A la deriva
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Siempre lo fueron, pero pareciera que cada vez más están condenados a no ser migrantes sino simples números, una molestia para tal o cual Estado. Seres sin nombre, un detalle más en ciertas estadísticas. Población sobrante, un dato que entre tantas noticias se vuelve ínfimo. Probablemente hayan sido –o sigan siendo– todo eso para el fotógrafo que registró este instante: una mujer ecuatoriana y su hija de cuatro años, las dos casi aplastadas contra las vallas que cercan la frontera entre Estados Unidos y México, a la espera de algún tipo de asistencia. Habrá que ver si quien tomó esta foto pudo resistir la mirada de esa niña: apenas cuatro años y tan experta en eso de estar a la deriva. Cómo resistir una mirada así, tan grave y tan seria, y seguir con las cosas de todos los días, saberse del lado de los que tienen nombre, olvidar a los que ya no saben cómo suplicar que alguien escuche.
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