A 100 años del Monumento a Alvear, la huella de Bourdelle en Buenos Aires: un libro y una muestra para redescubrir su obra
La exposición puede contemplarse en las rejas de la Embajada de Francia y se basa en material histórico recabado por Dolores Lavalle Cobo
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Un día como hoy, cien años atrás, el 16 de octubre de 1926, Buenos Aires sumaba a su paisaje una obra colosal realizada íntegramente en París que atravesó una guerra, demoras, dificultades en los pagos y un océano: el Monumento al General Alvear, del escultor francés Antoine Bourdelle. En su centenario, un libro y una muestra invitan a redescubrir esta pieza y las otras dos grandes creaciones del artista presentes en el espacio público porteño: el Heracles arquero y el Centauro herido.
La publicación Una ciudad, un siglo, un escultor. Buenos Aires, 1926-2026. Émile-Antoine Bourdelle es el resultado de una investigación de Dolores Lavalle Cobo, quien durante seis años recabó documentos en archivos de Francia y Argentina, y digitalizó un importante fondo con imágenes y la correspondencia (más de 250 cartas) entre Bourdelle, referente de la escultura francesa de comienzos del siglo XX, y Rodolfo Alcorta, quien supervisó la realización del Monumento desde la capital francesa. “Esto permite reconstruir diez años de trabajo, dificultades y sacrificios detrás de la creación del Monumento a Alvear y aporta nuevos elementos sobre el legado del escultor”, explica la autora y también directora de la muestra fotográfica sobre este material que se exhibe en el enrejado de la Embajada de Francia.
Como punto de conexión entre las tres esculturas de Bourdelle en Buenos Aires, que son monumentos nacionales y conviven a la intemperie junto al Museo Nacional de Bellas Artes, la autora destaca “el dinamismo que expresan”. Y suma: “No son obras estáticas: algo está a punto de suceder. En el Monumento a Alvear (1926), el héroe está con la mano en alto, por dar una señal a sus tropas; en el Centauro herido (1920), vemos la figura mitológica en su agonía y su lucha por resistirse para no caer a tierra, con expresión de dolor y sus piernas doblegadas. En Heracles arquero (1938), el protagonista dispara la flecha, pero su rostro y su cuerpo continúan en tensión”, resume la impulsora del proyecto.
Rodolfo Alcorta (1874-1967) fue una figura central en la adquisición de las obras del artista francés. “Emociona la pasión por el arte en ambos; es un encuentro entre dos mundos opuestos: Bourdelle, el bohemio que se aburrió en la Academia de Bellas Artes y abandonó los estudios para buscar su estilo. Alcorta, un aristócrata argentino, médico, quien le revela que los hombres de su posición con frecuencia deben contener el gusto por el arte, dándole a entender que es el arte y la medicina lo que lo apasiona. Se convierten en grandes amigos y Alcorta se dedica a la pintura e incluso expone en los Salones de París”, narra Lavalle Cobo.
Alcorta había sido designado por el Gobierno argentino para supervisar las obras del Monumento a Alvear, conjunto escultórico de 18 metros de alto y más de 160 toneladas. Su pedestal de granito rosa francés llegó a la Argentina en 1920, dividido en 135 cajas, que viajaron en veinte vagones de tren desde París hasta el puerto de Amberes antes de embarcarse rumbo a Buenos Aires. Las figuras de bronce arribaron a fines de 1923, después de salir de la fundición Rudier y de ser exhibidas en el Salón de las Tullerías de París.
Según recoge la correspondencia, la realización estuvo marcada por los efectos de la Primera Guerra Mundial, con falta de artesanos en el taller, aumento de los costos y dificultades para conseguir los materiales, ya que las canteras francesas habían sido afectadas por la invasión alemana y Bourdelle (1861-1929) se negaba a comprar piedra “a quienes habían derramado la sangre de sus compatriotas”. La inflación llegó a triplicar el presupuesto inicial y obligó a renegociar el contrato durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen.
Lavalle Cobo explica que la crueldad de la guerra modificó la concepción de Bourdelle sobre la figura del héroe militar. “Eso se va a expresar en la figura ecuestre y las alegóricas: se percibe en el paso de los primeros bocetos, con personajes de rasgos románticos y posturas distendidas, a figuras erguidas, en actitud defensiva, con gestos de alerta y facciones más severas”, detalla.
El artista francés nunca visitó la Argentina. Diseñó el conjunto a partir de planos y se ocupó no solo de las figuras sino también del pedestal, la plaza, las escaleras y los desagües. “Su tarea no se limitó a colocar un jinete arriba de un caballo”, subraya la autora. De haber trabajado con figuras de tamaño natural, la escultura ecuestre habría quedado desproporcionada frente a la dimensión del pedestal: por ello, solo la cabeza del animal mide 1,65 metros de alto y el conjunto ecuestre, 5,5 metros.

La inauguración del Monumento se realizó durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear, nieto del general homenajeado y miembro de la comisión que había impulsado el proyecto. A él se dirigió Bourdelle en una carta: “Simplemente he resaltado en el monumento las páginas nacionales que los Alvear han escrito. En lo alto del monumento, por la mano del Brigadier General que saluda al porvenir, toda mi labor se eleva y lo saludo en el tiempo y en el espacio”.

El archivo reunido en la investigación será entregado a las autoridades nacionales para contribuir a la preservación y difusión del patrimonio. “El escultor documentó todo el proceso creativo: los bocetos, el modelado en arcilla, el moldeado en yeso, la fundición en bronce y hasta el embalaje en cajas al despacharlo a la Argentina”, menciona la autora.
Lavalle Cobo aclara que el Monumento a Alvear no fue restaurado recientemente, aunque sí objeto de una intervención en la que los bronces verdes fueron pintados con grafito negro, lo que generó reclamos y motivó la visita de especialistas del Museo Bourdelle, tras la cual se revirtió la intervención.
El Heracles arquero, por su parte, fue puesto en valor por profesionales del MOA con asesoramiento de la institución francesa, después de ser objeto durante años de actos de vandalismo. “El libro y el archivo son una invitación a mirar nuestro patrimonio con otros ojos”, resume la investigadora.
Dónde ver las esculturas a la intemperie
- Monumento al General Alvear: Plaza Julio de Caro
- Centauro Herido: Plaza Rubén Darío
- Heracles arquero: Plaza Rubén Darío - Jardín de las Esculturas




