
Sandra Pitta: “Para un Gobierno que habla de economía del conocimiento o patentes, antagonizar con el Conicet es un gran error”
Ciencia argentina bajo Milei, ¿en problemas? Salarios científicos en caída, ¿error estratégico del Gobierno? Conicet, ¿patenta mucho, poquito o nada? La investigadora hizo su análisis

“Despreciar a los científicos y a los docentes universitarios de la manera en que está siendo despreciada, porque son sueldos realmente lastimosos, es un error del Gobierno”, afirma. “No sé bien por qué lo hace. Algunos dicen que es por ideología; otros porque hay un ajuste”, plantea. “Y también es un error que la universidad no entienda que tiene que hacer reformas, que no estamos en 1918. Es el momento para hacer reformas muy profundas”, cuestiona. “El sector de ciencias exactas y naturales y las ingenierías representan el 75 por ciento del Conicet. En este Gobierno, también hay un desdén por la ciencia básica”, advierte. “Salamone (presidente del Conicet) cree que las ciencias básicas tienen un lugar”, diferencia. “La ciencia aplicada no puede hacer nada si no tiene ningún sustento en la ciencia básica”, sostiene. “Es verdad que durante muchísimos años el foco más grande estaba en la ciencia básica y no tanto en la aplicada. Y eso también es un error”, aclara. “Hay un problema de equilibrios. Se va de un extremo donde todo es ciencia básica y uno quería hacer una aplicación y se encontraba con miles de trabas o se va hacia una ciencia que es útil. No todo lo que parece útil es útil”, explica.
“No puede haber un ingreso irrestricto; tiene que haber cupo porque hay carreras que no se pueden dictar a tanta cantidad de gente”
“Las ciencias sociales representan un 25 por ciento en el Conicet, y entre ellas están los economistas”, precisa. “(Daniel) Salamone, el presidente del Conicet, también apoya que las ciencias sociales son importantes”, dice. No termino de entender el desdén por las ciencias sociales. También lo tienen muchos investigadores del Conicet, y no solamente los que no son afiliados a la línea kirchnerista. Lo he escuchado de muchos investigadores kirchneristas”, aclara. “No puede haber un ingreso irrestricto; tiene que haber cupo porque hay carreras que no se pueden dictar a tanta cantidad de gente”, alerta. “Salamone es un biotecnólogo. Trajo al Conicet una mirada más de interacción entre público y privado y productivista que me parece muy positiva. Ahora, el problema es que se enfrenta con un directorio antagónico”, describe. “La idea del directorio es continuar con una política que venía del kirchnerismo, para mí equivocada: sobredimensionar el organismo”, critica. “Hubo un momento donde tendríamos que habernos detenido y haber tratado de frenar ese crecimiento sin dinero del Conicet”, reconoce. “Conozco a muchísimos investigadores que intentan hacer transferencia con temas interesantísimos, que lo han logrado a medias. Buscan alianzas con el mundo privado con mucho sacrificio”, comenta. “Cuando un científico quiere patentar, se encuentra con que la Argentina tiene un sistema totalmente a contramano del mundo”, agrega. “El tipo de sistema de patentamiento que tiene la Argentina no incentiva el patentamiento. No estamos dentro del PCT, que es el Tratado Internacional de Patentes”, cuestiona. “Ese sistema es realmente muy favorable y los científicos del Conicet, de cualquier ideología, que han empezado emprendimientos lo apoyan”, subraya. “Los científicos que nunca han tratado de hacer un emprendimiento se alinean con cierta idea de que eso implicaría la pérdida de la soberanía, cosa que no es verdad. No se pierde soberanía”, concluye.

La reconocida biotecnóloga Sandra Pitta estuvo en La Repregunta. Pitta es investigadora independiente del Conicet, donde hace ciencia desde 2004. Fue candidata a diputada nacional por Pro. Es Doctora en Biotecnología Vegetal. El foco de su trabajo es el cultivo de tejido vegetal para obtener sustancias de uso industrial.
