
Artistas en estado de gracia
Emocionante reestreno de La tregua; en el Club del Progreso, la escritora Lía Rosa Gálvez rindió homenaje a un grande de las letras argentinas
1 minuto de lectura'

Es aún más emocionante que cuarenta y un años atrás, cuando se estrenó. En el Bafici, se pasó la copia restaurada de La tregua, la célebre y popular película de Sergio Renán, de 1974, que compitió por el Oscar. La recuperación del film fue posible por la Ley de Mecenazgo de la Ciudad. En la sala, había cinco de los actores que intervinieron en el film: Ana María Picchio, Cipe Lincovsky, Marilina Ross, Diego Varzi y Sergio Renán, que la dirigió y actuó en una escena arriesgada para la época: la Triple A aterrorizaba al mundo artístico e intelectual con acusaciones de izquierdismo y prédicas de una derecha recalcitrante. Sin mencionar la palabra "homosexualidad", tema tabú por excelencia, Renán sostenía en una escena una discusión dramática y punzante sobre la cuestión con Héctor Alterio.
Las consecuencias para el elenco fueron nefastas porque la Triple A amenazó a los actores del film no sólo por ese asunto sino sobre todo por la descripción del ambiente mediocre que reinaba en aquellos años. La Triple A consideró que todos eran comunistas y les puso un plazo para que dejaran el país. La mayoría de los intérpretes debió exiliarse en España, donde hicieron carreras brillantes, salvo Luis Politti, que murió de tristeza.
Como muestra de lo que representa la restauración, a manera de prólogo, se pasaron escenas de la copia original, muy perjudicada por el tiempo, y de la restaurada. La diferencia en los colores, en la nitidez y, especialmente, en el sonido, es muy notable.
La hondura y la sensibilidad con que Renán, en su primer trabajo para el cine, retrató a los personajes es lo que ha preservado a esa obra de los años pasados. Además, el film tiene ahora un valor de documento social. El trato entre los empleados o entre los hombres y mujeres que empezaban tímidamente un noviazgo era de una formalidad hoy impensable. Los compañeros de oficina se llamaban por el apellido. Los novios se trataban de "usted". Lo que permanece fresco en esa pintura admirable de la clase media son los sentimientos, la mirada incisiva y, a la vez, la profunda compasión por esas vidas sin esperanza: algo que sólo es posible por la mano de un artista.
En el Club del Progreso, la escritora Lía Rosa Gálvez rindió un homenaje al gran cuentista y poeta tucumano Juan José Hernández (1931-2007), el autor de La favorita, Así es mamá y Desideratum, entre otras obras. Lía fue una de las discípulas del taller de Juan José. "Llegué a él por medio de Nini Gómez Errázuriz. Le mostré mis poemas. Los descalificó, pero no del todo, porque ?tenían algo'. Me prohibió que le llevara textos escritos a mano. Su memoria era asombrosa, podía decir larguísimos poemas o citar fragmentos de distintos autores para ilustrar, a veces con sorna, alguna situación social. Enseñaba a corregir con mucho detalle. Sus mentores poéticos eran Rubén Darío, la generación del 27, los clásicos españoles, los franceses, sobre todo Verlaine, al que tradujo. Admiraba mucho a Alejandra Pizarnik y, en especial a Silvina Ocampo, de la que era muy amigo".
Gálvez recordó una anécdota de la complicidad burlona que Juan José mantenía con Silvina. En una ocasión, por la mañana o a la hora de la siesta, ella lo llamó por teléfono. Por la voz ronca de Juan José, se dio cuenta de que lo acababa de despertar. Le preguntó: "¿Qué estás haciendo? ¿Dormías? Oigo un respiro". "Estoy recostado", le respondió Juan José. Ella insistió: "Con alguien, ¿no es cierto? ¿Es un hombre o una mujer?". Él le replicó con gracia irresistible: "¿Cómo le voy a preguntar si es un hombre o una mujer?"
Uno de los recursos que Hernández les enseñaba a sus alumnos para enmendar la escritura de un texto era leerlo en voz alta, más aún, cantarlo. "A Juan José lo obsesionaban la ropa, los muebles, las casas.?Con eso, se hace un libro', decía. Le gustaba crear climas por medio de la música - comenta Gálvez-. Conmigo, lo hacía a menudo. Yo tomaba clases individuales. Una vez, llegué a la casa de Juan José y oí música de jazz a través de la puerta. Me abrió. Se había vestido con una de esas camisetas marineras a rayas azules y blancas y se había puesto un sombrero de capitán. Con las manos en jarras me dijo: ?Entrá, vamos a bailar'. Y bailamos. Todo en él era una fiesta, hasta sus correcciones terribles, hasta su humor temible. Vivía en estado de poesía y de gracia."
En el Bafici se pasó la copia restaurada de su célebre y popular película rodada en 1974, que compitió por el Oscar
Sergio renán
actor y director
El autor de La favorita fue recordado con cariño y humor por una de las discípulas de su taller literario
Juan José Hernández
poeta


