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Casi un tercio de la Humanidad (unos 2.700 millones de los 8.100 millones de personas que pueblan hoy el planeta) no puede ver la Vía Láctea aunque el cielo nocturno esté completamente despejado. La contaminación lumínica se lo impide, producto del uso inapropiado y excesivo de la iluminación artificial. La denominación del fenómeno comenzó a usarse entre astrónomos hacia los años 60 del siglo XX.