Ciencia argentina bajo Milei, ¿en problemas? Salarios científicos en caída, ¿error estratégico del Gobierno? ¿Cuánto gana un científico de trayectoria? ¿Se puede soñar un futuro de economía del conocimiento sin eje en el Conicet? Ciencia básica, ¿el Gobierno la descuida? El rol de las ciencias sociales y de las básicas. Kirchnerismo, ¿crecimiento irracional del Conicet? Ciencia y transferencia tecnológica, ¿frenada en Argentina? Conicet, ¿patenta mucho, poquito y nada? Patentes argentinas, ¿un obstáculo para la ciencia startup? Nuevo sistema de patentes: ¿el Gobierno tiene razón? Pitta hizo su análisis.
Aquí, la entrevista completa
Ciencia argentina bajo Milei. ¿Más problemas que oportunidades?
-Hay marcha universitaria y científica el martes en la Argentina. Esas marchas entran en el debate público. ¿Cuáles son los principales problemas que usted detecta hoy en el mundo científico-universitario?
-Son varios. Por empezar, vayamos al caso del Conicet. Quiero destacar la función que cumple el doctor (Daniel) Salamone, el presidente de Conicet, que ha mantenido la nave andando.
-Fue nombrado por Javier Milei.
-Sí. Es un biotecnólogo como yo. Es una persona de bien. Trajo al Conicet una mirada más de interacción entre público y privado y productivista que me parece muy positiva. Ahora, el problema es que se enfrenta con un directorio antagónico a su mirada, salvo el representante del agro. El problema más grande que tenemos es el del financiamiento, que depende del presupuesto de la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología, de los créditos que antes teníamos del BID para los proyectos. Casi todo el presupuesto nacional es para salarios. Los salarios han bajado en forma muy drástica en todo el Estado, pero en el caso nuestro ha sido bastante dramático: vemos una caída del 40 por ciento aproximadamente.
-¿Los salarios de los investigadores del Conicet están en el mismo nivel de caída que el de los docentes universitarios?
-Sí, estamos prácticamente igual en el nivel de caída. Los salarios han disminuido muchísimo, algo que se esperaba porque el ajuste era necesario y era esperable. Pero en nuestro sector, ese ajuste se ha visto muchísimo más que en otros.
-Sí, en promedio, la caída del salario en el empleo público está en torno al 20 por ciento. En el caso del Conicet, usted está hablando del doble.
-Sí. Para un gobierno que está tan preocupado o por lo menos habla tanto de la economía del conocimiento o de patentes, antagonizar o dejar de lado un área que tiene un potencial muy grande me parece un gran error. No sé bien por qué lo hace. Algunos dicen que es por ideología; otros dicen que es, simplemente, porque hay un ajuste.
Conicet y ciencias sociales. ¿Un gasto en temas irrelevantes o no?
-Siempre está este debate: la mirada más sesgada sobre el Conicet suele plantear un dispendio, un gasto innecesario en investigaciones sociales de dudosa relevancia en términos de cuánto de eso retorna a la sociedad con valor agregado. Pero en el Conicet también está el mundo científico que sale de las ciencias exactas y naturales, ciencia básica que se convierte en ciencia aplicada.
-En primer lugar, las ciencias sociales no representan la totalidad de la producción del Conicet. Representan un 25 por ciento, y entre ellos están los economistas: algo de autocrítica tienen que hacer ahí. No son solamente sociólogos sino también antropólogos, arqueólogos, toda gente que hace trabajos importantes. No termino de entender el desdén por las ciencias sociales. Es un desdén que, increíblemente, también tienen muchos investigadores del Conicet, y no solamente los que no son afiliados a la línea kirchnerista. Lo he escuchado de muchos investigadores kirchneristas. Yo no tengo ese desdén por las ciencias sociales: me parecen fundamentales y tienen que estar en el Conicet. Todo el otro sector de ciencias exactas y naturales y las ingenierías representan el 75 por ciento. En ese caso, en este Gobierno, también hay un desdén por la ciencia básica. Pero la realidad es que la ciencia aplicada no puede hacer nada si no tiene algún sustento en la ciencia básica.
