
Avances y retrocesos
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Ayer fue mi cumpleaños. Por el imprevisible billar de las redes sociales vine a enterarme de que, además, se celebraba el día del radioaficionado. Mi viejo no solo era radioaficionado, sino que fue durante dos décadas el jefe de la planta del diario La Prensa, en cuyo salón de actos “un calificado grupo de radioaficionados se reunió el 21 de octubre de 1921″ para fundar el Radio Club Argentino, según se lee en un proyecto de declaración del Senado de la Nación. Fue el tercer radio club del mundo.
Recuerdo innumerables noches con papá, sintonizando onda corta, oyendo voces de otros países, en idiomas ajenos, desde territorios lejanos y misteriosos. Se me ha quedado grabada, incluso, la matrícula que tenía en esa época, y conservo su libro de guardia. Creo que estas experiencias revelan, más que ninguna otra, el colosal cambio que ha experimentado el mundo en este medio siglo. Lo que por entonces era una aventura extraordinaria (sentías que se te salía el corazón del pecho cuando la radio hablaba desde regiones remotas) hoy se ha convertido en algo normal que llevamos en el teléfono. Los radioaficionados nos mostraron el camino con su código de conducta. Tenemos nuevas tecnologías hoy, pero sería bueno que no olvidemos su ética y su humanismo.
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