
A imagen y semejanza
Las embajadas de Italia, España y Arabia Saudita recrean el esplendor de la arquitectura urbana de inspiración europea en la primera mitad del siglo XX
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La Avenida del Libertador, hasta 1950 denominada avenida Alvear, se fue transformando hacia fines del siglo XIX y principios del XX en una de las más imponentes arterias de Buenos Aires. Límite entre el tejido de la ciudad y el parque de Palermo o los espacios de la cuña verde que llega hasta la Recoleta, su amplio trazado se fue bordeando de grandes residencias, la mayoría de inspiración francesa. Hacia fines de la década del veinte comenzó la construcción de edificios de departamentos que inicialmente armonizaban con las grandes casas pero que paulatinamente fueron alterando la escala y perspectivas.
Embajada de Italia
Enfatizando uno de los tres quiebres que articulan la traza de esta avenida se levanta una de las más refinadas residencias que se erigieron sobre esta arteria.
La actual sede de la embajada de Italia fue propiedad de Federico de Alvear y su esposa, Felisa Ortiz Basualdo, cabales representantes de la predilección argentina por la cultura francesa en la primera mitad del siglo XX. Alternaban prolongadas estadías en París con temporadas en Buenos Aires y tenían buen conocimiento de la gran tradición artística francesa. El diseño del edificio en sus líneas generales fue delineado a fines de la década del diez por el mismo Federico de Alvear, quien a la par de su afición por el turf era un apasionado por la arquitectura al punto de construir él personalmente maquetas de estudio para distintos proyectos que impulsara, quedando a cargo de profesionales de la construcción el desarrollo de aspectos técnicos y constructivos.
La residencia se encuentra rodeada de un amplio jardín, concebido también como patio de honor, lo que otorga a la construcción una apariencia de "hotel particulier" y "villa" a la vez. El estilo elegido se inspira en la arquitectura francesa de mediados del siglo XVIII. Las fachadas tuvieron como modelo un edificio parisiense bien conocido y admirado por muchos argentinos de la época. La principal recrea las líneas del "Hôtel de Biron", construido hacia 1730 por Jacques-Ange Gabriel y Jean Aubert para el financista Peyrenc de Moras y sede actual del Museo Rodin en Paris. Pero lo hace como una variación del tema original, con logradas transposiciones y reubicaciones de los elementos compositivos básicos del modelo. Esta emulación de modelos consagrados, que toma el nombre francés de "pastiche", consiste en seleccionar los elementos principales de una composición arquitectónica de prestigio para restituirlos dentro de un conjunto que rememora el original.
Los interiores, si bien responden a una arquitectura inspirada en el siglo XVIII francés, presentan una disposición particular donde las secuencias y articulaciones espaciales propias de la arquitectura recreada se transgreden. Los salones de recepción, originalmente decorados con revestimientos y mobiliario de época seleccionado por Alvear y su esposa fueron redecorados al ser vendida la casa al gobierno italiano en 1924.
El palacio Alvear resume una época en que las residencias de Buenos Aires evolucionaban hacia una heterodoxia en la emulación de los modelos franceses consagrados, apareciendo criterios de disposición y confort de inspiración inglesa y cierto espíritu italiano en la concepción del edificio como villa rodeada de parque en cercana relación con los interiores.
Embajada de Arabia Saudita
La residencia construida por Juan Manuel Acevedo e Inés Mercedes Anchorena hacia 1930 es quizá la última de las grandes casas porteñas en ser concebidas dentro de un espíritu áulico y monumental, es decir, como espléndido continente urbano de objetos de calidad artística elegidos por sus dueños. Pero además constituye un excelente ejemplo de la evolución en el gusto de la sociedad argentina en el campo de la arquitectura y particularmente dentro de la decoración de interiores.
El proyecto fue realizado por el estudio Acevedo, Becú y Moreno, que tuvo una amplia y destacada trayectoria en el ámbito de la arquitectura argentina de entreguerras, que oscilaba entre un historicismo versátil y un racionalismo pragmático y que, sin desdeñar la inspiración europea abrió las puertas a cierta influencia norteamericana.
Al tiempo que se ultimaban en el estudio los detalles para la construcción del edificio, el matrimonio se trasladó a Europa, y con centro en París. Se dedicó a buscar y elegir decoraciones, mobiliario y objetos para adornar su futura casa. Comenzando por el exterior del edificio, y en actitud e inversión poco comunes, encargaron en Francia la ejecución, en piedra de la región de Borgoña, de las fachadas, descomunal rompecabezas que sería rigurosamente armado en Buenos Aires.
