Alta Fidelidad: Zapatos rotos, el polémico proyecto argentino que quedó fuera de la Bienal de Venecia

Roberto Jacoby y el happening que no fue
Roberto Jacoby y el happening que no fue Crédito: Marcelo Setton
Fernando García
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9 de junio de 2019  • 19:09

"En el zapato vibra la tácita llamada de la tierra, su reposado ofrendar el trigo que madura y su enigmático rehusarse en el yermo campo en baldío del invierno". Así pensó el filósofo alemán Martin Heidegger frente a un óleo de Vincent Van Gogh en Amsterdam que terminó siendo la pieza clave para su legendario ensayo El origen de la obra de arte, escrito entre 1935 y 1937; publicado en 1950 y republicado y corregido en 1960. A través de Van Gogh, Heidegger buscaba establecer la distancia entre la cosa y la obra de arte, y su texto puso a los zapatos gastados de Van Gogh en el centro del pensamiento contemporáneo: Meyer Shapiro, en 1968, y Jacques Derrida, en 1978, volvieron para discutir o recontextualizar las ideas de Heidegger a partir de aquella obra. Un par de zapatos había sido pintado en 1885 y, según se ha reconstruido, no eran unos zapatos de campesina como creía el bravo Heidegger sino que Van Gogh los compró usados, para él, en un mercado de pulgas vecino a su atelier en Montmartre. Como le queban chicos en lugar de calzarlos, los pintó. Así como se ven: gastados, casi rotos.

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Es probable que la presencia argentina en la Bienal de Venecia de 2019 hubiera tenido mayor impacto mediático si el jurado elegía el proyecto The world most expensive shoes (Los zapatos más caros del mundo)", de Roberto Jacoby: happenista en los 60, letrista de Virus en los 80, gurú del arte contemporáneo. Jacoby propuso convertir el pabellón argentino en el showroom de los zapatos más caros del mundo: modelos que llevan incrustadas piedras preciosas y pueden llegar a valer hasta veinte millones de dólares. Su propuesta partía de esta premisa: Venecia fue creada en el auge de los estados nación y hoy atravesamos la era de los fondos globales de inversión donde el arte contemporáneo forma parte del consumo de una elite internacional que lo incluye entre aviones privados, yates, bienes raíces y, sí, zapatos femeninos de lujo. Con ironía geopolítica, Jacoby escribe en su proyecto que esta obra le daría a la Argentina la credibilidad necesaria en sus compromisos de deuda al demostrar su total integración con el sistema financiero internacional. Mi Miu, Christian Louboutin, Jimmy Choo, Alexander McQueen, Louis Vouitton, Gucci son algunas de las marcas que habrían llegado al pabellón argentino a través de los oficios de McKinsey, la consultora líder en inversiones suntuarias. Ellos sugieren a las marcas premium presencia en eventos puntuales como el Grand Prix de Mónaco, el Festival de Cannes, Art Basel Miami o la Bienal. En Venecia nada puede venderse, pero el potencial público de estas marcas ("oligarcas rusos, jeques árabes, nuevos magnates chinos", enumera Jacoby) podría haber sido traccionado a un consumo posterior a partir del impacto del showroom. La carpeta que Jacoby armó para el proyecto se vende ahora en la galería Nora Fisch a un valor de cinco mil dólares. Allí se muestran prototipos de zapatos de lujo diseñados por el artista: son ready mades con incrustaciones de fantasía. Como Van Gogh, los zapatos los compró usados en Mercado Libre a un valor $ 5.100, pero el no pintó nada: el fotógrafo de modas Marcelo Setton convirtió el pie de cenicienta en otro de princesa simulando la estética del ultralujo. Se parecen al fin más a la serie que Andy Warhol estrenó en la galleria dell Cavallino de Venecia en diciembre de 1981 cuando elevó las imágenes de zapatos de mujer suspendidos en el vacío a fetiches inalcanzables tiñendo las serigrafías con polvo de diamante. El rey del pop había tenido, sin embargo, un comienzo bastante más plebeyo: entre 1955 y 1957 dibujaba semanalmente, por un sueldo modesto, modelos de zapatos para la fábrica I.Miller que los publicaba puntualmente en The New York Times. En 2016 un porfolio con 18 de estos diseños salió a la venta por 216.000 dólares en Sotheby's.

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"En la ruda pesantez del zapato está representada la tenacidad de la lenta marcha a través de los largos y monótonos surcos de la tierra labrada, sobre la que sopla un viento ronco (.)". Como Heidegger, el trabajo del productor discográfico Francis Smith (1938-2009) consistía en pensar.hits. Así la historia registra que luego de observar el calzado polvoriento de un muchacho de provincias aspirante al trono de Palito Ortega que lo visitó en su oficina de CBS fue que le vino a la cabeza la melancólica historia de "Zapatos rotos" que terminó convertida en un megaéxito por el grupo Los Náufragos en 1969. La letra, intervenida por las hinchadas de fútbol en toda Latinoamérica, decía al final: "Tengo mis zapatos rotos, pero tengo que llegar, lejos ya quedó mi pueblo voy camino a la ciudad. Ya me acerco a mi destino, queda poco por andar, si la suerte me acompaña mucha plata he de ganar". Acaso el proyecto de Jacoby, que algunos de los jurados consideron seriamente, debió incluir este shake sonando en loop en el showroom. Habría sido la definitiva reconstrucción argentina de aquellos viejos zapatos rotos de Vincent Van Gogh.

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