Alberti en Buenos Aires
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Este año en que se conmemora el centenario del nacimiento de Rafael Alberti, la poeta Perla Rotzait evoca al gran escritor español, de quien fue muy amiga.
- ¿Cuándo conociste a Rafael Alberti y María Teresa León?
-Los conocí en 1954. Unos amigos comunes me invitaron a la casa donde vivían entonces, en Las Heras y Ugarteche. Me impresionó la belleza de María Teresa León. Recuerdo que me regaló una rosa de su jardín. Rafael, con su cabeza levemente echada hacia atrás y su mentón cuadrado, parecía un prócer romano.
- ¿Qué podés contarnos de Alberti como persona?
-Aparte de su talento como poeta, dramaturgo y pintor, lo mejor que nos dio Rafael fue su sonrisa y su humor, que alegraban nuestros encuentros y, por lo tanto, nuestra vida. Recuerdo a Rafael bailando (toreando) con Nicolás Guillén o atacando, como español del siglo XV, a Miguel Angel Asturias, el "indio derrotado". Miguel Angel, con su enorme cuerpo y su expresión inalterable, le reprochaba a Rafael que "Ustedes, los españoles, arrebataron nuestra riqueza". Pero bien sabía Asturias del dolor de Alberti por los deheredados. En 1934, escribió en México el poema "El indio", donde dice: "Contra el gringo que campea en tu retrato/ tu pasada belleza ya en escombros,/ prepara tu fusil. No te resignes/ a ser postal de un álbum sin objeto".
- ¿Cómo eran esas reuniones en lo de los Alberti?
-Nos divertíamos mucho. Recuerdo a Gassman recitando "Il matatore" y a Francisco Rabal, guapo y joven. Pero la magia estaba en la "Arboleda perdida", la casa de fin de semana que ocupaban en Parque Leloir. Muy cerca también vivían Lidia y Juanjo Rapoport con sus hijos, a quienes los Alberti querían como si fueran parte de su familia, y Alicia y León Ferrari. Recuerdo a Rafael trasladándose en bicicleta o sentado fumando su pipa con tabaco Del Toro. Se levantaba a las 5 de la mañana y encendía la estufa de leña que estaba en el cuarto donde nosotros dormíamos. El único motivo de discusión era la literatura. Que si Camus..., que si Sartre.
- ¿Dónde vivían entonces los Alberti?
-En un departamento en Pueyrredón y Azcuénaga. La que inventaba la vida diaria era María Teresa. Había que rodear al poeta de amigos, comidas, juegos. Siempre estaban Toño Salazar, Lino Spilimbergo, Gloria Alcorta, Lea Lublin, Margot Parquer, Dujovne, el hijo de María Teresa, Gonzalo Sebastián y su mujer. Y sobre todo, la "niña de sus ojos", Aitana Alberti-León. Cuando tenía 18 años, estando Aitana sola en el departamento (los Alberti se habían ido a la "Arboleda"), llamaron a la puerta a las 2 de la madrugada. "¿Quién es?", preguntó. "La policía", le contestaron. Los dejó entrar y revisaron los libros de la biblioteca. Al rato se fueron y le dijeron: "Señorita, la próxima vez, por más policía que venga, no abra la puerta si está sola".
-¿Rafael tenía un perro, no?
-Sí, Niebla. Un día María Teresa y yo veníamos del hospital donde acababa de fallecer una amiga nuestra. Tratamos de contarle lo que había ocurrido a Rafael, pero él no nos podía oír porque había muerto momentos antes su perro adorado. "¡Qué dolor, se murió Niebla!", decía y nos interrumpía. El nombre se lo había puesto en recuerdo de otro perro con el mismo nombre, al que menciona en sus Versos sueltos del mar, que le había regalado Pablo Neruda en 1936.
- ¿Es cierto que María Teresa tuvo dificultades para trabajar aquí?
- Sí, la vida no era fácil económicamente para los Alberti. María Teresa no podía trabajar en la radio, la televisión, el teatro ni el cine, por "roja", a pesar de su amistad con Delia Garcés, quien había interpretado una película con un guión escrito por María Teresa. Pese a todas esas prohibiciones, trataba de ganarse la vida con su ingenio y capacidad. En esos momentos difíciles, Luis Peralta Ramos le rogaba -así es la amistad- que le vendiera algún ícono u otro objeto que ellos habían traído de algún viaje. En 1962, cuando Rafael cumplió 60 años, los Alberti decidieron irse a Italia.
- ¿Mantuviste comunicación con ellos después que se fueron?
-Nos seguimos escribiendo, por supuesto, pero la magia de los fines de semana se nubló. En una carta nos dice Rafael: "Los poetas no olvidan y menos cuando son capaces de cambiar todas las maravillas de Europa por un pobre perro vagabundo y una pequeña `Arboleda perdida´".





