Arturo Pérez-Reverte: “No hay nada más triste que un escritor que está muerto y no lo sabe”
El autor español presentará su nueva novela “Misión en París”, el próximo sábado en la Feria del Libro, junto con Jorge Fernández Díaz; la guerra, la destrucción de Occidente, Trump, los tecnócratas y la polémica con la RAE
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De visita en Buenos Aires para presentar Misión en París (Alfaguara), última entrega (hasta la fecha) de la exitosa saga de aventuras protagonizada por el capitán Alatriste, Arturo Pérez-Reverte resalta en diálogo con LA NACION que su célebre personaje ha vuelto a las andadas, catorce años después, “más amargo, más desesperado y con más remordimientos”. En septiembre pasado, cuando salió el libro para el mercado hispano, el autor y periodista español había asegurado a la prensa: “Alatriste ha envejecido y yo también”.
-¿El capitán ha vuelto más cabrón?
-Siempre ha sido un personaje oscuro y peligroso. Lo que pasa es que, ahora, con la edad, miras más hacia atrás. Eso sucede cuando tienes más pasado que futuro o cuando no tienes futuro. Ahora, los remordimientos, los fantasmas están más presentes. Alatriste no soy yo, pero es verdad que él mira el mundo como lo miro yo.

-¿Y por qué volvió? Más allá de que has contado que los lectores te lo pedían, ¿qué sentías como autor que le faltaba vivir al personaje?
-Volvió por varias razones. Primero, porque me lo pedían los lectores. Hay gente muy fanática, que no lee nada mío más que a Alatriste; hay gente que lleva tatuadas sus frases. Entonces, eso era una presión. Incluso algunos me insultaban: “Cabrón, tiene que volver.” Pero, además, hubo otra razón: se cumplían treinta años del primer libro y la editorial dijo que ya era el momento. Pero, por otra parte, yo quería ver si era capaz; si después de haber abandonado el personaje durante catorce años, podía volver a ese mundo, si podía recuperarlo y verlo actualizado para un público que no es el mismo.

-En Misión en París hay un homenaje a Los tres mosqueteros, de Alejandro Dumas. ¿Esa también era una asignatura pendiente?
-Claro. Yo tenía una deuda con Dumas. Desde pequeño he soñado con Los tres mosqueteros. El regreso de Alatriste era la ocasión de saldar esa deuda. Sobre todo, ver si era capaz de hacerlo.
-¿Y cómo resultó?
-Bueno, ahí está [señala el libro sobre la mesa del salón Embajador del Hotel Alvear]. El proceso fue muy interesante. Me obligó a releer cosas que yo pensaba que ya no iba a leer, a revisitar un mundo que había dejado atrás. Fue un gran ejercicio. Además, tuve que releer los otros siete. Y eso fue nuevo para mí porque nunca me leo cuando publico un libro. Me olvido y ya. Entonces, leerlo así me hizo ubicarme en el lugar del lector, no del autor. Ha sido una experiencia muy original.
-¿Habrá un Alatriste más?
-No sabemos. Tengo 75 años. No sé cuánto me queda. Pero, mientras esté intelectualmente lúcido, sí. El problema es que yo ahora tengo que elegir. Hasta los 85, hasta los 80 más o menos, me quedan cuatro, cinco libros. No mucho más. Entonces, ya no puedo equivocarme. No hay nada más triste que un escritor que esté muerto y no lo sabe.
-Pero Alatriste tendrá que despedirse de los lectores.
-No lo sé, no lo sé, no lo sé. No sé si habrá o no más Alatriste.
-El 7 de mayo sale en el país Enviado especial, libro que recopila tus crónicas de guerra. ¿Por qué crees que la guerra parece ser el único invento del hombre que nunca termina?
-Primero aclaro que yo escribí el prólogo de ese libro y la selección de los textos lo ha hecho la editorial. Yendo a tu pregunta, el error del hombre moderno es pensar que la guerra es algo superado, como la violencia, la misoginia. En la sociedad actual hemos conseguido durante un tiempo rodear al hombre de un montón de mecanismos que camuflan, ignoran o disimulan esa pulsión del ser humano. La guerra forma parte de nuestra naturaleza. La guerra, la vanidad, la ambición, la lujuria: todos son mecanismos normales que no vamos a perder nunca por más cambios sociales que haya. Se transforma, claro, ya no incendiamos Troya, ya no pasa no pasamos a cuchillo a los niños ni esclavizamos a los supervivientes.
-¿Y lo que está pasando en Ucrania y el Medio Oriente?
-Pasa que lo que había conseguido la Ilustración europea, con su idea de progreso, de derechos humanos, libertades y democracia, se está yendo al diablo otra vez. Pero también desde adentro. Somos cómplices también los mismos europeos y esa franja cultural (no geográfica) incluye a la Argentina. En Occidente somos responsables, somos culpables de lo que pasa. Es la única civilización que ha tenido que hacer autocrítica, criticarse a sí misma para mejorar. Pero esa autocrítica, en lugar de utilizarla para la paz, la hemos utilizado para destruirnos. Nos estamos destruyendo como civilización.
-¿Recordás lo que decíamos en pandemia? Que íbamos a salir mejores de todo eso.
