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“Me olvidé de vivir”, probablemente la línea más memorable de todas las que cantó Julio Iglesias, desmiente su biografía: más que una, tuvo mil vidas. En El español que enamoró al mundo, el libro que acaba de publicarse, el periodista madrileño Ignacio Peyró desmenuza la vida del astro en su cualidad estelar pero también política: definido como “un Forrest Gump machirulo y despabilado”, Iglesias puso música romántica al franquismo y como otros cantantes melódicos de su época, de los que tuvimos muchos en la dictadura argentina, endulzó los oídos en tiempos amargos.



