
¿Analógico mata digital?: fotografías artesanales en tiempos de IA
Coinciden en Buenos Aires muestras de artistas que “cultivan imágenes” en lugar de cazarlas; el “clic” es el paso final de un largo proceso creativo que demanda producción previa
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“No hay intervención digital”, aclaró Gastón Deleau, director artístico de Arte x Arte, al presentar días atrás la primera exposición en la Argentina del artista francés Georges Rousse. Se refería a las treinta fotografías que sintetizan más de cuarenta años de trabajo, y que demandaron una producción mucho mayor de lo que parece a simple vista: como en el caso de su colega alemán Thomas Demand, que protagoniza en Fundación Proa su primera retrospectiva en el país, el clic en la cámara es el paso final de un largo trabajo manual.
Ambos contaron en Buenos Aires cómo son sus procesos creativos para crear obras en las que nada es lo que parece. A la manera de colegas como el brasileño Vik Muniz, que crea escenas complejas con materiales no convencionales -desde azúcar hasta basura y diamantes- con la intención de “crear conexiones alternativas a la realidad”, de Dino Bruzzone y Leandro Erlich con sus maquetas e instalaciones o de Esteban Pastorino con sus cámaras especiales y Leandro Erlich con sus maquetas e instalaciones o de Esteban Pastorino con sus cámaras especiales, hay que prestar atención para descubrir cuál es el truco que desafía nuestra percepción.

Por ejemplo, Rousse realizó una intervención en la planta baja de la fundación de Villa Crespo, para mostrar hasta qué punto sus imágenes realizadas desde la década de 1980 son una “trampa al ojo”: esas figuras geométricas de colores que parecen flotar en la sala al verlas impresas sobre el papel o dibujadas en el boceto previo, se forman en realidad cuando alguien se para en un punto específico señalado en el piso y observa las paredes pintadas. Al moverse de allí, se deconstruyen hasta revelar su tridimensionalidad.

“El año pasado vinimos para ver el espacio y nos enteramos de que este año se celebraban los cuarenta años del fallecimiento de Jorge Luis Borges. Eso me llevó a releer su literatura y ver la analogía con estas fotografías, la relación de los dos con el espacio”, contó la curadora franco-peruana Marisa Sanabria Sequeiros, quien se inspiró en los objetos imposibles, los espejos, la multiplicidad y el infinito para concebir esta exposición.

En tiempos en que la IA genera imágenes muy realistas en pocos segundos, son varios los artistas que continúan creando a contracorriente. En el caso de Demand, también lo analógico supera a lo digital. Su exposición en La Boca, curada por el estadounidense Douglas Fogle, reúne más de sesenta obras -fotografías de gran formato, videos y wallpapers- que recorren tres décadas de una práctica muy particular: este artista parte de fotografías publicadas en diarios, revistas, archivos e Internet sobre episodios emblemáticos de la historia para reconstruir esos espacios a escala real con papel y cartón. Una vez terminadas las maquetas, las fotografía según las tomas originales y las destruye. “La imagen final es el único vestigio de un proceso que puede tomarle meses de trabajo artesanal”, señalan desde Fundación Proa.

“En este momento hay demasiadas imágenes –dijo Demand en una entrevista con Marina Oybin para LA NACION, cuando visitó Buenos Aires en agosto para montar El tartamudeo de la historia-. Por eso, las cosas en las que trabajo buscan apartarse de este ritmo vertiginoso, de este bombardeo constante que recibimos todos los días. Necesito ir mucho más despacio, para pensar y descubrir qué es lo que realmente permanece”.

“Me suelen preguntar si yo le copiaba a David LaChapelle”, comentaba a pocas cuadras de allí unos meses antes Marcos López, mientras su retrospectiva en Fundación Larivière se convertía en la más visitada en la historia de la institución. El creador del Pop Latino se refería al colega estadounidense que también construye sus escenarios de la misma manera en que un director de cine trabaja junto a un director de arte, y convierte la escenografía en parte fundamental del significado de su obra.

