Juan Ignacio Acosta es especialista en inclusión educativa y vida independiente; inspirado en una iniciativa española, replicó en el país un sistema para que jóvenes con distintas condiciones ganen autonomía
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Cuando un chico con discapacidad intelectual llega a la mayoría de edad, suele tener un deseo: irse a vivir solo. En contrapartida, sus padres tienen preguntas: “¿Cómo logrará esa independencia?”, “¿Qué será de mi hijo cuando yo no esté?”.
Se estima que en la Argentina hay 6 millones de personas con alguna discapacidad, algo así como el 13% de la población. De ellas, 1.855.978 tienen Certificado Único de Discapacidad (CUD). Lo que sostienen los especialistas es que gran parte de ese colectivo llega a la mayoría de edad sin haber aprendido a tomar decisiones.
Para Juan Ignacio Acosta, especialista en educación especial y magíster en vida independiente de personas con discapacidad, la solución es que se trabaje en la autonomía de esos jóvenes desde que son pequeños.
Con esa convicción, Acosta fundó, en 2009, la compañía de teatro inclusivo Las Ilusiones; desarrolla talleres para las personas con discapacidad y la semana pasada inauguró Lo de Tono, una casa para jóvenes con discapacidad intelectual. Allí aprenderán a vivir solos y se formarán en oficios. En una charla con LA NACION, explica cuáles son las claves para que puedan gozar de una vida independiente.
—¿Cómo una persona con una discapacidad intelectual puede lograr tener una vida independiente?
—Es un camino que tienen que recorrer desde que son chiquitos, un poco como pasa con las personas sin discapacidad. Se empieza por permitirles tomar pequeñas decisiones, como elegir su ropa. Aunque se equivoquen. También es importante que puedan ser parte de espacios terapéuticos y talleres para que interactúen con otros. Ellos van a ir construyendo ese camino de independencia de acuerdo a sus posibilidades y con los apoyos terapéuticos necesarios. Y lo van a lograr solo desde la experiencia que sus familias les vayan trazando.

—¿Cómo es eso? ¿Cuán importante es el papel de las familias en esa independencia?
—Nada es posible si las familias no creen que los pueden hacer un camino independiente. A veces notás que hay una resistencia o un desconocimiento respecto a esa búsqueda de autonomía porque cuando hablás con un chico, el padre se apura a contestar por él. Tiene que haber un equilibrio. Tampoco es soltarlos de cero a 100. Las familias, con el apoyo profesional de los terapeutas, tienen que estar presentes en ese proceso. Para una persona con discapacidad hay muchos más obstáculos que superar, más allá del grado de su condición.
—¿Por ejemplo?
—Una persona con discapacidad intelectual está en situación de aprender o en situación de pedir permiso. Si siempre tiene que pedir permiso para hacer cualquier cosa, es un problema. Sea para elegir una remera o para ir a la esquina. Primero hay que enseñarle. Quizás se equivoque una, dos, tres o más veces. Pero hay que seguir enseñándole. Te aseguro que va a aprender. A todos nos pasó de equivocarnos. En el caso de una persona con una discapacidad intelectual va a ser más trabajoso. Las familias tienen que saber que sus hijos están en situación de aprender, no de pedir permiso para no equivocarse. Es normal que los padres tengan miedos, pero los miedos no tienen que ser un obstáculo.
—El camino a la vida independiente se empieza desde casa, pero también es importante que la sociedad esté abierta a incluir.
—Totalmente. Tenemos que poder pensar que una persona con discapacidad es capaz de trabajar, que puede tener relaciones sexoafectivas, que puede formar una familia, tener una casa. Y para que esto ocurra, debería haber más ayuda del Estado a las familias. El Estado podría acompañar mejor, haciendo campañas de sensibilización y creando programas de vida independiente, algo que no existe.
—Hiciste una especialización en vida independiente en España. ¿Cómo son los programas de autonomía allá?
—En España tienen muy desarrollados los programas de residencias para jóvenes con discapacidades. Hay viviendas compartidas, donde viven en comunidad, y viviendas tuteladas, donde viven solos o con amigos y con el acompañamiento de un especialista. El Estado invierte mucho en eso y en la inclusión laboral. Además, las instituciones y las ONG manejan mucho presupuesto.