Ciencia básica. ¿La Argentina tiene que dejarla de lado y enfocarse en la tecnología?
-Es importante lo que usted señala: hablando con fuentes del oficialismo, está esa mirada, la idea de que se tiene que dar prioridad, por ejemplo, a las ingenierías, pero que carreras como física, la física teórica, son “poesía” y parecerían ser irrelevantes.
-No es así. Tendrían que estudiar la historia de la ciencia, de los avances que hemos tenido. Tengo un amigo físico que me dice que todo es física, está muy convencido de eso y me está convenciendo. Todo el trabajo teórico de la física ha terminado en alguna aplicación. Gran porcentaje del trabajo en física básica, así como un gran porcentaje del trabajo en biología o química básica, han terminado en aplicaciones concretas.Y por otro lado, tampoco hay que descartar la ciencia básica, aunque no sea “útil” porque la ciencia básica trata de entender el mundo. Investigaciones que parecen que no tuvieran importancia, de repente, después de muchos años, alguien las levanta y las convierte en algo aplicado. Hay un microorganismo que se estudiaba porque crecía en ambientes muy caliente, que muchos años después dio lugar a la PCR, que son las pruebas que se utilizan hoy en laboratorios.
“Made in Argentina”. ¿Por qué la Argentina debe alentar la ciencia básica?
-Se escucha este planteo: en un país como la Argentina, que tiene problemas fiscales tan acuciantes y persistentes, la ciencia básica se puede dejar a los países más desarrollados que pueden afrontar ese tipo de inversión; un país como éste debería beneficiarse más directamente de aplicaciones científico-tecnológicas. ¿Puede ser una concepción razonable?
-Es una mirada que no comparto del todo. Tiene que haber una parte del presupuesto que vaya a ciencia básica porque, además, no estamos aislados del mundo. Es decir, nuestros científicos están todos relacionados con gente del exterior, trabajan en conjunto. Toda esa área de ciencia básica tiene su correlato con investigadores del exterior y nos beneficia.
“Cuando un científico quiere patentar, se encuentra con que la Argentina tiene un sistema totalmente a contramano del mundo”
-Es una red de conocimiento global y el hallazgo o el avance puede darse en cualquier nodo de la red, por ejemplo, la Argentina.
-Sí. Puede ser algo que se encuentre acá y que, quizá por el sistema de patentes o por la ideología que se resiste a la aplicación tecnológica, no se puede utilizar acá, pero sí se puede aplicar en otras partes del mundo. Sí es verdad que durante muchísimos años el peso más grande estaba en la ciencia básica y no tanto en la aplicada. Y eso también es un error. Hay un problema de equilibrios. Se va de un extremo donde todo es ciencia básica y uno quería hacer una aplicación y se encontraba con miles de trabas o se va hacia una ciencia que es útil. No todo lo que parece útil es útil.
-Puede ser algo cortoplacista que, quizás, después no se sostiene.
-Sí, exactamente porque hay muchísimos proyectos, ¿pero cuántos sobreviven? Es muy importante apoyar al investigador que quiere transferir. Ahora, obligar a todo el mundo a transferir es un error.
-Con “transferir” se refiere a pasar de la ciencia básica a la ciencia aplicada.
-Sí, a que haya productos, servicios e interacción con el área privada. No todo el mundo tiene la capacidad ni las ganas de transferir y sí puede tener muchísimo talento para la ciencia básica.
-En este panorama de la ciencia argentina, hay, en principio, problemas de financiamiento, de salarios e investigaciones que hay que financiar. En el mix que forman las líneas de investigación del Conicet, 75 por ciento corresponde a las áreas de ciencias exactas…
-Sí, también ciencias naturales, las ingenierías y medicina.

La interna del Conicet. ¿De la política kirchnerista y el sobredimensionamiento a Milei y el recorte?
