
Apogeo y caída del "cualquiercosismo"
En Prêt-à-Rocker (Planeta), la periodista Victoria Lescano demuestra que la relación entre el universo fashion y el rock nacional es más compleja de lo que parece
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Nadie dice "fui a escuchar a tal grupo" sino "fui a ver a tal grupo". De ahí que, al margen de los sonidos, la información visual que acompaña a la vestimenta dota al evento rockero de otro significado, que es casi el cincuenta por ciento de cualquier show." La cita corresponde al músico Daniel Melero, y la periodista especializada en moda Victoria Lescano parece haber tomado esas palabras al pie de la letra para la escritura de Prêt- à -Rocker (Planeta). Su investigación, amena y muy entretenida, pone la mira en las relaciones entre el universo fashion y el rock argentino, y según aclara "está más cerca de un manual de estilo de indumentaria que de un análisis sociológico del cruce entre moda y rock".
Autora de Followers of fashion, falso diccionario de la moda (Interzona), Lescano utiliza el jugoso anecdotario de los protagonistas para interpretar la relación de los músicos de rock argentino con el vestuario dentro y fuera del escenario, y su principal conclusión es que los múltiples estilos rockeros resultaron a partir de influencias externas, internas y del peso del contexto histórico y social. Todo, además, dentro de un mundo en el que las dosis de rebeldía convivían con otras dosis, igualmente poderosas, de candidez e ingenuidad. "Un día mi vieja vio que me estaba maquillando y ella, que fundó una línea de cosmética, me dijo: "Ay nene, yo te voy a explicar, te la estás poniendo al revés... ¡primero va la base!" -confiesa en Prêt-à-Rocker Richard Coleman, alma de Fricción y ex colaborador de Soda Stereo-; desde entonces y hasta hoy, ella es quien me arma los kits de maquillaje." Para Lescano, "en Prêt-à-Rocker la moda aparece vinculada a la idea de lo actual, aquello que está en vigor, interesante para una mayoría en un momento dado y que, desde un punto de vista social, puede ser indicio de cambios sociales, políticos, económicos y culturales. Por otro lado, el rock, entendido como manifestación contracultural en sus inicios y como industria en la actualidad, se convierte en un embrión de la moda, todo un campo que incorpora y resignifica la moda para grupos generalmente relacionados con la cultura juvenil". El cruce entre lo "fashionable" y la música que escuchan adolescentes y veinteañeros se vuelve importante porque la moda participa del proceso de generación de identidades, y la construcción de la identidad es crucial entre los jóvenes. "Con sus múltiples variantes, el rock abre el juego y se transforma en el marco ideal para crear identidades, apoyándose siempre en la imagen que la moda proporciona para cada estilo musical", concluye la autora.
¿Qué hubiera sido de Riff sin sus camperas de cuero? ¿Y de Gustavo Cerati sin su raro peinado new wave ? Una lectura histórica de la relación entre la moda y el rock remite a hitos de las escenas inglesa y estadounidense entre 1960 y fines de 1970. A la cabeza de la lista de referencias que nombran varios de los músicos argentinos se encuentra David Bowie en el rol de su personaje Ziggy Stardust (en cuya composición intervino el diseñador Kansai Yamamoto, uno de los pilares de la moda contemporánea japonesa), de 1972, siempre vestido con pantalones blancos, chaquetas de satén y glitter , bodies , boas de plumas de diversos colores y estampados. Otra referencia estética muy presente entre los 65 músicos y artistas entrevistados por Lescano para Prêt-à-Rocker apunta a la imagen punk diseñada por Vivienne Westwood en el mítico local Sex, Exclusive for Soldiers, Prostitutes and Punks que en Londres sirvió como trastienda de la formación del grupo Sex Pistols hacia 1975. Accesorios con cierres, cadenas, cuero y remeras con consignas anarquistas fueron esenciales en la construcción del estilo punk propuesto por Westwood y los Sex Pistols.
Dentro de la escena local, Prêt-à- Rocker propone un recorrido por tiendas y galerías entre 1967 y 2010, que van desde Manhattan y Londres y el barrio Haight-Ashbury de San Francisco hasta Pompeya, Once, Barrio Norte y San Telmo. Lo manual, lo casero, lo hallado por casualidad (o no tanta) en el placar de la novia o de la madre es la principal materia prima de la moda del primer rock nacional, y también de la movida underground de los años 90. Como señala Lescano, "según Juan Gatti, creador de la revista Pelo y responsable de la tapa del disco Artaud , de Pescado Rabioso, los vínculos entre moda, rock y arte ya estaban presentes en los años 70. En 1972 o 1973 hubo un acercamiento entre el Di Tella y el rock, y así fue como Marilú Marini y otros diseñaron unos mamelucos marrones para Vox Dei. Y en la película Hasta que caiga el sol , se ve a David Lebón con un saquito color crema con bordados de terciopelo que en realidad era de Mercedes Robirosa. Ellos vaciaban el armario de sus amigas y usaban todo lo que encontraban". Veinte años después, Silvana Grosso, vestuarista de cine publicitario y encargada de la imagen de Babasónicos para las presentaciones de los discos Infame y Anoche , recorría el Mercado de Pulgas de la calle Dorrego en busca de inspiración. Y lo que encontró fue unas mallas de acrílico negro, originales de Paco Rabanne, adentro de una lata de galletitas, que poco más tarde la banda utilizaría durante la filmación de un videoclip.
