Britten, guía de la juventud
En Britten´ s Children, John Bridcut revela la influencia que ejerció sobre el compositor británico una serie de niños con quienes mantuvo estrechos lazos de amistad. Ellos le inspiraron varias de sus obras, como Sueño de una noche de verano , que se representa en el Teatro Colón
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¿Padre espiritual o corruptor de menores? Hace unos meses, se publicó en Londres, el libro biográfico Britten´ s Children (Los niños de Britten), de John Bridcut, sobre la vida de Benjamin Britten, el compositor británico más importante del siglo XX. Este ensayo es la prolongación del documental homónimo, de la BBC, ganador de un premio de la televisión inglesa, que recibió elogios unánimes de la prensa. El contenido de esa filmación podría haber sido el origen de un escándalo si el protagonista no hubiera sido Britten y si los hechos narrados no hubieran ocurrido en un período durante el cual los vínculos de afecto que se forjaban entre adultos y chicos eran considerados con un criterio mucho más amplio que el actual. La homosexualidad del compositor y la larga unión que mantuvo con el gran tenor Peter Pears nunca impidieron que Britten se desempeñara como un respetadísimo maestro de los jóvenes y fuera elevado por la reina al rango de sir . De todos modos, durante su vida circularon rumores que el libro de Bridcut encara sin ocultamientos. Según The Times , esa indagación en la vida del músico "había logrado capturar un tipo de amor que pertenecía a un paisaje que hoy ha desaparecido para siempre".
Bridcut no se quedó conforme con lo expuesto en el film, realizado en 2004. Profundizó en el estudio de la personalidad de Britten, de su obra y de su relación con los púberes y escribió esta crónica notable. Cuando The Times se refirió al tipo de sentimientos que Britten tenía por los niños, y éstos por él, como una experiencia que ya no es posible, apuntaba al hecho de que ese tipo de lazos hoy no sería entendido y provocaría la persecución del adulto. Por cierto, entre los años 50 y 60 del siglo XX hubo muchas habladurías acerca de los lazos del compositor y los preadolescentes que lo rodeaban. Algunos amigos del músico llegaron a temer que fuera acusado de pedofilia. Nada de eso ocurrió porque nunca sucedió nada inconveniente. El mundo musical no ignoraba que la fuente de inspiración de Britten eran ciertos chicos y, en verdad, un período muy particular de su propia niñez. El documental de Bridcut echa luz sobre este asunto y revela hasta qué punto la obra de Britten gira alrededor de la pubertad, de la dramática transición entre dos edades y de la fascinación que el mismo arquetipo de adolescente bello, cultivado y sensible ejercía sobre el músico; además Bridcut recoge los testimonios de aquellos muchachos, hoy convertidos en venerables ancianos, algunos abuelos, que hablan con fervor y agradecimiento del maestro que, en parte, forjó sus vidas.
Para muchas de sus obras, Britten prefirió las voces blancas masculinas, es decir, las voces de los varones antes de que llegaran a la madurez sexual. Eso reducía el número de los posibles intérpretes, que debían tener entre diez y trece años, un período efímero y glorioso, cuando el caudal vocal de la niñez alcanza su cima y el timbre sigue siendo purísimo. El compositor amaba el sonido cristalino que brotaba de aquellas bocas porque adivinaba en la vibración de esas gargantas algo así como el anuncio velado de la mutación.
Britten se interesaba por ese momento dramático en la existencia del niño, cuando éste va a convertirse en adolescente y lo ignora, a pesar de que en su propio cuerpo recibe inquietantes señales de alarma. El compositor de Sueño de una noche de verano utilizó voces infantiles en casi treinta de sus obras más importantes (entre ellas, óperas como Albert Herring , Billy Budd , La muerte en Venecia y su célebre Requiem de guerra ). Por otra parte, escribió obras consagradas enteramente a los niños como Noye s Fludde y Children s Crusade .
