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Envejecer bien es un arte. De pronto te levantas con dolores nuevos y descubres que el mundo no te debe nada, sino que pasa factura. A menudo acudes al médico en busca de soluciones, y sin fijarte en ellas pasas ante librerías que a tu edad son más útiles que las farmacias. Leer a los filósofos estoicos antiguos es uno de los mejores analgésicos que conozco. Como las aspirinas o el paracetamol, no quitan las causas del dolor, pero ayudan a soportar el dolor. Y eso no es ninguna tontería.