-He visto muchas desgracias en mi vida y no he visto nunca al ser humano salir mejor de ninguna de ellas. Al contrario, al contrario. Toda desgracia deja rencores, frustraciones, complejos, amarguras, traiciones, claudicaciones. Además, hay una cosa muy amarga, que es que el ser humano tiene una extraordinaria capacidad de olvidarse de sí mismo, de olvidar las lecciones. Siempre volvemos a hacer lo que hicimos antes de que eso ocurriera y lo que produjo esa cosa. Cuando has leído, cuando has vivido de una manera razonable, no puedes ser optimista. Estamos asistiendo a la demolición de un sistema de derechos y libertades que ha cambiado la historia de la humanidad. Todo el mundo quería imitarlo. Ahora, todo el mundo quiere destruirlo. Hace un siglo y medio, con la Ilustración, todo el mundo quería parecerse a Occidente. Ahora es al revés, ahora todos están contra eso, a todos les molesta, también a gente como Trump y otros, para quienes la democracia es un obstáculo y por eso necesitan destruirla. Por eso hay una guerra contra la Ilustración, contra todo aquello que hace al hombre libre, individual, pensativo, creativo, independiente y democrático.
-Pero al mismo tiempo se llenan la boca hablando de libertad.
-Es que nunca hemos sido menos libres que ahora. Es un error pensar que Trump es el problema. Trump es un síntoma del problema. Trump no es más que el efecto de una causa, como lo es Putin. La dictadura que viene no es política. Ahora son los técnicos de Silicon Valley, las grandes corporaciones, los grandes grupos financieros. El error es pensar que es el fascismo, el comunismo. ¿Qué coño? Estás equivocado, gilipollas. El problema son esos tíos de zapatillas y chaqueta que están en Silicon Valley, en Pekín o en Shangai. Esos son los dictadores del futuro que necesitan a estos políticos. Pero lo grave es que estamos asumiendo voluntariamente esa dictadura. Estamos encantados con esto [muestra el celular]. Esto es la cadena en torno al cuello de los nuevos esclavos. Y la gente no se da cuenta, pero ¿sabes qué pasa? Tengo 75 años, he visto hundirse muchos imperios. Ahora estoy viendo por primera vez hundirse mi propio mundo.
-¿Eso te deprime?
-Es duro, claro, pero me resulta fascinante. Es muy interesante ver que suceda algo similar a lo que has leído en la historia: la caída de Roma, Bizancio, el Imperio Británico, el Imperio tal y cual, de una manera distinta, claro, acorde al tipo en el que estamos. Hoy hay otra manera de ser un bárbaro. Entonces, claro, ver ese espectáculo refuerza en parte el escepticismo respecto al género humano. Pero, por otra parte, dices, “es un privilegio ver morir una civilización, ver morir un mundo democrático de libertades y derechos”. Vamos a pagar el precio de nuestros pecados. Tardará, no digo que será mañana, va a tardar a lo mejor medio siglo, un siglo, pero vendrá otro mundo distinto en el que habrá tiranías que habíamos conseguido apartar, controlar, denunciar, señalar, acorralar y que ahora estamos permitiendo que vuelvan de otra manera. Claro, con la tecnología.
-Seguimos tus posteos en redes sociales sobre cuestiones vinculadas al lenguaje, por ejemplo, el uso de la tilde, y tus diferencias con la RAE. Si pudieras dirigirla, ¿cómo debería ser esa institución? ¿Te interesaría ocupar ese puesto?
-Eso está fuera de mí. Yo estoy ahí porque me hicieron académico. No quería ser académico, me convencieron. Entonces, tengo que ser un académico leal a lo que pienso. Resumiéndolo: la RAE tiene obligación de aceptar toda evolución del lenguaje, pero también tiene obligación de decir: “Cuidado, recordemos que existen normas que usaban Borges, Vargas Llosa, García Márquez”. Vale tanto un tuitero analfabeto que tenga muchos seguidores que algo que ha escrito Vargas Llosa. Yo no estoy de acuerdo con eso. Entonces, claro, no me pudo callar. Lo que he hecho fue salir al paso y eso me ha producido desencuentros con la RAE. Hay otra cosa más: la tilde, la ortografía y la gramática son herramientas que hacen que un escritor sea eficaz. Yo utilizo tildes, utilizo lo que sea para que los lectores me comprendan. Yo cada día me levanto a trabajar. No soy un teórico de la universidad. Soy un artesano del lenguaje. Yo y los escritores como yo. Mi lenguaje no es científico ni académico, es un lenguaje práctico, operativo, eficaz. Yo creo que tú al leerme entiendas perfectamente lo que te voy a decir. Y para eso necesito un montón de herramientas que los teóricos de la lengua me están negando. Están cargándose toda la métrica del Siglo de Oro.
-La última pregunta tiene que ver con la “pelea” entre la RAE y el Instituto Cervantes. ¿Es una cuestión territorial, política, a qué se debe?
-Tiene que ver con que las instituciones: el Cervantes es un organismo que depende del Estado y existe para la difusión del español donde el español no existe. Aquí, por ejemplo, el español existe; luego, aquí no se necesita la presencia del Cervantes. Aquí, la RAE, en coordinación con todas las Academias de la Lengua locales, tiene prioridad, como en toda América. Pero el Cervantes quiere intervenir por razones políticas. Entonces, claro, viene el choque; es una cuestión de celos y competencias. El Cervantes quiere invadir, quiere estar presente de una manera más intensa de lo que indica su propia naturaleza como institución. Es así, ese es el problema.
Para agendar
Presentación y firma en la Feria
Pérez-Reverte presentará Misión en París el sábado 2 de mayo a las 16, en diálogo con Jorge Fernández Díaz, en la sala José Hernández de la Rural. Luego firmará ejemplares en el stand de Penguin Libros.
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