
Amores propios y ajenos
EL LIBRO DE LAS SEPARACIONES Por Emilio Rodrigué-Sudamericana-390 páginas-($21)
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La autobiografía como género está basada en dos poderosas premisas: que la vida de quien la escribe es lo suficientemente interesante como para que valga la pena que el mundo la conozca y que quien la escribe es el más indicado para relatarla. El que ha transitado un tratamiento psicoanalítico termina cuestionando ambas premisas: ni la vida de uno es tan interesante, ni uno mismo conoce ni conduce la trama de ese relato. Pero, en contadas ocasiones, hay vidas que merecen una autobiografía. Es el caso de Emilio Rodrigué, psicoanalista argentino radicado hace muchos años en Brasil que, en sus cincuenta y cinco años como analista, lleva contabilizadas cien mil horas al borde del diván.
Precisamente Rodrigué fue el autor de El paciente de las 50.000 horas y, después de haber alternando con muchos libros entre el psicoanálisis y la literatura, escribió la magnífica biografía Sigmund Freud. El siglo del psicoanálisis . Tal vez el salir airoso del desafío de contar la vida del gran vienés le haya dado confianza para contar la propia.
¿Puede una autobiografía ser una historia de amor? Rodrigué demuestra que sí, a condición de que ese amor sea plural. El libro de las separaciones es la historia de amores, propios y ajenos, expuesta como una crónica de las separaciones que Rodrigué tuvo respecto de sí mismo a lo largo de su vida. El autor demuestra bellamente que el narcisismo es un amor imposible y que el amor, a veces, es el narcisismo posible. También, que no se puede contar una vida sin contar varias muertes. Y este libro cuenta la muerte como los dioses, incluso la muerte de los propios dioses.
Los antecedentes del autor explican que esta autobiografía sea también un autoanálisis. Rodrigué escribe la lectura que hizo de sí mismo como un lector curioso, algo cruel y bastante satisfecho. Su autoanálisis lo convierte en un voyeur tímido de su propio exhibicionismo.
Por estar su vida tan engarzada con otras, Emilio Rodrigué escribió, al pintarla, la biografía de su aldea. Entonces, y para su sorpresa, el lector terminará encontrándose en las páginas del libro con fragmentos de su propia vida.



