
Adiós al festejo del título con huevos y harina
El decano prohibió arrojar alimentos a los egresados
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A partir de ahora, los flamantes contadores y licenciados en administración y en economía de la Universidad de Buenos Aires (UBA) ya no podrán recibir la lluvia de huevos, harina y mayonesa arrojados por sus amigos y familiares al aprobar su última materia, o tendrán que hacerlo lejos de la facultad.
En busca de "reglas de convivencia civilizada", el decanato de la Facultad de Ciencias Económicas resolvió prohibir "los festejos de futuros profesionales" dentro de la facultad y en sus adyacencias, y multar con $ 300 pesos a quienes insistan en realizar el festejo.
En la Facultad de Ciencias Económicas estudian casi 63.000 alumnos y se reciben unos 3000 por año.
En los últimos tiempos, la tradicional celebración se había trasladado de las escalinatas del edificio de Córdoba y Junín a los patios interiores y a las aulas, y había empezado a incluir nuevos elementos, algunos de remoción difícil, como tinta, aceite, leche y yogur.
Según coinciden estudiantes, autoridades y, sobre todo, los no docentes encargados de la limpieza posterior, los festejos dañaban pisos y paredes -incluso obligaban a repintar algunas paredes varias veces por año-, dificultaban el tránsito por los pasillos, provocaban quejas de los vecinos por el estado de las veredas y de quienes se veían involuntariamente incluidos en la alegría ajena al recibir el impacto de un huevo o una mancha de aceite en la ropa camino a una clase.
Según dijo a LA NACION el decano de la facultad, Carlos Degrossi, se tomaron también en cuenta los gastos que implicaba la limpieza en el presupuesto, así como lo que simbólicamente significa desperdiciar comida cuando en la Argentina la desnutrición y el hambre son un problema alarmante.
"Tenemos exámenes finales todo el año; era una situación recurrente. El personal no docente se quejaba de las dificultades para sacar las manchas de aceite o tinta de los pisos y estábamos obligados a pintar varias veces por año en algunos lugares", dijo Degrossi.
"La capacidad de conducirse socialmente resulta imperativa para graduados universitarios", dice la resolución del decano, firmada en noviembre último. Agrega que "los productos alimenticios que se arrojan contra personas y bienes constituyen una decidida afrenta contra la dignidad de personas que actualmente padecen extrema carencia alimentaria".
Alumnos, de acuerdo
Hasta ahora, la recepción de la medida entre los alumnos fue buena. La multa, más disuasiva que punitoria, no tuvo que ser aplicada aún y algunos flamantes graduados se trasladaron a la plaza Houssay, frente a la facultad, para festejar tras el último examen.
Aunque los estudiantes están de acuerdo con el diagnóstico que motivó la medida, a algunos les resulta molesta la "prohibición" y proponen, por ejemplo, habilitar un espacio abierto en la facultad para los festejos o cambiarlos por una fiesta anual para todos los graduados.
"Me parece que está bien que se prohíban estos festejos. Sé que es una tradición, pero creo que la facultad es para estudiar", dijo Laura Lancillotta, que tiene un final pendiente.
"Estoy de acuerdo con que lo prohíban. Esto era un caos, se llenaba todo de moscas y cucarachas, no podías caminar por los patios, te ensuciabas la ropa", dijo Cecilia Selser. Sin embargo, dudó ante la palabra prohibido . "Tendría que haber un festejódromo , por ejemplo en el estacionamiento que está en la esquina, habilitar un espacio para que los que quieran puedan ir allí", afirmó la estudiante.
"Los argumentos son válidos. En un país en el que el 50% de la gente vive bajo la línea de pobreza no está bien tirar alimentos, y coincidimos con que el presupuesto que se gastaba en limpieza era muy alto. Pero la prohibición suena mal. La facultad podría promover que se donen los alimentos o que se haga otro tipo de festejos, como una fiesta de graduación cada año", dijo Raúl Mosquera Arzamendia, estudiantes de cuarto año y consejero electo por la agrupación Belgrano.
"Es cierto que los festejos eran molestos y un gasto para la facultad, pero no sé si prohibirlos es lo mejor. Cuando me reciba voy a querer hacerlo", opinó Leandro, que cursa quinto año.