El estilo fashion de los precursores del rock argentino es impensable sin la tienda Mme Frou Frou, donde los músicos se disputaban las camisas unisex con estampados de estrellas. Su creadora, la diseñadora Rosa Bailón, las bautizó "Camisas Donovan" en homenaje al músico escocés que compuso la canción "I Love my Shirt". Las camisas Donovan fueron un must en el armario de Pappo, Javier Martínez y Litto Nebbia, entre muchos otros. El acento en el valor de lo importado lo pone Javier Martínez, baterista de Manal, quien en las páginas del libro recuerda que por aquellos años tenía una novia azafata de Aerolíneas Argentinas, "a quien le encargaba sacos de tela de gobellino, camisas mao de seda china y camisas de crêpe y raso floreadas, que reflejaban el auge de la psicodelia en Estados Unidos", dice Lescano.
La autora también señala que esta oscilación entre lo casero o prestado y la tienda periférica podría haber empezado con Sandro. Durante la investigación para Prêt-à-Rocker , la autora entrevistó a Darío Suárez, autor del libro Sandro, el ídolo , donde éste relata que las primeras camperas del cantante eran producto de la máquina de coser de su madre. Luego, con su carrera ya avanzada, él trabajaba en el diseño de sus trajes con un sastre personal, Juan Carlos Rodríguez, quien incorporó a su vestuario pantalones Oxford, camisas de seda y cinturones de cuero con hebillas extravagantes. En 1976, apenas un poco después de que el Di Tella se encargara de la ropa de Vox Dei, Federico Moura, cantante del grupo Virus, abrió Limbo, su primera tienda de ropa en la Galería Jardín. Así se inauguraba un fenómeno que luego se prolongó en el tiempo, el de los músicos que diseñaban su vestuario y, además, tenían su propio local. Adriana San Román, quien en los años 80 creó vestuarios para Virus y Charly García, relata en Prêt-à-Rocker que él le pedía diseños emparentados con la ropa que lucían David Bowie, Morrissey y Ney Matogrosso.
Posiblemente uno de los diseñadores más innovadores en la escena rockera local fue Carlos Sáez, quien en 1979 abrió Little Stone, un local en Galería del Este cuyas prendas más representativas fueron el pantalón carpintero, el jardinero y la remeras con logos de grupos de rock. Dentro de la misma familia, Santiago Sáez creó Ona Sáez, con la que vistió a Los Auténticos Decadentes, Los Pericos, Soda Stereo y Babasónicos, entre muchos otros. En los años 80, el diseño de imagen se profesionalizó y los rockeros comenzaron a trabajar codo a codo con los diseñadores más exclusivos.
Una de las bandas pioneras en ese sentido fue Soda Stereo, que en Prêt-à-Rocker aparece aliada a la marca Guess. Alejandra Boquete, coordinadora de vestuario y maquillaje del trío, sostiene en el libro que el grupo fue uno de los primeros en tener a alguien encargado en trabajar su imagen -que evocaba a The Cure, The Police y Joy Division- de manera integral, maquillajes y peinados incluidos.
Durante la década de los años 90 se desarrolló una nueva escena, y Babasónicos, Illya Kuryaki &The Valderramas, Suárez y El Otro Yo llevaron al rock nacional por rumbos que asumieron influencias más variadas: el hip hop , los cómics, el cine clase B y una indumentaria vintage propia de las ferias americanas. Ya en los últimos tiempos es difícil encontrar un grupo de rock exitoso que no haya pasado por alguna reunión con directores de arte, diseñadores y responsables de las grandes marcas para elaborar su look . Esta realidad se advierte en Prêt-à-Rocker a través de las palabras de Andrés Calamaro, quien habla de su interés por el trabajo de Marc Jacobs, John Galliano, Paul Smith y Dolce & Gabbana, entre otros.
En un sentido, en la Argentina la profesionalización del rock supuso una presencia cada vez más notoria del diseño de indumentaria en manos de agencias y directores de arte, en un principio ajenos al mundo de la música. Sin embargo, algo de su espíritu original parece sobrevivir. Como dice Fabiana Cantilo en Prêt-à-Rocker : "Armé mi estilo para poder mostrar las gambas y tapar el culo. Hacía "cualquiercosismo", y ese "cualquiercosismo" siempre era una minifalda para tapar mi culote". ¿Habrá llegado la hora de reivindicar el "cualquiercosismo"?
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