
Loreto Bresky: “La Argentina tiene capital humano y muy buenas universidades, pero está 77 en el ranking de innovación global; Chile está 51”
Ciencia y patentes: ¿una nueva Vaca Muerta? Conicet, ¿líder de patentes en el país? Chile, ¿el más innovador de Latam? Argentina, ¿la peor? China y Corea, ¿por qué son casos emblemáticos en tema patentes? La especialista hizo su análisis

“A nivel regional, en Brasil, en Chile y en la Argentina, el mayor impulso que están teniendo las patentes viene dado por las universidades”, afirma, pero advierte: “Los incentivos para el investigador están más bien centrados en la publicación de un paper”. “Al publicar un paper, su investigación no va a ser protegible por una patente porque se hizo pública y perdió requisitos de patentabilidad”, precisa. “Es muy importante empezar a trabajar en la cultura de las universidades y en el mindset de los investigadores”, plantea. “Actualmente, en Chile hay toda una ley que busca facilitar que los investigadores de la universidad generen empresas porque las universidades no tienen fines de lucro”, ejemplifica. “Chile es el país de América Latina mejor rankeado en el Índice de Innovación Global”, dice. “Chile tiene más patentes que la Argentina. Ha suscrito todos los tratados que permiten que la investigación desarrollada por las universidades chilenas se puedan internacionalizar y transferir”, explica.
“El Conicet es el que tiene más solicitudes de patente PCT: tiene 114; NS Biotec, 38 y el señor Cristian Javier García Rojas tiene 16; la Universidad del Litoral tiene 16; la Universidad de Buenos Aires, 13; Laboratorios Bagó tiene 6”
“En la economía actual, entre el 80 y el 90 por ciento del valor de las empresas más importantes a nivel global son sus intangibles”, sostiene. “Hoy estamos en una economía de los intangibles donde el valor de un auto eléctrico está en su propio intelectual, no en la carrocería. Es ahí hacia donde hay que ir”, agrega. “Huawei es la empresa que tiene más solicitudes de patentes en el marco del Tratado de Cooperación en Materia de Patentes (PCT), con más de 7.500 por año”, detalla. “China es el mayor solicitante de solicitudes PCT por lejos. Después viene, con un 30 por ciento menos, Estados Unidos, Corea, Japón, Alemania”, desarrolla. “El Conicet es el que tiene más solicitudes de patente PCT: tiene 114; NS Biotec, 38 y el señor Cristian Javier García Rojas tiene 16; la Universidad del Litoral tiene 16; la Universidad de Buenos Aires, 13; Laboratorios Bagó tiene 6”, enumera. “Es curioso que una agencia pública tenga la posibilidad de solicitar patentes en el PCT, pero el país aún no tenga la posibilidad de arrancar como corresponde con este sistema internacional. Ahora hay un impulso en ese sentido”, aclara. “No se trata de que la Argentina, si llega a ser parte del PCT, compita con los números de los países que hoy lideran el ranking de patentes, pero tiene que poder aspirar a mayor patentamiento”, concluye.

La especialista en patentes intelectuales e industriales, la abogada chilena Loreto Bresky, estuvo en La Repregunta. Bresky es directora principal del departamento de Asuntos Jurídicos e Internacionales del Tratado de Cooperación en Materia de Patentes (PCT), de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI). Durante cinco años fue directora del Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INAPI), en Chile. Fue elegida entre las 250 abogadas más influyentes del mundo por la revista Managing Intellectual Property. Es abogada por la Universidad de Chile.
Ciencia y patentes: ¿una nueva Vaca Muerta? Conicet, ¿líder de patentes en la Argentina? Chile, ¿el más innovador de Latam? Argentina, ¿la peor? Investigación y desarrollo, ¿quién invierte más en América Latina? Estado v privados: ¿por qué las universidades son las que más solicitan patentes? Talento, ¿el gran logro argentino? Intangibles, ¿el verdadero valor de una empresa? Empresas privadas, ¿por qué invierten menos en investigación? Propiedad intelectual, ¿el verdadero valor de una empresa? China y Corea, ¿por qué son casos emblemáticos en tema patentes? Patentes en América Latina, ¿por qué la mayoría son extranjeras? Universidades y científicos, ¿falta cultura de patentamiento? Caso Chile, de la cultura del científico a la del emprendedor innovador. Argentina y su crisis educativa, ¿el gran cuello de botella hacia una economía de intangibles? Tratado de patentes, ¿cuáles son sus efectos positivos? Bresky hizo su análisis.