-Usted se refirió a una especie de conflicto político ideológico en relación a la visión sobre las líneas estratégicas que está puesto en escena en el conflicto entre el directorio del Conicet y su presidente, Salamone. ¿Cuál es la mirada del directorio sobre la política científica que resulta tan diversa de la que tiene Salamone por mandato presidencial?
-En primer lugar, Salamone también apoya que las ciencias sociales son importantes. Soy amiga porque los dos somos biotecnólogos y nos conocemos hace mucho tiempo. Su hija está en un área de ciencias sociales; está en Suecia. Lo ha dicho públicamente, por eso lo puedo decir. La idea del directorio es continuar con una política que venía del kirchnerismo, que era equivocada: sobredimensionar el organismo. El Conicet tenía cada vez más investigadores; esos investigadores tenían cada vez menos dinero para trabajar, salvo un grupo reducido y muy privilegiado. Ahora me dicen: sí, pero ahora no tenemos nada. Es verdad, pero también miremos qué hicimos con el Conicet: hubo un momento donde tendríamos que habernos detenido y haber tratado de frenar ese crecimiento sin dinero del Conicet. Llegó a tener 12 mil investigadores y 12 mil becarios. En total son unos 24 mil. Los becarios son esenciales. Sin becarios no hay ciencia porque son los que están en las mesadas.
“Hay un problema de equilibrios. Se va de un extremo donde todo es ciencia básica y uno quería hacer una aplicación y se encontraba con miles de trabas o se va hacia una ciencia que es útil. No todo lo que parece útil es útil”
-Son los que están en la trinchera de la investigación.
-Sin becarios no tenemos ciencia, así que eso es realmente importante.
-¿Y en cuánto está hoy ese número?
-El número no ha disminuido, pero no ha crecido. Hay una política de ir incorporando investigadores de a poco, en lo que estoy de acuerdo: no puede haber ingresos masivos de mil investigadores por año. Ahora, lo que yo veo mal es que decisiones que se habían tomado antes y gente que ya había ingresado, un ingreso que es muy competitivo, todavía no tiene el ingreso. Ha pasado en otras ocasiones: yo estuve cuatro años para ingresar, pero en las épocas de la crisis.
-¿De cuál crisis? Porque hay que aclarar eso en la Argentina.
-En la crisis de 2000, cuando se rompió toda la Argentina, o una de las veces en que se rompió más la Argentina.
Ciencia argentina. ¿Del financiamiento estatal a las alianzas con privados?
-Entonces, problemas principales: financiamiento, divergencia entre el directorio y el presidente del Conicet, Salamone, sobre líneas de investigación relevantes, el lugar de las ciencias básicas…
-Sí, Salamone cree que las ciencias básicas tienen un lugar. Tenemos posturas muy parecidas. Obviamente tenemos poco dinero. Aún si se aumentara el presupuesto, igual vamos a tener poco dinero porque ha bajado el presupuesto de ciencias. Pero supongamos que tuviéramos más o menos lo que teníamos antes, de todas maneras, no se puede financiar bien todo. Además no tenemos mucha financiación privada, cosa que sí tienen muchos países del mundo que han crecido en el área científico tecnológica.
-¿Qué sería tener financiación privada para el Conicet? ¿Que hubiera empresas que se asocian en algún tipo de desarrollo de investigación?
-Sí, exacto. Es lo que están tratando de hacer a través de subsidios que han salido ahora. Otra cosa: antes había subsidios para ciencia. Había gente que había concursado y ganado; eran muy competitivos. Hubo muchas quejas con respecto a la agencia, pero muchos de los proyectos que se financiaban eran muy buenos. Pero, de repente, todos los proyectos que habían ganado en el año 2022 se dieron de baja. Algo parecido a lo que hizo Trump con el NIH (NdelE: institutos Nacionales de Salud).
Ciencia startup. Modelo argentino de patentes, ¿el gran obstáculo?
-El mundo científico argentino tiene un caso testigo con la doctora Raquel Chan, de la Universidad Nacional del Litoral, en alianza con Bioceres, una empresa de biotecnología, que hoy está en muchos problemas. Lograron desarrollar un invento central, un cultivo resistente a la sequía. ¿Ése es un modelo a seguir?