El joven Apolo
¿Por qué la pubertad tuvo tanta importancia en la trayectoria personal y artística del músico inglés? Benjamin, "Ben", como lo llamaban sus amigos, nunca terminó los estudios que siguieron, de un modo más normal, sus compañeros de los primeros tiempos de colegio. Después de cinco años en la escuela preparatoria de South Lodge, pasó a la Gresham School, que abandonó cuando tenía dieciséis para ingresar en el Royal College of Music de Londres. Le faltaban aún tres años para acabar la educación común de un muchacho. Su talento sobresaliente en todas las disciplinas lo había distinguido entre sus compañeros y lo había señalado para un destino especial. Al dejar South Lodge y, más tarde, Gresham School, abandonó el mundo de las complicidades infantiles y entró en un círculo ferozmente competitivo. El Royal College of Music era una escuela de excelencia y las preocupaciones de los alumnos eran ya las de los adultos, las de seres elegidos cuyos menores movimientos, cuyas producciones más modestas eran evaluados de un modo minucioso e implacable. En sus primeros años de escuela, en South Lodge, Britten había sido el líder de su clase en todos los campos. Amaba el deporte y la competición, pero sólo en la medida en que la competición respondía a un juego y no consistía en anular rivales en la vida. Había sido el primero en todo, desde las clases de música hasta las de matemática, para la que había mostrado dotes excepcionales. Practicó casi hasta su muerte el cricket, el tenis, la natación y el ciclismo, con la misma pasión que en la niñez. Empleaba, aún de adulto, la jerga de los colegios porque añoraba el paraíso perdido. Las expresiones de admiración, de condena o de asombro que utilizaba en su correspondencia con personajes famosos eran, a menudo, las que usaban los teen-agers de su época.
A los veinte años, Britten tuvo el primer deslumbramiento platónico con un niño de trece. Ese fue quizá el episodio más apasionado de una larga historia con chicos y uno de los más fructíferos desde el punto de vista musical. Durante unas vacaciones en Italia, en 1934, Ben conoció en Siena a Wulff Scherchen, hijo del director de orquesta Hermann Scherchen. Britten, encantado con ese chico sensible, apasionado por la música, alegre y con un agudo sentido del humor, prefería su compañía a la de los adultos, que sólo le hablaban de temas serios. El recuerdo de Wulff le inspiró la obra A Boy Was Born . Pero tan sólo en 1938, Britten y Wulff desarrollaron una amistad que los habría de marcar. El compositor invitó entonces al muchacho a su casa de campo cerca del mar. Jugaron al tenis y Britten se puso furioso cuando comprobó que Wulff era un pésimo jugador. Se había imaginado que el joven tendría el mismo nivel de juego que él, ex campeón de tenis, había tenido en la adolescencia. Esa reacción muestra hasta qué punto Britten buscaba en la amistad con los menores volver a una etapa pasada y, en cierto modo, inconclusa de su vida. Iba tras un espejo que le devolviera su propia imagen perdida.
Ese mismo día, por la noche, Ben tocó el piano para Wulff, que se sentó en el suelo para escucharlo. Interpretó Beethoven, el compositor que él prefería a la edad del muchacho. Y, de pronto, advirtió que éste no cesaba de llorar. La música y el hecho de que Britten tocara especialmente para él le arrancaron lágrimas de alegría y, al mismo tiempo, de una emoción profunda e inquietante. Décadas más tarde, a los 83 años, Wulff Scherchen volvió al molino de Britten para ser entrevistado por Bridcut sobre aquel pasado: la emoción lo embargó de nuevo. Recordó las numerosas visitas que había hecho a aquella casa y los encuentros que había tenido con Ben en Londres y en otras ciudades de Europa. Hoy, las cartas que los dos intercambiaron revelan la red de sentimientos de confusa ternura que los unía. Britten lo protegió durante la guerra y logró aliviar con sus influencias el período que Wulff, en su calidad de alemán residente en el Reino Unido, debió pasar en un campo de concentración de Canadá. Aquella correspondencia tiene, por un lado, una vertiente amorosa y, por otra, un tono paternal de parte de Britten, y el de un hijo o de un hermano menor, de parte de Wulff. Este asegura hoy, en su ancianidad, que nada sexual ocurrió entre ambos, aunque existía entre ellos una fuerte atracción.