Aquí, la entrevista completa.
De la investigación al patentamiento. Argentina, ¿el país menos innovador de América Latina?
-El primer eslabón de esta cadena que termina en el patentamiento y, finalmente, en la producción de tecnología y de innovaciones tecnológicas para exportar, parte de investigación y desarrollo, I+D. Hay mucho debate en la Argentina y en América Latina acerca de cuánta inversión hay en I+D. ¿Cómo es el panorama inicial que puede trazar en relación al peso de la investigación y desarrollo en América Latina y puntualmente en Chile y en la Argentina?
-Muy interesante tu pregunta. La voy a llevar a un índice que desarrolla la Organización Mundial de la Propia Intelectual, la OMPI: el Global Innovation Index. La Argentina ocupa actualmente el lugar 77 de 139 economías que son parte de ese índice global de innovación. Saca muy buenas notas en todo lo que es capital humano porque tiene muy buenas universidades y muy buenas investigaciones, pero tiene malas notas en otro de los factores: que esa ventaja se materialice en un output, que esa investigación y desarrollo tenga una protección, y que genere una empresa y esa solución tecnológica tenga impacto en la sociedad. Actualmente, Chile es el país de Latinoamérica que está mejor rankeado en el Índice Global de Innovación. Está en el lugar 51, seguido por Brasil, México y luego, la Argentina. En la Argentina hay talento, hay innovación, tiene creadores. Participé en un panel en la Universidad Austral donde vimos casos concretos como el de Renata Reinheimer, una innovadora que viene de la Universidad del Litoral, que logró un desarrollo. Desarrolló Infira, una solución de biotecnología para algunas plantas que han caído en desuso. Fue premiada por la OMPI. Es un ejemplo, pero hay muchos otros. La Argentina tiene tres Premios Nobel.
“Es muy importante empezar a trabajar en la cultura de las universidades y en el mindset de los investigadores”
-Pero eso fue hace muchos años.
-Ya, pero hay talento y la universidad argentina está muy bien rankeada. Existe mucha investigación. Esa investigación, esa ciencia básica, tiene que ir avanzando para que se pueda traducir en un impacto concreto para la sociedad y que la Argentina empiece a tener un mejor posición dentro de la región según el Global Innovation Index.
Argentina vs. Chile. ¿Por qué Chile lidera el ránking global de innovación en América Latina?
-En el primer escalón de ese camino hacia la exportación de tecnología e innovación, queda claro que en la Argentina hay capital humano, hay instituciones que forman ese capital humano y hay instituciones como las universidades o el sistema científico que impulsan esas investigaciones. ¿Cómo es ese panorama en Chile, que está mejor rankeado en el Índice de Innovación Global? ¿Cómo pesa ese desarrollo de capital humano en ese estadío inicial, formativo y de producción de ciencia y cuánto pesa en la ventaja chilena en el siguiente escalón, que es la traducción de la innovación tecnológica en producción y exportación?
-El Global Index mide ochenta factores. No tengo en mi cabeza los ochenta, pero sí hay aspectos de infraestructura, aspectos laborales, aspectos de institucionalidad que hacen que los países queden mejor o peor rankeados en esa comparación con los 139 países del Índice Global de Innovación. Chile tiene más patentes si comparamos con Argentina. Chile ha suscrito los tratados que ha permitido que esa investigación desarrollada por las universidades chilenas se puedan internacionalizar, se puedan finalmente transferir. Esa estructura institucional que permite la internacionalización de esos desarrollos, tanto a través de marcas como de patentes, está mejor estructurada en Chile que en la Argentina. La Argentina no es parte del PCT, un tema que actualmente está en discusión. No es parte del Tratado de Madrid o de La Haya. El de Madrid es para marcas y el de La Haya, para los diseños. Se ve un interés y hay un impulso, en el último tiempo, por parte de la Argentina para poder colocarse a la altura de los estándares que internacionalmente existen para que esta creatividad que tiene. Hay mucha industria creativa; tienen músicos fantásticos, industria del cine. Es decir, hay propiedad intelectual. En la economía actual, entre el 80 y el 90 por ciento del valor de las empresas más importantes a nivel global son sus intangibles. Es una economía donde los intangibles son muy importantes y se ve capital humano en la Argentina que tiene desarrollos claves en temas de software. Pero eso no se está materializando en un reflejo en la sociedad.

-En biotecnología también, con el trigo y la soja hb4.
