
A cada edad le espera su propia lectura
Lejos de Salgari y de Julio Verne, hoy los adolescentes prefieren historias de rock y Harry Potter; las mujeres de treinta años eligen a García Márquez e Isabel Allende; se mantiene el interés por los textos de autoayuda y pocos llevan poesía
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Al principio no fue el verbo, sino Robin Hood , Sandokán , mucho Julio Verne y Mujercitas . Luego siguieron Demian ; La montaña mágica , El viejo y el mar y los remilgados descubrimientos de Hércules Poirot; y, conforme la adolescencia nos marcaba con las primeras cicatrices del desamor, Pablo Neruda venía en ayuda "en noches como estas" para escribir los "versos más tristes". ¡Y qué manera de llorar! ¿Estaría de moda sufrir?
Después arribó una época más "comprometida", donde aquellos libros "difíciles" de la biblioteca paterna se convertían en verdaderos fetiches; y los volúmenes de filosofía, de política y de historia, alternaban las cabezas deseosas y esponjosas con ensayos de Sartre, Camus o Beauvoir.
Ya más maduros, los cuarentones descubrieron la literatura japonesa, los policiales suecos de Mankell, el eterno, depresivo y prolífico Paul Auster y la relectura de los clásicos, mientras los adolescentes, hijos de esos que condimentaron sus días con Salgari, abandonaron al Tigre de la Malasia para abrazar las proezas del mago Potter o el león de Narnia cuando leen.
Recuerdos y emociones
No es casual que en la Feria del Libro todos busquen más o menos lo mismo: los mayores se desmayan cuando ven expuestos aquellos libros que hicieron las mieles de la infancia; las mujeres van por la autoayuda y los hijos, por el rock, las biografías de sus ídolos y algún volumen extraño recomendado en un blog, previsiblemente más raro que el autor.
Los visitantes a la muestra entrevistados por LA NACION aseguraron que no han variado demasiado sus lecturas con los años. Los que leen novelas lo siguen haciendo, los que optan por la autoayuda compran a granel y sólo dos admitieron leer poesía. ¿Otro dato curioso? Más de 20 compulsados, de todas las edades, no nombraron ni a Borges ni a Cortázar -sólo dos, los poetas, los citaron-, pero sí a García Márquez y a Isabel Allende, favorita de las mujeres de 30 a 50 años.
Veamos, por ejemplo, lo que ocurre en la familia Resnik-Tombetta, él de 47, ella de 46, Martina de 13 años y Santiago de 16, habitantes del barrio de Flores. "Estoy leyendo una novela de Banana Yoshimoto -dice el jefe de la familia, psiquiatra, que de chico devoraba los comics - y antes leí Viajes por Scriptorium , de Paul Auster, Sobre la Belleza, de Zadie Smith, y tres novelas de Hakira Murakami.
Su mujer, Patricia Tombetta, psicóloga, está leyendo Humillados y ofendidos , de Dostoievski, y recuerda que su primera novela larga fue Némesis , de Agatha Christie. Su hija Martina, una deliciosa adolescente de 13 años, debutó con Harry Potter a los 10, siguió con la serie Narnia y, aunque se enfrentó con Cien años de soledad , la lectura se le hizo difícil.
Santiago, bello y simpatiquísimo, no es de andar con libros bajo el brazo por elección, pero leyó a Pettinato, uno de chistes de Tuky y aún no El silencio de los inocentes , de Thomas Harris.
Ni Santiago ni Martina han leído a los clásicos infantiles, y probablemente nunca lo hagan, pero son gente de la Web, de esos que tienen acceso a todo tipo de literatura y que consultan con asiduidad lo que se les ocurra, aunque no se les viene a la mente autores como Salgari o Hesse, libros casi obligados para sus padres.
"Mi vieja leía la colección Robin Hood y me la pasó a mí. Pero cuando mi hijo cumplió los ocho lo quise introducir en esa maravilla y me miró extrañado: él prefería a Harry Potter. Me dio tanta bronca que embalé la colección y la puse en la baulera", dice Marcelo, arquitecto, de 46 años, con libro de Oé en la mano.
De la misma edad, Marcela, docente, de 45 años, lee El Banquete , de Platón, y terminó hace poco una novela de Isabel Allende. Sus hábitos no cambiaron y recuerda Mi planta de naranja-lima , como el primer libro importante, a los 12.
Y aquí viene otra curiosidad: José Mauro de Vasconcelos, el autor de Mi planta fue nombrado por el 50% de los entrevistados mayores de 40 y, como contrapartida, los adolescentes directamente no lo conocen.
Más novelas que ensayos
Leandro García, de 37 años, lee La guerra civil europea , de Ernst Nolte, mientras Patricia, que oculta su edad, pero se sabe que anda por los cuarentaypico, saborea Inés del alma mía , de Isabel Allende. ¿Otra curiosidad? La novela le gana al ensayo por 80 a 20 y, cuando se trata de este último género, los mayores de 50 prefieren a autores pasatistas (Wilbur Smith, Allende).
Sergio Corian, de 44 años, marketing coach de empresas relacionadas al mundo de la construcción, fue el único que se acordó de El Principito , como material de debut, y dijo estar leyendo El Manantial , de Ayn Rand, mientras que Diego, 31 años, azulejista de profesión, comenzó con Robinson Crusoe y jamás lo terminó.
Diego es él único que admitió que sus gustos literarios cambiaron: "De adolescente leía muchos libros periodísticos o de política y a partir de los 20 años me interesé por las novelas y la poesía".
Una pasada rampante por la Feria y otras librerías demuestra que García Márquez es el autor más conocido por todos y que Cien años de soledad jamás pasa de moda. Lo leyó Roberto, de 51 años, empleado, que últimamente olvidó lo que llama Filosofía Oriental y algún libro de autoayuda a las novelas.
Norma González, 47 años, secretaria, en cambio, no lee nada actualmente, pero admite que se enfrascó con un libro de Paulo Coelho. Todo lo contrario de Federico Brizuela Mendez, de 29, abogado, que se copa con Pasos hacia una ecología de la mente , de Gregory Bateson, y recuerda los cuentos de Oscar Wilde y Andersen, como su lectura de niño. Un género, los cuentos, que parece haber caído en desuso.
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