Humpty Dumpty fue un pionero: las fiestas de “no cumpleaños” están en agenda
En Estados Unidos la idea de separar el nacimiento de su celebración gana cada vez más adeptos
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NUEVA YORK.— Paseando por Londres este verano, de pronto aparecieron aviones de guerra en el cielo, dejando detrás de sí largas estelas de humo tricolor. La gente se detenía, levantaba el teléfono, aplaudía. Nadie parecía sorprenderse, salvo los turistas.
La explicación era mucho menos alarmante de lo que sugería el despliegue militar. Se trataba del Trooping the Colour, una de las ceremonias más espectaculares del calendario británico para celebrar el cumpleaños del rey. O, mejor dicho, el día elegido para festejarlo.
La hija mayor de esta cronista nació el 31 de diciembre. Cuando era muy chica, la parte fácil consistía en convencerla de que, aunque no pudiera estar con sus amiguitos, los fuegos artificiales de medianoche eran en su honor
Carlos III nació el 14 de noviembre. Sin embargo, como tantos monarcas británicos antes que él, que tuvieron la desafortunada costumbre de nacer cuando el clima es aún más frío y húmedo que lo habitual, celebra oficialmente su cumpleaños en verano.
Desde el siglo XVIII, los soberanos británicos separan el cumpleaños biológico del oficial para aumentar las probabilidades de que la celebración al aire libre tenga buen tiempo y buena concurrencia.
En esta casa, esa práctica se conoce bien. La hija mayor de esta cronista nació el 31 de diciembre. Cuando era muy chica, la parte fácil consistía en convencerla de que, aunque no pudiera estar con sus amiguitos, los fuegos artificiales de medianoche eran en su honor. Otros chicos nacidos el 24 o el 25 de diciembre la consolaban recordándole que ella, al menos, no tenía que resignarse a recibir regalos “combinados” con Navidad.

Con los años, la solución para todos fue hacer exactamente lo mismo que hace el rey de Inglaterra: trasladar la celebración para conseguir quórum. Aunque ahí surgía otra discusión. En la Argentina suele considerarse de mala suerte festejar antes de tiempo, porque puede interpretarse como un desafío al destino. Visto desde esa perspectiva, la corona británica lleva siglos tentando a la suerte, pero personalmente cuesta arriesgar así.
Aunque no se sabe si en un país menos supersticioso como Estados Unidos cuántos atrasan y cuántos adelantan la fecha, el separar el nacimiento de su celebración es una idea con cada vez más adeptos. Hace poco, The New York Times recordaba que, según una plataforma de invitaciones, en los últimos doce meses más de 40.000 personas confirmaron asistencia a fiestas bautizadas como half birthday (medio cumpleaños) o unbirthday (no cumpleaños).
En la Argentina suele considerarse de mala suerte festejar antes de tiempo, porque puede interpretarse como un desafío al destino. Visto desde esa perspectiva, la corona británica lleva siglos tentando a la suerte, pero personalmente cuesta arriesgar así
Este último tiene, además, un ilustre antecedente literario. El “no cumpleaños” nació en A través del espejo, la novela que Lewis Carroll publicó en 1871 como continuación de Alicia en el País de las Maravillas.
Allí Alicia se encuentra con Humpty Dumpty, el célebre personaje con forma de huevo inspirado en una vieja canción infantil inglesa, quien le explica que acaba de recibir un regalo de no cumpleaños y le señala la ventaja del sistema: cumpleaños hay apenas uno por año; no cumpleaños, en cambio, hay 364. Las probabilidades de recibir un regalo mejoran considerablemente si uno no se limita a festejar únicamente el día en que nació.
La realidad, sin embargo, terminó yendo un paso (o varios) más allá. Viviendo en Estados Unidos, se ve frecuentemente una solución todavía más radical para los cumpleaños que caen en fechas complicadas: directamente evitarlos.

Cuando las cesáreas programadas y las inducciones ofrecen un margen de maniobra cada vez mayor, algunos estudios sugieren que nacen menos bebés de los que cabría esperar no solo en Navidad y Año Nuevo, sino también en otras jornadas consideradas poco deseables, como un viernes 13 o el 11 de septiembre. Si el calendario puede elegirse, parece ser el razonamiento de varios padres, hay días mejores que otros para llegar al mundo.
Después de todo, nacer es un tema –hoy más o menos manipulado– del calendario. Pero festejarlo siempre fue una cuestión de organización.



