Basaldúa quiere un Colón con más funciones y entradas más baratas

Quiere llevar los ensayos nocturnos a la tarde para aprovechar el escenario con más exhibiciones
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1 de diciembre de 2001  

Emilio Basaldúa, que en enero próximo asumirá la dirección general y artística del Teatro Colón, luce entusiasmado, pero no por eso deja de ser realista.

Todavía instalado en el despacho de director escenotécnico -cargo que asumió este año- le dice con una sonrisa a LA NACION que, como primera medida, quiere que la temporada 2002 sea la que está terminando de diagramar Renán "sobre todo porque estoy acá gracias o por culpa de Sergio, a quien respeto y quiero mucho".

El escenógrafo recuerda que fue el cineasta la primera persona que le permitió hacer su primera experiencia en la sala grande del Colón, con "La vida breve", de Manuel de Falla.

Pero el vínculo de Basaldúa con el Colón es de mucha más larga data y parece remitir a una característica habitual de muchos de los que allí trabajan y que podría definirse como "un virus de transmisión genética".

Emilio pasó gran parte de su infancia recorriendo los pasillos del Colón, ya que su padre -el célebre artista plástico Héctor Basaldúa- fue director escenográfico durante tres décadas.

"Pasé mi niñez en el Colón porque mi padre estuvo de 1930 a 1952 y de 1955 a 1964 como director escenográfico -recuerda-. Para mí, venir al Colón era una de las cosas más naturales del mundo. Me acuerdo por ejemplo de "La flauta mágica" de 1949. Me fascinaba ver las pruebas del efecto del paso de agua, que eran una especie de rollos que daban vueltas como si fuese un sinfín."

A pesar de esa fascinación infantil, Emilio Basaldúa tardó en meterse de lleno en el teatro lírico porteño: "Yo me recibí de arquitecto -por aquello de que había que tener una profesión-. Mucho después empecé en el cine, con Ayala, luego el teatro y finalmente la ópera, en el Centro de Experimentación del Colón".

Ahora, con la experiencia de sus escenografías para las óperas "La ciudad ausente", de Gandini; "Lady Macbeth", de Verdi; "El cónsul", de Menotti, y recientemente el "Falstaff" verdiano, se enfrenta a una tarea que confiesa que hace unos años "no imaginaba que haría ", pero que asume "con espíritu scout".

"Me interesa mucho el trabajo de la escenografía, pero decidí meterme en esta cosa que quisiera que fuese lo menos burocrática posible. Quisiera ayudar a hacerle un bien al teatro. Aunque sé que no es tan fácil."

-¿Cuáles serán sus primeros pasos en la gestión?

-Lo que quiero hacer es respetar la temporada diseñada por Sergio. Honestamente quiero luchar para poder hacerla. Pero no la voy a anunciar hasta no tener el 80% de los contratos firmados y contar con el dinero como para que no se repita la experiencia espantosa de este año, que hizo que la mayoría de los artistas y técnicos argentinos estuvieran sin contrato y sin cobrar durante meses. Esto es una falta de respeto terrible y además genera una violencia espantosa. Y esto no permite tener una disciplina más estricta.

-¿Qué piensa del sistema de cuenta única?

-Hoy (por ayer) estuve con el secretario de Cultura, Jorge Telerman, y una de las condiciones que le planteé es ver si no se puede desarmar en parte el tema de la cuenta única. Necesitamos intentar romper el espíritu de la cuenta única, que me parece que es perverso. Porque un teatro tiene un funcionamiento que no es el mismo que una repartición pública cualquiera. Yo comprendo la situación del país y no pretendo que esto sea un globo, pero tal vez teniendo la recaudación del teatro permitiría solucionar un poco la situación.

-La cuenta única nació con la idea de controlar el gasto.

-Sí, y parece que fue muy exitosa, según me dice Pablo Batalla -que por cierto seguiría como administrador general del Colón- . Me comentó que en toda la ciudad se ahorraron 400 millones de dólares. Pero también hay que preguntarse si queremos tener una ópera en Buenos Aires o no, y luego actuar en consecuencia.

-¿Está de acuerdo con la propuesta de Telerman de incrementar el número de funciones que ofrece el Colón?

-Estoy de acuerdo en que, dentro de lo posible, se incrementen las funciones. Para eso espero que podamos conseguir también un cambio en el funcionamiento de los horarios de trabajo. La idea es que se pueda usar el escenario de otra manera. Nosotros no tenemos técnicos entre las dos y las seis y eso no puede ser. Esto no pasa en ningún teatro del mundo. Si podemos sacar ensayos nocturnos podemos tener la sala para hacer más funciones. Otra cosa que estamos pensando es tener segundos o primeros elencos de argentinos. Los cantantes argentinos son muy buenos. Habrá algún título que sea más difícil que otro, pero así podríamos tender a que se hagan más funciones y quizás a precios más reducidos. Este año hicimos el ensayo general de "La viuda alegre" abierto al público y me asusté y emocioné mucho, porque estuvo de bote a bote y había un entusiasmo notable.

-¿Habló con Telerman sobre cómo será la vinculación de Argerich con usted y el Colón?

-Me parece un honor que aporte su experiencia y prestigio al teatro. Básicamente, ella va a participar de forma más que fundada en lo que tenga que ver con la música instrumental.

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