Wulff Scherchen le inspiró a Britten varias obras, entre ellas, On the Frontier , música incidental que le encargaron Isherwood y Auden, y Young Apollo , pero cuando compuso esta partitura, Wulff ya no era un púber sino un joven de 18 años y la relación entre ambos había cambiado.
Britten volvía una y otra vez a los niños como a un manantial donde restauraba sus fuerzas. Recreaba en contacto con ellos los ritos de la pubertad con un respeto casi religioso. Jamás se permitía un gesto inconveniente. A menudo, los padres de esos chicos les entregaban a sus hijos para que él completara la educación de los púberes. Con frecuencia esos padres eran amigos de Britten y, a pesar de que en algunos casos la sospecha de algo indebido rozó sus espíritus, siempre terminaron por confiar en Ben.
A medida que la carrera de Britten cobraba vuelo y su nombre era citado entre el de los principales compositores del siglo XX, los rumores escandalosos acerca de su comportamiento abundaron. La envidia buscaba drenar su veneno. Pero la maledicencia era desmentida por los padres de las supuestas víctimas y más tarde, como ocurrió con Scherchen, por los niños ya convertidos en adultos.
Una sola vez hubo un episodio molesto. Ben era muy amigo del matrimonio compuesto por John y Jean Maud. Durante el período de composición de Peter Grimes , una de las óperas más hermosas de Britten, los tres compartieron muchas veladas durante las cuales el músico tocaba en el piano del matrimonio lo que componía. Los Maud tenían un hijo de nueve años, Humphrey, que contemplaba esas escenas con deleite. Cuando Humphrey cumplió trece años, Britten inició con él el mismo tipo de vínculo que lo había unido a Wulff. Llegó a dedicarles a él y a sus hermanos la hoy popularísima Guía orquestal para jóvenes . En cierto modo, parecía que Ben se hubiera convertido en el padrastro o en el tutor del pequeño, excelente celista, cuyos estudios guiaba. Pero John Maud empezó a ver con malos ojos esa amistad entre el adulto y su hijo, no porque hubiera advertido la menor señal de corrupción, sino porque la gente "hablaba" y Maud no podía ser sordo a esas habladurías, ya que era Secretario Permanente del Ministerio de Educación. A pesar de la confianza absoluta que Maud tenía en la integridad de Britten, le pidió que espaciara sus encuentros con Humphrey. Este, en la actualidad, piensa que su padre se equivocó y ofendió profundamente a Ben sin razón, por el qué dirán.
David Hemmings, el protagonista de la película Blow Up , de Michelangelo Antonioni, llegó a ser quizá el más famoso de los niños que inspiraron a Britten. En los años 50, el compositor estaba buscando a un chico que interpretara el papel de Miles en la ópera Otra vuelta de tuerca , basada en el cuento de Henry James. El 12 de diciembre de 1953, un niño coreuta de once años, con una cara angelical, enfrentaba sobre el escenario del Royal Court Theatre a Ben, que lo probaba para el codiciado papel. David tenía un bellísimo timbre de voz, pero no tenía mucho caudal, algo que Britten pensó acertadamente que podía remediar. Todos habían quedado impresionados por el magnetismo que irradiaba el niño. Pero el músico había notado algo que lo subyugó. Ese rostro de querubín, esa voz celestial eran desmentidos por la expresión de los ojos. Había en ese "inocente" un atisbo de impureza en la mirada. Era un matiz imperceptible, pero no para Britten. Además, David era ya a esa edad un actor formidable. Para entrenarlo, Ben lo instaló en su casa de campo y compuso la ópera sobre la base de esa voz y de esa mirada. El padre de David, un hombre más bien vulgar, le advirtió al hijo que Britten era homosexual. Hemmings, poco antes de morir, dijo que Ben jamás se había permitido el menor desliz con él. Por otra parte, confirmó que ya a los doce años él no era tan "puro": había tenido pequeñas historias con compañeritas y se sentía rabiosamente heterosexual. Quienes trataron al músico y a su intérprete en esa época coinciden en decir que bastaba ver a Britten junto a David para darse cuenta de que aquél estaba hechizado por el chico. En realidad, Ben adoraba en Hemmings a la encarnación del personaje que él componía sobre el pentagrama.