-La biotecnología dentro de la región es muy importante en Brasil, en la Argentina, en Chile. Los desarrollos que se pueden dar en biotecnología requieren un respaldo estructural para poder impactar en todos los mercados globales a los que se puede llegar con esta innovación, con una adecuada protección. Ese fast track posible está dado para efectos de la patente por el PCT.
Estado vs. privados. ¿Por qué las universidades son las que más patentes solicitan?
-¿Cuál es el peso que tiene el Estado financiando universidades e instituciones del sector científico versus el sector privado, empresas que invierten en ciencia? ¿Quién está incentivando y sosteniendo la producción de conocimiento que puede ser eventualmente patentado?
-A nivel regional, en Brasil, en Chile y en la Argentina, el mayor impulso que están teniendo las patentes viene dado por las universidades, y el Conicet tiene un rol clave en el financiamiento de investigaciones iniciales que pueden seguir un derrotero en un desarrollo tecnológico. Para eso, el sistema de la protección pasa a ser clave a la hora de lograr levantamientos de venture capital u otras fuentes de financiamiento que permitan seguir escalando a nivel global y obtener la protección a nivel internacional. En biotecnología, se ve muy claro el potenciamiento en la región, no sólo en la Argentina: hay un impulso para que estos desarrollos puedan tener impacto.
“Actualmente, en Chile hay toda una ley que busca facilitar que los investigadores de la universidad generen empresas porque las universidades no tienen fines de lucro”
-¿Qué dice de las empresas argentinas, y también en la región, que han reducido su inversión en I+D? Tengo esta cifra de un informe de CEPAL que compara dos períodos: 2011-2015 y 2016-2020. Plantea que en América Latina las empresas privadas han reducido la solicitud de patentes: pasaron de un 32,1 por ciento en el primer período a un 29,50 por ciento entre 2016 y 2020. ¿Qué lectura se puede hacer de ese poco uso intensivo de patentes por parte de sectores de la economía de nuestros países? ¿Quiere decir que están demasiado basados en sectores de producción tradicionales y poco complejas, de poco valor agregado como para competir internacionalmente?
-Hoy estamos en una economía de los intangibles donde el valor de un auto eléctrico está en su propiedad intelectual, no en la carrocería. Es ahí donde uno tiene que ir potenciando. Entre el 80 y 90 por ciento del valor de las empresas más importantes está en su propiedad intelectual, en sus marcas, en su know how, en el licenciamiento que pudieran hacer. Huawei es la empresa que tiene más solicitudes de patentes PCT con más de 7.500 por año.
-Es la compañía china.
-Es impresionante la cantidad de solicitudes PCT que ellos tienen.
-La cantidad de patentes de China superan los 6 millones y pico.
-China es el mayor solicitante de solicitudes PCT por lejos. Después viene, con un 30 por ciento menos, Estados Unidos, Corea, Japón, Alemania. Y no se trata de que la Argentina, si llega a ser parte del PCT, compita con esos números hoy, pero tiene que poder aspirar. En el pasado Corea no estaba en este ranking. Hoy tiene un ministerio de Propiedad Intelectual: hubo una convicción y una visión para avanzar en ese sentido entendiendo que el desarrollo económico de los países requiere considerar la propiedad intelectual como parte de esa estructura de desarrollo. Y esa posibilidad no está sólo centrada en unos pocos países. Cualquiera puede tener un desarrollo tecnológico. Pueden ser dos investigadores de la Universidad de Córdoba, por ejemplo, que pueden tener desarrollos escalables, que tengan proyección a nivel global en distintos mercados. Podrían utilizar el PCT como una herramienta para su protección.

-Ahora, las empresas que más patentes solicitan en América Latina son extranjeras: hay cerca un 80 por ciento de solicitudes de patentes por parte de empresas extranjeras que se instalan o que hacen inversiones en nuestra región, en nuestros países: se instalan aquí y piden la protección de su capital intelectual, solicitando patentes. La solicitud de patentes por parte de empresas locales se reduce a menos del 30 por ciento. ¿Qué significa que la mayor cantidad cantidad de solicitudes de patentes en nuestros países venga de empresas extranjeras? ¿Quiere decir que los porcentajes altos de patentes que puede mostrar un país no es necesariamente un indicador de que se esté desarrollando ciencia e innovación local que se traduce en patentes?
