al principio hay duda o timidez, pero rápidamente se transforma en conexión”, cuenta Hugo.
Recuerda una tarde en la que conversaba en lengua de señas con Mariano, su socio, detrás del mostrador. Un cliente se les acercó para hacerles una pregunta: le habla primero a Mariano, que le responde con gestos. Gira después hacia Hugo, que hace lo mismo. Se dirige entonces a los mozos y, uno por uno, obtiene siempre la misma respuesta: un gesto con la mano indicando que eran personas sordas.
Cuando entendió que todos los que trabajaban en el café eran sordos, Hugo vio transformarse su expresión, pasando de seguridad a incertidumbre y confusión. Le acercaron un marcador y una pizarra para que escribiera su pedido: solo quería un café con leche. “Por un instante, vivió lo que muchas personas sordas experimentamos todos los días. Para él fue un aprendizaje, pero para nosotros fue una manera de ver en otro lo que sentimos cotidianamente”, dice Hugo.

Falta de accesibilidad en el mundo laboral
Para la mayoría de los mozos, el trabajo en el café fue su primer empleo formal: Juana (41), Romina (42), Guadalupe (35) y Daisi (35) son madres y por primera vez pudieron contribuir económicamente al sustento de sus familias.
Germán, el último mozo que contrataron, “festejó como si hubiera recibido un premio” cuando Hugo le comunicó por videollamada que había sido elegido para el puesto. “No hay nada más gratificante que ver la dignidad que les da el trabajo”, dice Hugo.
Mucho antes de emprender, Hugo trabajó de manera informal como diseñador gráfico en varias agencias de publicidad. Explica que, a la hora de conseguir un empleo, la principal dificultad es siempre la misma: la falta de comunicación y accesibilidad. “No solo es difícil conseguirlo, también es difícil sostenerlo o crecer dentro de un espacio laboral”, cuenta.
Recién con 34 años logró conseguir un empleo formal en la administración provincial de Salta. “Mi primer trabajo fue un paso muy importante para mí. Pude empezar a proyectar mi futuro, dejar atrás la incertidumbre”, dice Hugo. Quería formar una familia: una vez que consiguió trabajo y logró tener estabilidad, se casó y tuvo tres hijos.

Desde hace un año y medio, trabaja en la Subsecretaría de Discapacidad de la provincia de Salta. Se encarga de elaborar proyectos enfocados en romper las barreras comunicacionales de la comunidad sorda, elaborando políticas públicas y visibilizando la Lengua de Señas Argentina.
Desde los 18, Hugo está involucrado en la comunidad de personas sordas, tanto a nivel local como promoviendo iniciativas a nivel nacional. Se desempeñó como prosecretario en la Confederación Argentina de Sordos y participó del proyecto que llevó al reconocimiento de la Lengua de Señas Argentina como idioma a través de la ley 27.710 en 2023. “Para nosotros no fue solo una ley más, fue el reconocimiento de nuestra lengua, de nuestra identidad y de una lucha histórica legitimada.”
“Dudan de nuestro potencial”
“La idea de CaféLSA se formó luego de muchos años de trabajar y militar por la Lengua de Señas Argentina y los derechos de la comunidad sorda”, cuenta Hugo. Durante años, observó y vivió las dificultades que enfrentan las personas sordas para acceder a un empleo formal. Esas experiencias fueron las que lo impulsaron a crear CaféLSA.
Hugo vio la misma historia repetirse con amigos y conocidos sordos. Algunos tomaban empleos informales, que no les daban estabilidad ni posibilidades de crecer. Otros terminaban dependiendo de sus pensiones por discapacidad, porque no tuvieron la oportunidad de entrar en el mercado laboral.

Al emprender, Hugo enfrentó prejuicios y fue criticado por amigos y conocidos que no confiaron en su visión para el proyecto. “Muchas veces se duda de la capacidad de una persona sorda para liderar, gestionar o sostener un emprendimiento. Eso te obliga a estar constantemente demostrando que sí se puede, que el problema no son las personas sordas. Cuando la comunicación es accesible, las cosas funcionan”, dice.
“CaféLSA no es solo una cafetería. Es una forma de demostrar que la Lengua de Señas también puede estar presente en la vida cotidiana de la sociedad, de demostrar que cuando se eliminan las barreras en la comunicación, las personas sordas pueden desarrollar plenamente todo su potencial”, explica Hugo.
Más información
- CaféLSA está ubicado en Alberdi 392, Salta. También podés visitar su perfil de Instagram
- Si querés conocer cuáles son las prestaciones, servicios y derechos que tienen las personas con discapacidad, podés navegar por la guía que armó el equipo de Fundación LA NACION.
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