Tiene esclerosis múltiple y asiste a las personas en el servicio de emergencias de Tigre: “La empatía es clave”
Hace 13 años, Fernando Cancel sintió que sus piernas no le respondían; desde entonces su vida cambió por completo; “las personas con discapacidad tenemos mucho para dar”, dice
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Un día, hace 13 años, Fernando Cancel se levantó de la cama y sus piernas no le respondieron. Nada de la cintura para abajo funcionaba en el cuerpo de este hombre que ahora tiene 42 años y relata esta historia por teléfono, desde su departamento en Palermo, sentado en una silla de ruedas.
Hace 13 años, Fernando vivía a 9500 kilómetros, en el estado de Nevada, Estados Unidos. Había estudiado Comunicación en el College of Southern Nevada, era bombero, técnico en emergencias médicas, piloteaba aviones y ya había hecho más de la mitad de la carrera de Medicina Cardiorrespiratoria. Planeaba trabajar en terapia intensiva de algún hospital y, con eso, sacar la residencia permanente.
Pero esa mañana, la siguiente y la que vino después, sus piernas no arrancaron. “Me tocó hacer kinesiología. Tuve que volver a aprender a caminar”, cuenta. Pero el impacto emocional que le generó frenar a cero esa vida vertiginosa que tanto le gustaba no fue lo que más lo afectó. “Lo peor era no saber qué me pasaba. Los médicos me trataban los síntomas, pero no sabían la causa”, dice.
Los gastos médicos que tuvo que solventar a lo largo de un año buscando respuestas que no llegaban consumieron sus ahorros. “Tuve que pagar cada resonancia y placa que me hice, todo”, resume. Así que se vio obligado a volver a la Argentina.
“Llevaba ocho años afuera y nunca había vuelto. Tuve que readaptarme, buscar trabajo. Enseguida empecé a trabajar en la Municipalidad de Tigre, en la unidad de respuesta rápida para emergencias médicas y todavía sigo ahí”, cuenta. En paralelo, quiso convencerse de que aquella parálisis había sido un mal sueño y empezó a proyectar una carrera de Medicina.
“Durante el primer año de cursada, me quedé ciego por un día y descubrí que tenía el nervio óptico dañado, así que decidí priorizar mi salud y abandoné la carrera”, dice. Le llevó un tiempo más de consultas a especialistas mientras, en paralelo, convivía con otros episodios y síntomas —extremidades que se adormecían o no respondían, problemas auditivos, dificultades gástricas— hasta que un médico logró unir las piezas del rompecabezas y le diagnosticó esclerosis múltiple.
“Recibir una noticia así implica un duelo. Pero yo ya pasé por todas las fases y ahora estoy conectado con la vida, porque la vida es hermosa”, sostiene y sigue: “Aunque el mundo sea un ‘no’ permanente para las personas con discapacidad, tenemos que ir por el ‘sí’. Porque todos tenemos algo valioso para dar”.

Dos trabajos y un proyecto
Plantado sobre esa convicción, Fernando no solo continúa trabajando en Tigre sino que además es asesor comercial en la inmobiliaria de su papá. Además está iniciándose en el mundo de la actuación, presentándose a castings, algo que lo tiene muy ilusionado.
En Tigre, cuenta, pasó por diferentes puestos en función de su estado de salud. “Actualmente me ocupo de supervisar los servicios de emergencias médicas que se brindan en la calle. También me toca subirme a una ambulancia y ofrecer asistencia hasta que llega el médico: paramos hemorragias, hacemos RCP o curamos heridas”, explica.
En estos años debió batallar contra nuevos episodios de su enfermedad que le dejaron nuevas secuelas, como el debilitamiento de sus piernas, por lo que tuvo que empezar a usar ortesis y bastones para caminar. “El último brote que tuve me dejó astenia, un cuadro de cansancio tan profundo que no te lo sacás con nada. Así que, en ciertos momentos, por ejemplo cuando estoy en mi casa, me apoyo con la silla de ruedas”, explica. “Soy un usuario ambulatorio de silla de ruedas”, agrega.
Cuando le toca ir a Tigre porque tiene guardia, usa las ortesis. “Voy manejando. Tengo un auto adaptado que solo requiere del uso de las manos”, cuenta. Como tiene CUD, le hicieron una reducción horaria. “Me gustaría trabajar más, pero por protocolo no se puede”, explica.

Fernando dice que ama su trabajo. “Con la ambulancia estás llegando, muy probablemente, al peor día en la vida de la persona que necesita asistencia. La empatía es clave”, sostiene. Una empatía que, reconoce, no siempre recibe: “Me ha pasado de que me convocaran a un casting para personas con discapacidad motriz y que el lugar no tuviera rampa. O que la gente me vea con la ortesis o con la silla por la calle y, sin un ‘hola’ de por medio, me pregunte qué me pasó”.
Con el tiempo, dice, fue desarrollando una piel dura ante estas situaciones. “La vida es hermosa. No voy a dejar de amarla por estas cosas”, asegura. Por eso, cada vez que puede, sale de paseo con su silla para respirar aire puro y conectar con la naturaleza. “También aprendí a tocar el saxo por indicación médica, para trabajar la motricidad fina”, explica.
Para organizar mejor sus tiempos, Fernando usa un calendario. “A veces me pasa que armo el día para mostrar una oficina, después hacer un casting y cerrar la jornada con una visita al Jardín Japonés. Pero cuando me despierto el cuerpo me dice ‘hoy no podés hacer nada’, y bueno, cuido mi cuerpo, pero sabiendo que mañana o pasado voy a hacer esas cosas”, dice. “No es que no me golpeen esas cosas, pero si te dejás comer por la negatividad, te vas para abajo”.
El año pasado, buscando castings para presentarse, le apareció uno muy especial. La asociación civil Yo También, que cuenta con una escuela audiovisual y una productora inclusiva, estaba buscando perfiles de personas con discapacidad para una muestra fotográfica y audiovisual.
La muestra se llamó “Entre Retratos” y buscó generar conciencia sobre la importancia de la inclusión laboral de este colectivo. Estuvo abierta al público hasta el 20 de diciembre y Fernando fue uno de los retratados. “Fue una propuesta hermosa que acepté con la esperanza de que alguien me vea y diga: ‘si ese chabón pudo, yo también voy a poder’”, concluye.

Más información
La asociación civil Yo También trabaja por la inclusión de las personas con discapacidad intelectual a través de una escuela audiovisual que organiza talleres anuales de video y fotografía. Además cuenta con una productora inclusiva que ofrece servicios fotográficos, audiovisuales y gráficos.
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