Atlas histórico
NUEVA HISTORIA ARGENTINA Por Mirta Zaida Lobato y Juan Suriano (Sudamericana)-587 páginas-($ 33)
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RECIENTEMENTE, en la sección cultural de los diarios españoles se celebraba la publicación de dos nuevos atlas históricos. Esas obras -se señalaba- reiniciaban una tradición que, sustentada en textos como el realizado por J. Vicens Vives en 1944, parecía haber entrado posteriormente en la indiferencia. La aparición de Nueva historia argentina. Atlas histórico de la Argentina debería ser saludada de un modo aún más entusiasta pues no se trata, como en el caso de los españoles, de retomar una tradición sino, lisa y llanamente, de inaugurarla.
Realizado por Mirta Zaida Lobato y Juan Suriano, en el marco de la Nueva historia argentina dirigida por este último, el libro intenta llenar un vacío en la producción de nuestros textos históricos. Si bien la existencia de una colección cartográfica con referencias históricas no es nueva (la publicación del Atlas total de la República Argentina por el CEAL fue un notable emprendimiento), la novedad está dada por la formación académica de quienes confeccionan la obra. Ya no son los geógrafos quienes miran la historia para brindarle al lector el marco de comprensión de sus mapas, sino que son los historiadores quienes acuden al espacio para explicar los avatares de los argentinos y las argentinas en el tiempo.
Por eso no resulta sorprendente que el atlas histórico realizado por Lobato y Suriano sea mucho más que una colección de mapas. A las setenta representaciones cartográficas se suman cincuenta y seis cuadros y cincuenta y cinco gráficos, además de una larga serie de ilustraciones que complementan el libro y ofrecen un atractivo adicional. Este colorido conjunto se encuentra enmarcado por un texto que funciona como una síntesis histórica de la Argentina. El público lector de esta obra es potencialmente amplio: docentes y alumnos primarios, secundarios y universitarios y todos aquellos que la consideren como una obra de referencia de consulta esporádica.
El atlas puede ser leído de distintas maneras de acuerdo con quien lo tenga entre sus manos (y quizá en ello resida uno de sus mayores atractivos). Un ejemplo de esto son los mapas de los territorios interprovinciales en 1815 y 1820 (una de las perlas del libro), que muestran cómo la indefinición fue la regla en los límites entre las emergentes unidades políticas provinciales. Esos mapas pueden ayudar al maestro o al profesor a explicar la inestabilidad de la convivencia entre las provincias y su relación con las guerras civiles. Pero también pueden disparar la discusión entre los académicos y universitarios familiarizados con los debates sobre el origen del estado argentino (que tan magistralmente han encendido las investigaciones del profesor José C. Chiaramonte).
Asimismo, los mapas pueden lograr un efecto más contundente que el de los números para explicar los procesos históricos. Los mapas con los partidos triunfantes en las elecciones de 1916, 1928, 1946 y 1951, por ejemplo, nos muestran la profundidad del fenómeno de la participación. Gracias al empleo de los colores, el ojo del lector logra "ver" la relativa modestia de las elecciones que les dieron su primer mandato a H. Yrigoyen y a J. D. Perón, así como el alcance de la avalancha electoral que acompañó sus respectivas reelecciones.
El atlas muestra, de manera palmaria, la juventud de nuestro país. Si bien la obra dedica una parte importante a la Argentina precolombina, no podemos, naturalmente, encontrar el equivalente de los impresionantes mapas de imperios que abundan en las ediciones de los atlas universales y europeos. La falta de mayores investigaciones en varios ámbitos de la historia argentina resulta, además, en la dificultad de contar con otros mapas que serían de gran interés para el lector. Por eso, quizá este atlas sea sólo el principio de una serie que avanzará sobre otras áreas y que, en un futuro, nos ofrezca, por ejemplo, un atlas histórico de la cultura, con mapas de la expansión educativa, la evolución en la circulación de periódicos y revistas y el avance progresivo de la radio y la televisión en el territorio argentino.
Cualquier nueva iniciativa en esta dirección será bienvenida, pero, seguramente, todo atlas histórico argentino que se produzca de ahora en adelante quedará en deuda con este tomo pionero.