Encomendaron, además, el diseño del jardín a Jean-Claude Nicolas Forestier, figura esencial en la valorización de la escala regional del paisajismo y autor de los jardines de Bagatelle, cerca de París, y del Parque María Luisa, en Sevilla. Este prestigioso paisajista había visitado ya Buenos Aires, en 1924, para realizar el proyecto de sistematización de la ribera norte.En su propuesta para el jardín de la residencia Acevedo, Forestier combinó esquemas geométricos de la tradición francesa con motivos de inspiración hispano-musulmana, reflejando una síntesis típica de la época.
La selectividad y el preciosismo de los dueños se extendió al arreglo de los interiores de la casa. El crítico momento alrededor del año 1929 se presentaba como una gran oportunidad para el hallazgo de piezas excepcionales dentro del mercado de antigüedades europeo. Pudieron así detectar y comprar no sólo objetos y mobiliario de notable valor sino tambien elementos básicos de decoración interior como pisos, chimeneas, boiseries o cielo rasos de época, para ser instalados en los principales ambientes de la casa.
La residencia Acevedo es uno de los últimos exponentes de la difundida tipología del grand hôtel particulier que hiciera escuela en Buenos Aires por varias décadas. El clásico modelo del siglo XVIII francés es aquí recreado en una versión de hôtel entre cour et jardin, con fachadas tratadas mediante un sobrio lenguaje que apela a la tradicional composición simétrica.
Esa tonalidad francesa también se hace presente en los interiores.
Contribuye a reforzar esta semejanza la predominante horizontalidad de los ambientes, la neutralidad de los cielos rasos que parecen desmaterializarse y el extensivo uso de luz difusa. Cada ambiente de la casa es un recinto aislado, casi un set de filmación, donde las aberturas entre salones actúan como ventanas a un gran plano o motivo decorativo adyacente. Así se suceden sin solución de continuidad, el vestíbulo de entrada y la escalera de honor recubiertos en verdadera piedra París, la galería de mármoles policromos, el living-room revestido con una boiserie francesa del siglo XVII, el comedor ambientado con distintos elementos de arquitectura gótica francesa, la salita con refinada boiserie Luis XV.
La familia Acevedo vivió en la residencia hasta principios de la década del ochenta, cuando la propiedad cambia de manos y se transforma en sede de la embajada del reino de Arabia Saudita.
Embajada de España
El edificio que fue originalmente concebido para la familia Salas se contaba entre los primeros realizados en el Barrio de Palermo Chico, trazado por el paisajista francés Charles Thays. Fue proyectado hacia el año 1912 por el arquitecto alemán Carlos Nordmann, formado en la Ecole des Beaux Arts de París y con destacada actuación en el campo de la arquitectura privada porteña. Su configuración era una heterodoxa mezcla de "hôtel particulier" con edificio de departamentos y su aspecto exterior recordaba la volumetría característica de las equinas del tejido urbano de la belle époque con modeladas fachadas, recortadas mansardas y un pabellón circular rematado por una ornamentada cúpula en el ángulo. Buscaba así el arquitecto Nordmann satisfacer necesidades funcionales y de imagen formal pero también intentaba adaptarse al nuevo medio urbano propuesto por el barrio parque y definir con nitidez su "proa" sobre el gran espacio verde que se abre entre el borde de la calle Tagle y la Recoleta. A mediados de la década del veinte la propiedad fue adquirida por el gobierno de España para sede de su embajada en la capital argentina. La arquitectura del edificio fue entonces modificada por el proyecto de remodelación llevado a cabo por el estudio de los arquitectos Aranda y Repetto, responsables de importantes obras como el teatro Cervantes. Estos trabajos depuraron las líneas exteriores e interiores transformando el primigenio estilo "Beaux Arts" de heterodoxos toques germánicos en una versión cuidada de clasicismo dieciochesco francés que hizo escuela en Buenos Aires.
En los interiores, los salones fueron remodelados dentro de un sobrio estilo Luis XVI y decorados con pinturas de museo que realzan el conjunto de arquitectura y mobiliario. Las obras proceden del Prado, entre ellas se destaca un elegante retrato de doña Bárbara de Braganza, esposa de Fernando VI, y un óleo del Niño Jesús dormido sobre la cruz , de la mística escuela de Bartolomé Murillo.
La decoración de las fachadas fue simplicada con reducción de herrería artística. Sin embargo, el tono final tiene algo de hispánico, de borbónico español, al que contribuye el motivo escultórico con figuras y escudo que corona la rotonda de la esquina a la manera de peinetón plateresco.
El autor es arquitecto y especialista en patrimonio urbano de Buenos nos Aires.
En la próxima entrega, cincuenta años de arquitectura en las embajadas de Chile, Uruguay, Perú y Polonia.