“‘Sí, sí, le copiaba’ –reconoció López-. Mi generación copiaba todo. En el error y en el bajo presupuesto está el eje de la estructura de identidad de mi obra. Quería hacer una foto como LaChapelle, que hacía una producción de 50.000 dólares con catorce asistentes. Yo la hacía solo, con mi tía sosteniendo un jabón de lavar”.
Entre las fotografías exhibidas se contó una de sus favoritas: el retrato que le realizó por encargo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a Isabelle Huppert, la actriz francesa que visitó la Argentina en 2015. “Ella tenía solo una hora para vestuario, maquillaje y fotos Recuerda ahora López en diálogo con LA NACION-. Demoró 45 minutos en vestuario y maquillaje, y solo tuvimos 15 minutos para la foto. Yo le propuse que interpretara a una cantante de tango borracha. Ella aceptó. Empapelamos el living de mi casa, lo avejentamos con mi equipo de dirección de arte y conseguimos mesas de bar. Al piano sumamos un bandoneón, un atril de piano, unas pinturas antiguas. Hicimos lo que se llama ‘pintura extendida’: extendimos un óleo sobre la pared, para crear un clima melancólico y decadente. Hicimos la iluminación con un extra. Y cuando ella llegó al set, no hubo necesidad de dirigirla. Es tan buena actriz, que solo puso esa mirada de la foto. Hice clic, clic y en diez minutos terminamos la sesión. Solo hice 15 fotogramas y no hubo retoque digital”.

Una aproximación similar tiene Leandro Katz, artista, escritor y cineasta que protagoniza en el Bellas Artes su primera muestra antológica en un museo argentino. Por series como Proyecto Catherwood, un metódico registro de las ruinas mayas que integra la colección del MoMA de Nueva York, él se define como un “agricultor de imágenes”.

“La idea viene de la antropología –explicó a LA NACION-. La diferencia que yo hacía, como fotógrafo, era que yo no era un cazador de imágenes como la mayoría de la gente, que sale a sacar fotos y que encuentra oportunidades a la manera de [Henri] Cartier-Bresson. Me cansé de llevar cámaras en el hombro, y dije: ‘Me voy a concentrar en proyectos específicos’. De ahí salen la disciplina y la rigurosidad de cultivar imágenes. Y a veces me perdía oportunidades de cazador, porque decía: ‘Tengo un número limitado de negativos que puedo exponer, y no voy a gastar los negativos en hacer fotografía incidental’”.
!["El Castillo [Chichén Itzá]" (1985), de la serie "Proyecto Catherwood" (1985-1995)](https://www.lanacion.com.ar/resizer/v2/el-castillo-chichen-itza-1985-de-la-serie-LJVKP4YLK5H33LEQY2KBAWLSBU.jpg?auth=30d8e637eaddb3019ff0002e9fbcce72d37611c203267ea6ad06e07ad8c750db&width=420&height=538&quality=70&smart=true)
Para agendar:
- Georges Rousse en Arte x Arte. En diálogo con la literatura de Jorge Luis Borges, la muestra titulada El espacio infinito reúne más de cuarenta años de trabajo del artista francés. Desde los años ochenta, interviene espacios abandonados con figuras pintadas y construidas que solo se revelan desde un punto de vista: el de la fotografía final. Hasta el 7 de noviembre en Lavalleja 1062, de martes a viernes de 14 a 20 y sábados de 15 a 20, con entrada gratis.
- Thomas Demand. El tartamudeo de la historia. Hasta noviembre en Fundación PROA (Av. Pedro de Mendoza 1929). De miércoles a domingo, de 12 a 19. Entradas, $6000; miércoles, gratis; estudiantes, docentes y jubilados, $4000; menores de 12 años, sin cargo.
- Leandro Katz. La noche y las palabras. Hasta el 10 de enero en el Museo Nacional de Bellas Artes (Av. Del Libertador 1473), con entrada gratis. Proyección de El espejo sobre la luna (1992) en Arthaus (Bartolomé Mitre 434), el domingo a las 19.30. Entrada general: $8000.
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