
Abruptos cambios de tono
LA EDUCACION DE LOS SENTIDOS Por Miguel Vitagliano-(Norma)-419 páginas-($ 35)
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Tal vez el mayor acierto de La educación de los sentidos , sexta novela de Miguel Vitagliano (1961), sea el asombro que provocan sus cortes abruptos y sus inopinados cambios de tono. La historia comienza con Lina y Rodi que, juntos, pesan 263 kilos. Su gordura, en la que la narración hace hincapié una y otra vez, no tiene, en realidad, mayor relevancia dentro del desarrollo de la trama. Pero semejante "arranque" instala con rapidez y economía de recursos la novedad que esta novela quiere aportar al campo de representaciones de la obsesidad: los protagonistas no son gordos que quieren ser flacos, sino que buscan el sobrepeso como "metáfora" e "ideal" de su "amor excesivo" (según afirma la contratapa, de ayuda a la hora de explicitar los designios no siempre concretados de los autores).
Lina y Rodi se aman y son felices. Viven una vida rutinaria y plena. Sus días se llenan con las inquietudes que les generan los distintos alumnos de Nueva Escuela (institución que se quiere internacional pero es, en realidad, un órgano de la comunidad japonesa de Floresta), sus increíbles encuentros sexuales, las visitas al padre de Rodi en el geriátrico, los respectivos controles médicos, y el compulsivo voyeurismo que les provoca la situación doméstica de Amalia, su joven vecina, embarazada y víctima de los malos tratos de un marido golpeador. El millón de nimiedades que colman y dan forma a la vida de la pareja se modifica cuando Amalia es abandonada por su marido y, poco a poco, se instala en lo de sus vecinos. En ese punto se produce el primer cambio de tono abrupto. De golpe, sin preavisos, la veinteañera -embarazada de siete meses- da comienzo a un ménage à trois . Que Lina y Rodi acepten sin sorpresa este giro argumental no es llamativo, después de todo, su gordura no es más que la forma exterior de una libertad que se quiere sin límites. Más extraño es, sin embargo, que la propia Amalia tome el asunto con total naturalidad, si tenemos en cuenta que se trata de una jovencita ingenua e inexperta.
Una vez que también Amalia adquiere carta de ciudadanía permanente en ese reino de la felicidad, su historia se interrumpe para dar paso a la del coronel Junji Kikawa y su discípulo Sakae Murato. Esta línea narrativa comienza in medias res , en 1943, en plena guerra mundial, y se remonta luego al Japón de 1878, año de nacimiento de Kikawa, coronel de una secta pro eje y dueño de unos ojos que, en ocasiones, le permiten ver el futuro. Kikawa terminará por mudarse con su familia al Brasil. Esto sucede luego de que su discípulo, Murato, de profesión actor, le falta el respeto de manera imperdonable. Arrepentido, éste sigue a su maestro al nuevo mundo. Juan, uno de sus nietos, será un alumno destacado de esa Nueva Escuela que, en Floresta, emplea a Lina y Rodi, y cuyo alumnado es utilizado como conejillos de Indias de un Instituto del Cerebro ubicado cerca de Tokio.
Como se ve, La educación de los sentidos es, por lo menos, dos novelas. Por un lado, está la historia de "Las ballenas", tal como se titula la primera parte, en la que se imagina una cotidianidad posible de una pareja feliz. Pensado en estos términos, poco importa, en realidad, que los dichosos sean o no gordos, y es aquí donde la novela encuentra uno de sus límites. Tal vez hubiera sido más interesante indagar sobre el porqué de esa felicidad, más que presentarla al lector como una especie de deus ex machina que les permite a Lina y Rodi atravesar las situaciones más dispares, sabiendo que no importa lo que suceda. Por el otro, está la historia de Kikawa y Murato. Las relaciones que se establecen entre una y otra, tenues y caprichosas, dejan en el lector -a pesar de la prosa fluida- la sensación de una convivencia forzada.