Hay una constante en la obra de Britten, que se hizo notoria en esa época. Cada vez que aparecen los niños en escena, nace el misterio, la sugestión y también cierto clima de peligro y de incertidumbre. Para subrayarlo, sobre todo cuando aparece un chico muy hermoso, el compositor usa una tonalidad especial, La mayor. En La mayor describe musicalmente al bellísimo Tadzio (personaje mudo) en su ópera La muerte en Venecia , que resume la trágica fascinación ejercida por los jóvenes sobre quienes se acercan al final de la vida.
David Hemmings contó a Bridcut que, de niño, se daba cuenta del poder que tenía sobre Britten. Sabía, además, que éste jamás se habría atrevido a hacer nada incorrecto. Se limitaba a idolatrarlo. Y David lo retribuía a su modo. Cuando lo encontraba después de unas semanas de ausencia, se precipitaba a sus brazos. Ese arrebato era tan espontáneo que nunca nadie vio algo impuro en ese gesto. El estreno de Otra vuelta de tuerca en Venecia fue un éxito. Pronto se organizó una gira internacional por las principales capitales europeas. Britten y David Hemmings eran ovacionados. Las implícitas referencias sexuales del texto de James parecían brotar, ambiguas, de los labios de David. "Britten siempre se había sentido intrigado por la corrupción o más bien por la desintegración de la inocencia, y ninguna de sus obras enfoca este tema tan directamente como Otra vuelta de tuerca ", explica Bridcut.
La voz rota
Hasta que sucedió algo imprevisto una noche de 1956, mientras la ópera se representaba en el Théâtre des Champs-Elysées, en París. En medio de "Malo", el aria más importante de Miles, David cambió la voz en escena. El ángel impuro se había convertido en hombre. Britten se enfureció y agitó la batuta, amenazante, hacia David. Hemmings nunca lo volvió a ver ni a hablar con él. Ben lo borró de su vida. "Yo ya era historia para él. Triste, ¿no? ", dijo Hemmings casi medio siglo después.
Una de las representantes de Britten, temerosa de que en algún momento éste se dejara llevar por los sentimientos que le suscitaban los niños y que él había sabido reprimir y sublimar hasta el momento, le sugirió que, en Sueño de una noche de verano , encomendara el papel de Puck a un actor joven pero adulto.
Britten siempre vio la caída de la noche como un momento de misterio, mágico y peligroso a la vez, según Bridcut. El universo onírico de Shakespeare le recordaba el de sus días de niñez. Lo último que hacía en esa época antes de dormirse era pensar en el problema de matemática que debía resolver al día siguiente. Estaba seguro de que, durante el sueño, encontraría la solución. Y ése era uno de los misterios de la noche. En Sueño de... hay un leit motiv en las cuerdas que sugiere la respiración de alguien que duerme. Bridcut encontró una carta de Britten a sus padres, cuando éste se hallaba en el colegio de Gresham, donde decía que lo cautivaban los sonidos de la respiración en el dormitorio común. "Había dos niños roncando en camas junto a mí; uno de ellos roncaba cuando inspiraba; el otro, cuando expiraba. Cinco o seis veces lo hicieron al unísono; después, gradualmente, perdieron el ritmo, y les tomó un tiempo volver a coincidir. Ese concierto me fascinó tanto que no podía dormir." Muchos años después esos ronquidos se convirtieron en una música desbordante de sugestión.
Los testimonios de aquellos niños inspiradores, hoy convertidos en ancianos, que Bridcut recogió para su documental y para su libro, revelan la influencia benéfica que Britten tuvo sobre ellos. También muestran hasta qué punto supo utilizar la fuente de sus deseos y la nostalgia de una época idealizada de su vida para crear obras de una belleza memorable. Para ello, supo mantenerse en delicado equilibrio al borde de un abismo desde donde contempló, con admiración, respeto y quizá temor, los tesoros maravillosos y vedados de la niñez perdida.