—La semana pasada inauguraron Lo de Tono, una casa que se inspira en esos programas y donde se va a preparar a los jóvenes en la vida independiente. ¿Es posible replicar más experiencias de este tipo en el país?
—En la Argentina no hay tantos recursos, tenemos que ser más creativos. Pero es posible hacerlo, quizás cueste más esfuerzos porque si en general falta trabajo, imaginate para una persona con discapacidad intelectual. Digo esto porque sin trabajo no hay vida independiente.
Proyecto de vida
Juan Ignacio Acosta tiene 39 años y desde los 20 comenzó a interesarse por el colectivo de personas con discapacidad. Luego de especializarse en educación inclusiva y como acompañante terapéutico, creó Las Ilusiones, una compañía de teatro inclusiva para niños, adolescentes y adultos con o sin discapacidad.
Con el tiempo, junto con más profesionales, conformó la ONG Despuntado. Desde Las Ilusiones y ese espacio surgieron diferentes talleres y propuestas de capacitación en vida independiente. Hoy son una comunidad con siete sedes en el AMBA y en la que participan unas 500 familias.
La primera experiencia que crearon para capacitar a los jóvenes en la vida independiente fue Casa Tao: un PH en Villa Urquiza donde pueden quedarse hasta dos noches. A esa experiencia le siguió Lo de Tono, una casa en Villa Luro de dos pisos. En planta baja hay una sala común con cocina y living, una galeria, un patio y dos estudios. En el primer piso hay tres habitaciones individuales con sus respectivos baños, una sala, una cocina y dos terrazas.
—¿Cómo es la propuesta de vida independiente en Lo de Tono?
—A diferencia de casa Tao, Lo de Tono es una propuesta de vivienda más a largo plazo. En un primer turno funcionará como centro de día donde se darán diferentes talleres a quienes quieran anotarse. Por la tarde y noche, la idea es albergar a tres jóvenes que iremos capacitando gradualmente. Van a aprender a organizar la casa, a encender un horno, a cocinar y otras tareas domésticas. Así, van a pasar por diferentes niveles hasta tener la llave de la casa para salir a trabajar, a ver amigos, a la familia y volver.
—¿Cuánto tiempo vivirán ahí?
—Cuando ya tienen la llave de la casa, su estadía se va a ir renovando cada tres meses. Lo ideal es que puedan vivir ahí hasta un año. El objetivo es que se dé una suerte de egreso. Así pueden irse a vivir a donde ellos decidan, de manera autónoma y ya con un trabajo. Por eso los vamos a capacitar en cuatro oficios para que tengan una inserción laboral real. Como dije, sin trabajo no hay vida independiente.
—¿Cuáles son esos oficios?
—Asistente deportivo, auxiliar de maestranza, preceptor en arte y asistente de jardinería.
—¿Qué acompañamientos tienen en la casa?
—Eso se va a adaptar a cada uno. Esto no es utópico, esto es real. Van a estar con el apoyo que necesiten, sea un acompañante terapéutico, un tutor u otro profesional.
—¿Cómo cambia la vida de una persona que tiene una discapacidad y empieza a vivir de manera independiente?
—Cambia todo. Desde la sonrisa a la manera de expresar lo que piensa. Hay jóvenes que han pasado por la experiencia de vivir un par de días solos en casa Tao y que después pudieron experimentar el ser independientes. Ellos te dicen: “Estoy re contento porque ahora puedo decidir qué ropa ponerme y nadie me dice nada” o “No tengo los ojos de mis papás sobre mí”. El objetivo fundamental es que ganen la autonomía suficiente para poder encarar un proyecto de vida solos o con amigos, como en una vida adulta. Sin mamá ni papá al lado. Es posible.
Más información
Lo de Tono es una casa que fue donada por Guillermo Cerviño y Maricel Lungarzo, dos personas que siempre colaboraron con Las Ilusiones. Se llama así en honor al tío de Maricel, a quien llamaban Tono, ya que ese era su hogar.
Si querés saber más sobre la ONG Despuntado y sus proyectos de vida independiente, podés:
- ingresar a su sitio web
- comunicarte al 11-6576-9903
- escribir a hola@despuntado.org.ar o lodetono.direccion@despuntado.org.ar





