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Las paredes del edificio son tan finas que se oye la vida de los demás como si fueran radionovelas. El oyente involuntario puede escuchar los tormentos de una madre primeriza aterrada por la mirada de su bebé, las discusiones de un matrimonio setentón en torno a un ratón invasor o las locuras de cuatro adolescentes huérfanos que viven juntos y entre ellos, una chica élfica de inteligencia extraordinaria y belleza singular: un zoológico humano. En La Conejera, la novela de la escritora estadounidense Tess Gunty recién publicada acá, la rutina consorcial condensa la experiencia humana: un mundo de durlock.