-Yo lo miraría desde dos perspectivas. Por una parte, hay ciertos países que tienen mayor cultura en temas de protección de su propiedad intelectual, y por lo tanto parte del modelo de negocio de esas compañías pasa por una adecuada protección y una visión en dicho sentido a la hora de abordar los mercados globales. Ese factor está más integrado en su ADN. Por otro lado, en la región, la mayor parte del patentamiento, como decíamos anteriormente, está dado por las universidades. En ese caso, los incentivos para el investigador están más bien centrados en la publicación de un paper. Ése es el incentivo dentro su carrera interna dentro de la universidad. Resulta que al publicar su paper, ese desarrollo o esa investigación puede tener copyright, pero no va a ser protegible por propiedad intelectual, no va a tener protección de una patente porque lo hizo público y perdió requisitos de patentabilidad. Por lo tanto, es muy importante empezar a trabajar en la cultura de la universidades: entender que convendría que esa publicación se mantenga un tiempito en secreto para evaluar si es patentable. Y si es patentable, antes de hacer público en un paper, vayan por la vía de la protección de una patente. Es muy importante considerar eso. También hay que considerar el mindset de los investigadores.
“Huawei es la empresa que tiene más solicitudes de patentes en el marco del Tratado de Cooperación en Materia de Patentes (PCT), con más de 7.500 por año”
Científicos, ¿resistentes al patentamiento? De la Universidad a la patente, ¿cambio de mindset?
-En la Argentina hay un gran debate acerca de la relación entre la ciencia básica, la ciencia aplicada y el sector productivo. Se ha ido reduciendo, pero parte del mundo científico es muy resistente a pensar esa asociación entre la investigación del laboratorio y las posibilidades de una alianza con una corporación, con un laboratorio, con una empresa que produzcan basados en ese tipo de desarrollos. ¿En Chile sucede lo mismo? Desde la Argentina, la imagen es de un Chile mucho más orientado a la exportación, con una economía muy abierta, con una visión muy capitalista. Uno imagina que la ciencia que se produce en Chile está orientada también, estratégicamente, en ese sentido. ¿Hay una resistencia también en el mindset de los científicos chilenos, que no está pensando en que ese hallazgo puede ir a una patente sino a un paper que termina arruinando la posibilidad de la patente?
- Esta discusión se tuvo en Chile hace veinte años atrás.
-Estamos atrasados, lo sabemos. ¿Cómo se dio esa discusión?
-En un principio, había esta resistencia por parte del mundo científico que miraba la posibilidad de patentamiento, incluso, como con un aspecto negativo: ¿cómo voy yo a andar protegiendo? Quería que su investigación fuera abierta. Hubo dos o tres universidades que fueron muy importantes, que son las que efectivamente más patentan, que fueron muy importantes en ese proceso.
-¿Cuáles son esas universidades?
-La Universidad Católica, la Universidad de Concepción, la Universidad de Chile. Empezaron a tener políticas internas para el manejo de los temas de la propiedad intelectual y empezaron a trabajar. En Chile, hubo algo que se llamó la “patentitis”. Las universidades se preocuparon mucho de avanzar con muchas solicitudes de patente para generar el músculo necesario para generar ese conocimiento y ese cambio de mindset interno. Una vez que se maduró en ese proceso, se bajó la “patentitis” para pasar a una etapa siguiente de mayor definición estratégica. Presentar una solicitud de patente cuesta.
-¿Cuánto cuesta presentar una solicitud de patente?
-Si se quiere internacionalizar, hay que pagar país por país. Hay una tasa baja, pero hay una tasa para la solicitud de PCT: puedes gastarte 10 mil dólares y mucho más, dependiendo de los mercados a los cuales quieras llegar con la solicitud de patente y tu proyección. Y aquí vuelvo sobre uno de los temas que me convoca como directora principal dentro del PCT: para una startup es clave. Cuando está empezando en este mundo y tiene su cabeza colocada en tantos aspectos, el desarrollo, buscar mercados, el financiamiento, los aspectos corporativos, regulatorios, etcétera, es tan abrumador ese proceso que la posibilidad de contar con el PCT y dilatar el tiempo en el cual tiene que tomar decisiones clave, le permite también facilitar la posibilidad de levantar capital. Permite que alguien coopere en esta internacionalización.
-Dejar de estar urgidos por plazos muy cortos.
-Sí, exactamente.
El caso Chile. ¿Un capitalismo latinoamericano con universidades orientadas al patentamiento?
-En Chile, en relación a los investigadores de una institución científica o de una universidad que hace ciencia y que decide empezar el proceso de solicitud de patente, ¿quién es dueño de esa patente? ¿Es la universidad, la institución, o son los investigadores en el marco del cambio de mindset, una vez superada la “patentitis”? ¿Los investigadores también tienen un porcentaje en esa patente?