-Raquel Chan es una gran investigadora, pero hay muchas personas como Raquel Chan. Conozco a muchísima gente que ha estado intentando hacer transferencia desde hace años con temas interesantísimos, que lo ha logrado a medias.
-¿Pero no está en alianzas con el mundo privado? Porque Bioceres es una empresa privada.
-Sí, buscando las alianzas con el mundo privado, con mucho sacrificio porque el investigador no está preparado para interactuar con el privado. Hay curadores científicos, pero muchas veces no trabajan del todo bien. Y está la traba de las patentes: cuando uno quiere patentar, se encuentra con que la Argentina tiene un sistema totalmente a contramano del mundo.
-Vayamos a ese punto que usted viene tratando con mucha precisión.
-Hace años que lo estudio. Si llegaba a ser diputada, era el tema que iba a impulsar.
-El actual Gobierno está empujando ese punto. Se está dando una discusión importantísima en el mundo de los grandes laboratorios en relación a las patentes.
-En eso estoy totalmente de acuerdo con el Gobierno..
Modelo argentino de patentes. ¿Por qué frena el desarrollo de la ciencia startup?
-Está todo este tema del sistema de patentamiento nacional versus el sistema internacional. ¿Cómo es el sistema actual de patentamiento de la Argentina? ¿Cuánto puede incentivar a un investigador de ciencia básica, con una investigación que podría tener una veta de aplicación, como para decir: con este invento puedo generar una startup biotecnológica porque la voy a poder patentar, ganar plata y traer plata al Conicet?
-El tipo de sistema de patentamiento que tiene la Argentina no incentiva. Nosotros no estamos dentro del PCT, que es el Tratado Internacional de Patentes.
-El Gobierno empuja ese sistema: quiere que la Argentina lo firme.
-Sí. El sistema argentino se basa en el Convenio de París. Funciona así: uno hace una solicitud de patente y tiene doce meses de plazo para conseguirla, pero sólo en la Argentina. Después, hay que ir país por país haciendo la misma solicitud, reproduciendo ese proceso, con los costos que eso implica. A los doce meses, hay que elegir dónde patentar. En cambio, el PCT da treinta meses y la solicitud de patentes se hace al mismo tiempo en todo el mundo, en los países que pertenecen al PCT, que son 158. Hace poco Uruguay se incorporó al PCT con algunos cambios.
-Es decir, el PCT ofrece la ventaja de una sola presentación, mismo idioma, habilitación para presentar la solicitud en cualquier país del PCT.
-Es la misma solicitud para los 158 países. En el plazo de treinta meses, uno tiene la posibilidad de que organismos internacionales estudien la patente para ver si realmente vale la pena y si es patentable, que le den un feedback. Al cabo de esos treinta meses, se entra en la fase nacional: significa que elijo en qué países voy a patentar. Esos treinta meses dan tiempo para buscar inversores, para analizar si realmente la patente vale la pena y tiene sentido poner el esfuerzo y el dinero, porque es mucho dinero. Ese sistema es realmente muy favorable y los científicos del Conicet, de cualquier ideología, que han que han empezado emprendimientos lo apoyan. Ahora los que nunca han tratado de hacer un emprendimiento se alinean con cierta idea de que eso implicaría la pérdida de la soberanía, cosa que no es verdad. No se pierde soberanía.
Conicet. ¿Patenta mucho, poquito o nada? ¿Quién se queda con las patentes?
-El Conicet actualmente, ¿patenta mucho, poquito o nada?
-No lo sabemos porque casi todo lo que se patenta, se termina patentando en el exterior. ¿Cómo se hace? Hay alguien en el grupo de investigación que tiene doble nacionalidad. Ahí se decide: vamos afuera. El titular es Conicet. Van a Estados Unidos a patentar. Se arma una sociedad donde uno de los miembros es extranjero o tiene doble nacionalidad. Patentamos a través de PCT. Por eso hay muchas patentes, pero no podemos cuantificar cuántas.
