Eva Giberti: "La Justicia es una estructura machista y prejuiciosa"

La reconocida psicoanalista, que tiene 91 años y lleva 60 dedicándose a acompañar a víctimas de violencia, habla sobre "los vicios" arraigados en la Justicia y la necesidad de seguir tomando conciencia sobre el alcance del delito del abuso sexual.
La reconocida psicoanalista, que tiene 91 años y lleva 60 dedicándose a acompañar a víctimas de violencia, habla sobre "los vicios" arraigados en la Justicia y la necesidad de seguir tomando conciencia sobre el alcance del delito del abuso sexual. Crédito: Gentileza
María Ayuso
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4 de junio de 2020  • 17:40

A Eva Giberti, los dichos del fiscal Fernando Rivarola , autor del escrito en el que calificó a la violación en manada de una adolescente de 16 años en Chubut como "desahogo sexual" , no le sorprendieron. "Cuanto más perversas son las argumentaciones o sentencias de la Justicia, menos me asombran. Son las maneras de presentarse del varón en la sociedad y los pensamientos que rigen sus conductas", aseguró Giberti a LA NACION.

La reconocida psicoanalista, asistente social y profesora universitaria, tiene 91 años y lleva 60 dedicándose a acompañar a víctimas de abuso sexual. Impulsora de numerosos programas y cátedras que fueron pioneros en el país y marcaron la huella de un camino que se iría profundizando, Giberti coordina desde 2006 -el año en que fue creado- el Programa Las Víctimas Contra las Violencias , que depende del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación.

-Desde hace mucho tiempo usted señala al Poder Judicial, salvo lo que considera "honrosas excepciones", como una de las estructuras más machistas que subsisten en nuestra sociedad. ¿Por qué es tan difícil modificarlo?

-Es una estructura patriarcal, verticalista, machista, segregacionista y prejuiciosa. Tiene todas las idiosincrasias habidas y por haber que marcan a quienes tienen en sus manos la administración de la Justicia como personas peligrosas. Cuando caen en su órbita mujeres que son víctimas de delitos sexuales, corren serios peligros, porque son personas en las que se pueden mezclar el sadismo, el odio hacia la mujer y sus propios problemas personales en una especie de caduceo donde distintas perversiones los lleven a tener conclusiones que son a su vez perversas. El caso del fiscal (Fernando Rivarola) no me extraña nada. Hemos visto conclusiones semejantes.

El repudio a los dichos del fiscal Fernando Rivarola no tardó en hacerse viral. Organizaciones como Aministía Internacional y personalidades de distintos ámbitos se sumaron al reclamo de justicia.

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#DesahogoSexual

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-En los últimos años, ¿considera que hubo cambios? ¿Es optimista con respecto a que esas estructuras puedan transformarse?

-Ha habido cambios en la Justicia con gente joven, fiscales, jueces y juezas que desde la perspectiva de género introdujeron nuevas miradas para la lectura de los delitos de integridad sexual. Soy optimista porque soy psicoterapeuta y tengo que serlo, porque creo en las posibilidades de reparación de la víctima y modificación de las conductas violentas. Pero al mismo tiempo tengo muy claro que a la gente perversa no se la puede modificar y goza haciendo perversidades, diciéndolas y comprometiéndose con ellas, porque forman parte de su vida. Todas esas perversidades han sido inoculadas a lo largo de los años en al cabeza de quienes administran Justicia. Lo doloroso es pensar en las víctimas y lo esperanzador en la lucha permanente que llevamos las mujeres adelante y en la que las jóvenes están tomando el partido con mucha energía y ganas. Hemos aprendido a denunciar, a no callarnos la boca y a empoderarnos.

El Programa Las Víctimas Contra las Violencias cuenta con líneas telefónicas gratuitas que funcionan las 24 horas, todos los días del año: la 137 en el ámbito de la ciudad de Buenos Aires y el 0800-222-1717 de alcance nacional. También se puede escribir por WhatsApp al 11-3133-1000. Las líneas son atendidas por personal profesional especializado en la atención a víctimas de violencias.

-Más allá de los avances, aún escasea la toma de conciencia en muchos sectores acerca del impacto y alcance del abuso sexual.