-Son autores, son investigadores y a su vez, la universidad con estos investigadores puede tener un convenio con alguna empresa que es la que va a permitir pilotear o generar impacto. Opuede ser una petición misma de la empresa que dice: este es mi dolor, este es mi problema, porqué no trabajamos junto con los científicos de la universidad para tener esta solución.
“Hoy estamos en una economía de los intangibles donde el valor de un auto eléctrico está en su propio intelectual, no en la carrocería. Es ahí hacia donde hay que ir”
-¿Los científicos se llevan una ganancia de ese patentamiento y de la producción eventual?
-Eso depende del acuerdo al que se llegue en esos convenios entre la universidad y la empresa.
-¿En Chile no está vedado que el investigador se lleve un porcentaje?
-Actualmente hay toda una ley que busca facilitar que los investigadores de la universidad generen empresas, porque las universidades no tienen fines de lucro. Eso ha sido un obstáculo que se está tratando en Chile. Yo estoy hablando de política de Chile y estoy fuera de Chile, pero es información general, pero se está tratando de liberar ese obstáculo que existe para que las universidades puedan tener esos outputs y que esa investigación, ese trabajo se traduzca en empresas spin off de las universidades y tanto las universidades como los investigadores y la empresa con la cual se asocian obtengan dinero.
La Argentina y la crisis educativa. ¿El gran riesgo para el ingreso a la economía de los intangibles?
-En su rol de directora del PCT, usted tiene una visión global sobre el potencial de los países. Señala que la Argentina tiene muy buen capital humano y un buen capital cognitivo científico para desarrollar innovación y eventualmente, patentarla. Ahora bien, se viene dando un estancamiento histórico de la educación en la Argentina comparado con Chile, que ha mejorado sus estándares en la escuela primaria, secundaria y también en las universidades. Además, con la inclusión de todos los niveles socioeconómicos en la universidad. Y la Argentina ha retrocedido en educación: ha quedado muy estancada, ha perdido posiciones de liderazgo en los distintos rankings que miden esos logros. ¿Ese es un riesgo para un país como la Argentina, me refiero al riesgo del estancamiento de su capital intelectual, mucho más que el riesgo de tener dificultades en traducir el conocimiento producido en patentamiento y producción final?
-Desconozco qué es lo que está ocurriendo actualmente en la Argentina; desconozco si hay o no avance o estancamiento en educación: no podría pronunciarme sobre eso. Pero es importante que en el Índice Global de Innovación se destaca la importancia que tiene la Argentina con su universidades en la generación de conocimiento. Esa generación de conocimiento, en la medida que existe la arquitectura institucional que lo permita, se puede traducir en desarrollos tecnológicos que permitan avanzar. La idea es la propiedad intelectual: que esas creaciones de todo orden pueden resultar en una patente. Puede ser un emprendimiento que tiene una marca asociada, o una canción, o una producción cinematográfica, todos casos de propiedad intelectual, que se traduzca en algo tangible, que genere el impacto al cual está llamado.
-¿La patente es clave en el crecimiento sostenido de un país, de una nación, como los de nuestra región? ¿Un país como la Argentina está perdiendo oportunidad si no patenta? Soñamos con Vaca Muerta, ¿pero hay todo un ecosistema científico que puede también producir divisas en la misma escala si nos adentramos en el camino del patentamiento?
-Sí, totalmente. La Argentina tiene talento y si empiezan a ir creciendo en este sentido y si fueran parte del PCT, habría más oportunidades. ¿Cuántos argentinos han perdido oportunidades por no haber avanzado en un proceso para poder internacionalizar de forma más sencilla sus creaciones? Ese período de duración de tiempo que les concede el PCT brinda más oportunidad.
-¿Tiene en mente casos que se haya trabado?
-Tengo en mente los casos que son exitosos y desconozco los casos de fracaso. Pero me pongo en el escenario de un investigador o de una startup que tiene una idea genial y que tan sólo tiene doce meses para tomar decisiones clave, estratégicas, para levantar capital, para generar, para buscar mercado. Que tiene que pensar sin información, a ciegas, sin saber el impacto que va a tener su innovación porque no existe un informe de búsqueda anterior que le permita proyectar si su innovación va a tener impacto. El PCT facilita eso.
La Argentina: ¿le conviene adherir al Tratado de Cooperación en Materia de Patentes (PCT)?
