
Botero pinta la tragedia de su tierra
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Fernando Botero siempre creyó que el arte "es como una gran silla donde el hombre se sienta a experimentar un momento de placer". Sin embargo, frente a los episodios de violencia que sacuden a Colombia, el artista de 72 años, nacido en Medellín y residente de Nueva York y París, sintió "la obligación moral de dejar un testimonio sobre la devastación que introdujeron guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes", en un país asolado también por el drama diario de los desplazados.
Botero reconoció que el giro en sus composiciones, con la crueldad que rezuman sus imágenes, está emparentado al dolor que expresaron Picasso en su "Guernica" o Goya en "Los desastres de la guerra".
Infatigable consumidor de noticias, en 1999, Botero se alejó de aquella visión lírica del arte en la que todo era placidez o exuberancia, y en 2004 le donó al Museo Nacional de Colombia 23 óleos y 27 dibujos (lápiz, carbonilla, tintas y acuarelas): su testimonio plástico ante "la ira que suscita el horror", declaró. El conjunto se exhibió en México, Suecia, Dinamarca, Holanda y Francia; recorrió luego distintas ciudades colombianas y desde el 27 de junio hasta el 13 de agosto se verá en el Museo Nacional de Bellas Artes.
La muestra, cuya entrada será paga, fue posible gracias a las gestiones del director del museo, Alberto Bellucci, de la Asociación de Amigos de la entidad y de la empresa de espectáculos Daefa, que cargará con los onerosos costos de seguros y traslados para las obras.
"La violencia que aplasta a Colombia tiene un origen muy distinto del que mostré en la serie de los excesos de Abu Ghraib", dijo Botero a la prensa al explicar el porqué de su interés en las temáticas descarnadas. "Mientras que en Irak los crímenes son cometidos por el más avanzado y poderoso ejército del mundo, la violencia colombiana es producto de la ignorancia, de la falta de educación y de la injusticia social", sentenció.
Con una pincelada más libre, que deja ver un dominio total del dibujo y una gran libertad colorística, al explicar el recorrido de reconstrucción artística sobre el conflicto colombiano, Botero observó: "Debo decir que el sentimiento que experimenté al pintar estos cuadros no es el mismo placer que siento pintando normalmente el mundo que yo pinto. Encontrar una imagen simbólica que refleje el dolor de mi pueblo significa un estado mental que no es grato, sino doloroso".