-No se sabe cuántos de estos científicos están siguiendo ese mecanismo para poder acceder con mayor eficiencia a otros países. ¿Las ganancias que genera ese patentamiento y ese negocio vuelven a la Argentina por ser del Conicet?
-La titularidad es del Conicet, pero hay que ver si vuelve. Debería volver por compra de licencia, pero hay una serie de situaciones que podrían actuar en contra de que volviera ese dinero al país.

-En el caso de un científico que patenta algo en la Argentina, ¿cuánto va a su propio bolsillo y cuánto le corresponde al Conicet?
-Conicet se queda con casi todo. Tendría que ver el reglamento de bases de emprendedores, pero en el científico de acuerdo con el convenio al que llegue con el Conicet, en general, no se queda con tanto dinero. Hay que ver cada caso en particular.
Interna en el Conicet. ¿“Soberanía” científica vs. inserción global?
-Usted señalaba el sesgo ideológico que existe en algún sector del mundo de la investigación en relación a un sistema de patentamiento global por este discurso de la soberanía. Se parece al gran debate ideológico sobre la sustitución de importaciones: cerrarse a importaciones competitivas de otros países para proteger lo nacional. Parece reproducir ese sesgo. ¿La resistencia de parte de los investigadores al patentamiento global replica ese sesgo? ¿Hay algo de eso?
-Sí, es así. Y en realidad es totalmente equivocado porque si el patentamiento se hace en el marco del PCT, el que toma la decisión en la Argentina es el INPI, el Instituto Nacional de Propiedad Intelectual. No se pierde soberanía ni independencia.
-En un sistema global de patentamiento, no se perdería ningún tipo de soberanía.
-No es que uno le está regalando un hallazgo científico al mundo. El tratado busca que el inventor tenga suficiente tiempo como para levantar inversiones y poder decidir mejor en qué países va a patentar con la tranquilidad de contar con treinta meses, y no con doce meses. Eso es lo que hay que transmitir y ése es el punto en el que hay que convencer a mucha gente. Hay un lobby muy fuerte de determinado sector industrial, fundamentalmente laboratorios.
-La idea es que el desarrollo nacional de los medicamentos, que es copia, iba a abaratar los medicamentos.
-Eso no es tan así. Es un tema interesante: cómo a través de ese mecanismo se han logrado copiar medicamentos en Argentina y no son más baratos. En otros países donde se respetan las patentes, el medicamento es más barato que en la Argentina.
-Esa restricción no produjo la competitividad del sector de investigación médica o biomédica y tampoco beneficia a los consumidores en términos de precio. En la Facultad de Ciencias Exactas hay una gran resistencia a la política universitaria y científica del Gobierno, en algunos casos con justa razón. Pero también hay una fuerte presencia ideológica del kirchnerismo y de Kicillof particularmente. Hace unas semanas presentó la línea universitaria del Movimiento Derecho al Futuro en una sala de la Facultad de Ciencias Exactas, con la vicedecana allí presente. ¿Cuánto de la formación científico tecnológica tanto de la carrera de la Facultad de Ciencias Bioquímicas o de las Ciencias Exactas está condicionada por sesgos ideológicos? ¿Cuánto pesa en la posibilidad de formar mejores investigadores?
-En Exactas, la vicedecana y el decano son abiertamente kicillostias, y yo lo respeto, pero son decanos, primero tienen que tener en cuenta su estatura institucional. Eso marca un sesgo: en Exactas, especialmente, hay un sesgo; en Farmacia y Bioquímica, también hay un sesgo.
-¿Impacta en la calidad de la formación que se da?