-¿Qué plazo da el PCT?
-Para tomar esas decisiones estratégicas y entrar en las fase nacionales, el PCT da treinta meses, desde que se empieza la internacionalización.
-Más del doble.
-En el otro caso, tienes doce meses. Es un momento clave para poder levantar capital, para tomar decisión estratégica, para ver si voy bien o si voy mal, cómo va a ser todo esto. No me cabe ninguna duda de que, aunque no pueda decirte que Juan Pérez no quiso persistir por esta razón, muchos se pueden ver desmotivados porque el proceso de patentamiento es muy costoso y se rinden rápidamente. Y también está la cultura: hay países que entienden más que esa propiedad intelectual es su valor, que esa innovación sí está llamada a generar un impacto. Por eso persisten y avanzan, y se dan casos exitosos. En la Argentina hay casos exitosos.
-¿A qué casos exitosos de la Argentina se refiere?
-Acaba de ser premiada Infira: en julio, Renata ganó como innovadora del año en la Argentina en los premios globales que entrega la OMPI. Esto es curioso: ella tiene solicitud PCT aunque la Argentina no es parte del PCT. CONICET tiene solicitudes PCT. Desde la Argentina, hay más de 550 solicitudes PCT porque para poder ser parte del sistema internacional, basta con que una de las partes sea nacional o tenga domicilio en uno de los Estados contratantes.Por lo tanto, bastaría que un investigador de alguna de estas universidades tuviera pasaporte italiano.
-Es decir, en un equipo de investigación, si un investigador está en una nación que tiene PCT, alcanza.
-Sí. El Conicet es el que más solicitudes de patentes PCT tiene. Es curioso que una agencia pública tenga esta posibilidad, pero el país aún no tenga la posibilidad de arrancar como corresponde con este sistema internacional. Y hay más solicitantes porque hay una persona natural que es también un gran solicitante de solicitudes. El CONICET tiene 114 solicitudes PCT; NS Biotec, 38 y el señor Cristian Javier García Rojas tiene 16; la Universidad del Litoral tiene 16; la Universidad de Buenos Aires tiene 13; Laboratorios Bagó tiene 6.
-Hay instituciones privadas, y un particular, y públicas.
-Hay algunos que han arrancado con el proceso, pero los que no y además desconocen porque no hay una promoción del sistema, quedan desmotivados
Argentina vs. Corea. ¿Economía de los intangibles y más dólares de exportación?
-Se ha hablado mucho de Israel como la “startup nation”. ¿Hay algún otro país en el mundo que sea un caso testigo de políticas públicas y políticas privadas trabajando de manera convergente y generando innovación, patentes y exportación que beneficie a toda la sociedad? ¿Israel es un caso, hay otros casos?
-Hay otros casos. Hay muchos casos de estudio. Un caso muy estudiado es Corea. Actualmente tiene un Ministerio de la Propiedad Intelectual. La Corea de los años ‘50 no tiene nada que ver con el derrotero que tiene hoy, con una generación de industria, con empresas bien rankeadas en presentaciones de solicitud de patentes. Corea es uno de los países que más solicitudes de patentes tiene a nivel global.
-¿En la transformación que ha vivido Corea, que es impresionante, el patentamiento es un factor clave?
-Ha sido clave dentro de la estrategia del país. Fue una decisión tomada institucionalmente. Se traduce en este nuevo ministerio. Es un reflejo de eso.
-Claro, un reflejo de la importancia estratégica del patentamiento. En la Argentina hay una especie de amor propio muy atado a la calidad de la producción científica argentina que viene de esta historia de Premios Nobel, sin duda, y que sigue vigente. Se ve en el sector aeroespacial, que es muy innovador, o el sector nuclear, que compite en términos del uso nuclear para fines pacíficos con potencias en el mundo. Hay una especie de identidad nacional, del “made in Argentina”, muy vinculada con el orgullo nacional por la producción científica y de conocimiento. Se podría aprovechar más todavía. ¿Ése es el mensaje?
-Ése es el mensaje. Ustedes tienen conocimiento, tienen talento, tienen industria. Hay que hacerlo converger y hacer brillar a la Argentina y que pase de ese lugar 77 en el Global Innovation Index y empiecen a rankear mejor.
-¿Corea en cuánto lo hizo? ¿Cuánto tiempo le llevó esa especie de viraje?
-No sabría darte un número preciso. Le ha tomado décadas, pero han avanzado fuertemente y están muy bien rankeados.



