Las diseñadoras francesas que piensan la hotelería lejos de la tendencia y cerca de la experiencia
Las hermanas Leslie Kouhana y Kimberley Cohen transforman grandes hoteles que son íconos históricos en refugios contemporáneos con personalidad, como Le Grand Mazarin, Lou Pinet y Saint-Roch
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Ciertos sitios parecen respirar por sí mismos, donde la luz acaricia, los materiales cuentan historias y cada objeto guarda la memoria de quienes los habitan. En estas atmósferas, Leslie Kouhana y Kimberley Cohen han encontrado su lenguaje
Un diseño que respira y se percibe con todos los sentidos, que se construye a partir de recuerdos cuidadosamente guardados y decisiones ponderadas. Donde la intención pesa más que la forma, así viven el diseño estas hermanas nacidas en Neuilly-sur-Seine, cerca de París. Crecieron en familias donde la curiosidad, los viajes y el amor por las cosas bellas eran valores cotidianos. Desarrollaron una forma propia de pensar, lejos de la tendencia y cerca de la experiencia. Su último trabajo, la relectura del legendario Hôtel Saint-Roch en Courchevel 1850, encarna esta filosofía: un ícono histórico transformado en refugio contemporáneo, un lugar profundamente humano, elegante y discreto, sin necesidad de artificio.

¿Qué observan al visitar un edificio por primera vez? Para Leslie, es indispensable su ubicación y el entorno inmediato, como las vistas y los volúmenes circundantes, En cambio, para Kimberley, la luz natural y las proporciones. “Marcan el tono y revelan el potencial emocional del lugar”, dice.
-¿Qué tipo de información puede cambiar por completo un concepto inicial?
-Leslie: A veces una limitación técnica o regulatoria obliga a reescribir el proyecto. Eso hace que el ejercicio sea desafiante.
-Kimberley: Un encuentro humano. Un artesano, un artista o un saber hacer específico puede redefinir por completo un proyecto.
-¿Cómo determinan si un lugar permite más o menos intervención?
-Leslie: Cada proyecto es distinto. Hemos trabajado en construcciones nuevas, renovaciones y reconstrucciones tras demolición. En algunos casos, nuestra misión es transformar espacios, como en Le Grand Mazarin, en París; Lou Pinet, en Saint-Tropez o Saint-Roch, en Courchevel 1850. En otros, se trata de revelar lo existente, como en Crillon-le-Brave, donde la identidad del lugar necesitaba preservarse.

-¿Qué hace que un proyecto pase de simplemente logrado a verdaderamente único?
-Leslie: Cuando no busca seducir, sino ser sincero. Cuando abraza lo que es, sin imitar ni seguir una tendencia. La intención clara y coherente hasta el final crea un vínculo emocional duradero, más allá de la estética.
-Kimberley: La precisión del detalle. A menudo son los elementos invisibles al primer vistazo los que crean el alma de un lugar: un material elegido por su historia, un gesto artesanal, una imperfección aceptada, un objeto colocado casi por azar pero cargado de sentido. Esta acumulación de microdecisiones convierte un proyecto en algo singular.
-¿Qué parte del proceso nunca delegan?
-Leslie: La visión general y el sentido del proyecto. Todo puede delegarse menos la intención. Nos involucramos en cada decisión estructural.
-Kimberley: Y, claro, la dimensión artística y sensible. Elección de materiales, objetos, muebles, texturas, colores, luz, aromas, vajilla, papelería y diseño web. Cada detalle tiene una carga emocional demasiado fuerte para dejarlo al azar.

-¿Cuándo deja de ser viable una idea estética?
-Leslie: Cuando deja de servir a la experiencia. Si domina sobre el uso o la emoción, se vuelve decorativa. Una idea estética deja de ser viable cuando depende de un efecto pasajero.
-Kimberley: Exacto, cuando no envejece bien en la imaginación. Si está demasiado anclada a una era o tendencia, se vuelve frágil.
-¿Qué papel juega el contexto económico en una decisión creativa?
-Leslie: Marca un marco, pero no debe dictar la sustancia. Las restricciones pueden incluso reforzar la creatividad.
-Kimberley: Obliga a tomar decisiones sinceras y priorizar lo esencial. Ayuda a definir qué debe preservarse y qué puede ajustarse, fortaleciendo la precisión del proyecto.
-¿Cómo traducen una intención abstracta en experiencia concreta?
-Leslie: A través del ritmo y los materiales. La personalidad de un lugar se compone de muchos elementos, y los accidentes añaden carácter y emoción.
-Kimberley: Así es, por la acumulación de sensaciones.

-¿Qué señales indican que un hotel está sobrediseñado?
-Kimberley: Cuando no te atrevés a sentarte, tocar o habitarlo. Un lugar debe invitar, no intimidar.
-¿Qué conversación marca realmente el final de un proyecto?
-Leslie: La primera con los huéspedes. Cómo habitan el lugar dice más que cualquier validación.
-Kimberley: Para mí es la despedida del decorador. Ese momento simboliza el final: todo está en su lugar y el lugar comienza su vida propia.
-Saint-Roch implicó trabajar con un ícono existente. ¿Qué fue intocable?
-Leslie: Su anclaje en Courchevel y su lugar en la memoria colectiva. Por eso mantuvimos su nombre.
-Kimberley: El hotel, aunque institución, estaba casi en reposo, como una bella durmiente. Lo reinventamos sin romper su sentido de familiaridad y arraigo.

-¿Qué nos depara el futuro del diseño hotelero que hace diez años nadie hubiera imaginado?
-Leslie: Un retorno a lo esencial, con ultra personalización. Hoteles como lugares de significado, con identidad clara y radical, especializados en bienestar, retiro, deporte o desconexión.
-Kimberley: Los hoteleros aceptarán no ofrecerlo todo ni cumplir todas las expectativas. Adoptarán elecciones editoriales, convirtiendo el diseño en filtro más que en respuesta universal, creando experiencias precisas, íntimas y sostenibles
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