-La formación que se da en esas facultades, y no por ser de la UBA, pero realmente es excelente. Los profesores son de excelencia. Cuando uno da una materia exacta no puede volcar sesgos ideológicos en lo que se está dando. Y es cierto, lamentablemente, que los sueldos son miserables, especialmente en Exactas donde muchos trabajan full time, son exclusivos o trabajan solamente de docentes. En Farmacia y Bioquímica, como son carreras profesionales y hay trabajo por fuera de la facultad, están algo mejor. En Exactas también lo hay, pero Bioquímica es una carrera más del tipo: me recibo y trabajo afuera. Pero en Exactas realmente se está sintiendo mucho la caída del salario. Muchos docentes están renunciando. Yo creo que la universidad tiene que hacer reformas importantísimas, pero el Gobierno también tiene que tener en cuenta que ahí se están formando los profesionales del futuro. También se están formando en otras universidades que no son nacionales, o en universidades privadas. Pero tengo que decir que los docentes de las universidades nacionales, los de la UBA por lo menos, son de excelencia, y muchos son del Conicet.
Ciencia argentina. ¿Competitiva y de calidad, a pesar de todo?
-¿La ciencia que sale de estos profesionales es competitiva? Cuando usted se encuentra con colegas del sistema científico global, ¿hay respeto por la calidad del conocimiento que se produce en facultades como Exactas o Bioquímica?
-La calidad del sistema científico en las facultades de la UBA la dan los investigadores de Conicet, que son docentes. Hay investigadores de la Universidad de Buenos Aires, pero su importancia es relativa; la mayor importancia la tienen los investigadores del Conicet y son ellos los que traen lo último en materia de conocimiento. Entonces, despreciar a la gente de la manera en que está siendo despreciada, porque son sueldos realmente lastimosos, es un error del Gobierno. Y es un error que la universidad no entienda que tiene que hacer reformas, que no estamos en 1918. Es el momento para hacer reformas muy profundas.
-Cuando dice “hacer reformas”, ¿en qué piensa?
-Estoy pensando, por ejemplo, en que no puede haber un ingreso irrestricto; tiene que haber un cupo. Es terrible tener que decirlo porque hay muchísima gente con una gran vocación, pero tiene que haber un cupo porque hay carreras que directamente no se pueden dictar a tanta cantidad de gente. También hay que entender que ingresa mucha gente al primer año del CBC, en el caso de la UBA, que es muy costoso, pero egresan muy pocos. Habría que poner todo eso sobre la mesa y discutirlo. Pero nadie lo quiere hacer y el Gobierno no quiere ceder ante el ajuste. Si no se sientan a una mesa y lo discuten y llegan a una conclusión, se van a perder docentes.
Paro universitario y salarios en caída. ¿Cuánto gana un docente y científico?
-También se van a perder clases. La Facultad de Ciencias Exactas está en paro desde el inicio del cuatrimestre. ¿Cuál es la situación en Bioquímica?
-En Bioquímica, se están dando algunas clases. La que está cumpliendo a rajatabla el paro es Exactas.
-Algunas carreras como Física están dando clases, pero no otras carreras.
-Ciencia de datos o ciencias de la computación están totalmente detenidas, y yo los entiendo. No estoy de acuerdo con estos paros porque afectan a los alumnos, pero sí entiendo a los docentes que se suman al paro: realmente no se puede vivir con lo que están ganando, salvo que tengan algo afuera, en el exterior.
-¿Usted es también docente universitaria?
-Fui docente durante mucho tiempo y después, sólo me dediqué a la investigación.
-¿Cuánto hace que es investigadora? ¿Qué categoría tiene y cuál es su sueldo?
-En este momento estoy con una licencia por cargo de mayor jerarquía. Trabajo en la Universidad de la Ciudad de Buenos Aires. Fui becaria doctoral durante cinco años; después becaria posdoctoral durante dos años y hace veinticinco años que soy investigadora independiente del Conicet, en la mitad del escalafón, y mi sueldo es de un poco menos de 2 millones de pesos. El sueldo de un investigador principal, el cargo por encima del mío, está en torno a los 2.200.00 o 2.300.000 pesos.
-¿Eso para una dedicación full time?
-Sí, dedicación exclusiva. No se puede hacer otra cosa, salvo docencia. Y no se cobra toda la docencia que uno hace porque en Conicet hay dedicación exclusiva.