-Nos falta más conciencia y más denuncia. Debemos recordar que en la inmensa mayoría de los casos, en un 85%, los abusos sexuales ocurren dentro de la familia y en general es el padre el abusador. Muchas veces, hay silencios cómplices de la familia que no quiere denunciar, por ejemplo, al padre o al abuelo. En el Programa Las Víctimas contra las Violencias, nos especializamos en abuso sexual porque tenemos infinidad de denuncias. Necesitamos tomar más conciencia y que los medios de comunicación nos llamen y se comprometan en difundir esta realidad. Tenemos que llevar este tema a las universidades, a todas las facultades, no solo de humanidades sino también, por ejemplo, de agronomía, porque el abuso sexual atraviesa universal y tangencialmente todas las formas de convivencia.

-¿Cómo se explican esos silencios cómplices en muchas familias antes casos de abuso sexual?

-Todavía los padres y las madres se sorprenden cuando aparece una situación de abuso intrafamiliar. Les cuesta darse cuenta que esto que es horroroso, es sin embargo posible. Admitir que el varón con el que se convive es el responsable del abuso es una de las situaciones más amargas y complejas, que determinan que haya una zona de silencio y distracción, y que se pasen por alto síntomas que sin embargo están advirtiendo que algo raro le pasa al chico o la chica.

-Usted ha señalado en varias oportunidades prácticas aberrantes en la Justicia como el intento de revincular a los niños, niñas y adolescentes que sufren abuso sexual con sus agresores. ¿Cómo es posible que esas prácticas continúen?

-Muchos jueces no quieren entender que la familia no es la institución sacrosanta que nos quieren hacer comprar, sino que es un lugar peligroso para muchos niños y niñas. He visto de forma patética intentos por revincular a chicos y chicas con sus agresores. Desde que yo tenía 30 años, cuando trabajaba en el hospital de niños (hoy Pedro Elizalde), nos peleábamos con los fiscales por estos temas. Recuerdo una época cuando se intentaba hacer estas revinculaciones en el Jardín Japonés y los chicos salían corriendo gritando: "No quiero estar con él", "no quiero verlo", mientras una asistente social intentaba sujetarlos.

-Y aún persiste.

-Así es. Es un padecimiento y una revictimización que aún hoy persiste. Y atrás está la idea de que la familia no se puede deshacer, que la madre le mete ideas al chico o la chica en la cabeza, cuando ningún niño o niña es un títere que va a repetir lo que dice la madre y basta mirar los dibujos que hacen o escuchar sus declaraciones para darse cuenta que no inventan. Los jueces tienen una cabeza atravesada por los prejuicios acerca de lo que es la vida sexual en la familia y no quieren aceptar que puede estar absolutamente corrompida y los chicos absolutamente dañados. El intento de revincular a los niños y niñas con sus victimarios es para que la familia siga entera: les interesa más que se mantenga de modo artificial que exponer a un padre violador, que no es un padre, es un monstruo.

-No solo se pone infinidad de veces en duda el testimonio de los chicos y las chicas, sino también de las mujeres. Eso hace que, muchas veces, elijan no denunciar o den marcha atrás, para no continuar siendo revictimizadas. ¿Por qué ocurre esto?

-Si leemos la historia de la violación, que viene desde tiempos inmemoriales, siempre se acusó a la mujer de mentir cuando se señalaba al varón. Esto fue así en la sociedad arcaica primero; industrial, después y de consumo, ahora. Siempre los varones fueron los que llevaron la delantera y no quieren ser acusados por las mujeres. Los varones con poder, que son los jueces, ponen en marcha la denigración de la mujer diciendo que miente y exagera. Hay una tendencia a denigrar la vida intelectual de la mujer. Esto es algo que tenemos que ir deshaciendo y desarticulando poco a poco, mostrando que somos capaces de defendernos pero, sobre todo, de acusar con verdades. Las mujeres deben ir siempre acompañadas de un buen abogado o abogada que esté dispuesto a pelear, a no retroceder, a sostener la denuncias, buscando el acompañamiento en organizaciones de mujeres. Hay que denunciar y dejar de lado el miedo.

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