Buscan difundir la historia de Ana Frank

Lo dijo el codirector del museo de Amsterdam
Jorge Rouillon
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26 de enero de 2010  

"Nuestro objetivo es que la mayor cantidad de gente posible sepa la historia de Ana Frank", dice el director del museo que en su casa de Amsterdam recuerda a la joven judía que pasó dos años allí encerrada con su familia por la persecución de los nazis a los judíos y murió de tifus y de hambre en un campo de concentración en 1945.

Kleis Broekhuizen, codirector de la Casa de Ana Frank en Amsterdam, dice que ese lugar es visitado por un millón de personas por año y que en abril próximo habrá una visita guiada virtual por Internet, que permitirá conocer con detalle el edificio y el ambiente donde ella, sus padres, su hermana y otras cuatro personas se escondieron.

En Buenos Aires, en Superí 2647, funciona el Centro Ana Frank Argentina, que en la última Noche de los museos registró en seis horas el paso de 1139 personas. Fue inaugurado el 12 de junio de 2009, el día en que Ana Frank, de quien queda su sonrisa en una foto de adolescente, hubiera cumplido 80 años.

Hace pocos días falleció a los cien años Miep Gies, empleada de la pequeña fábrica de Otto Frank, el padre de Ana. Con su marido y otros empleados, ella ayudó a esconder a su patrón y su familia en la parte trasera de la empresa: les llevaban alimentos, informaciones, aliento. El 4 de agosto de 1944, las ocho personas escondidas fueron denunciadas y detenidas por los nazis. Miep Gies encontró el manuscrito de un diario que llevaba Ana y lo guardó en su escritorio. Y se lo dio a Otto, el único que sobrevivió, cuando éste volvió después de la guerra. En 1947 el diario se publicó con el título La casa de atrás . Luego fue llevado al cine y traducido a 70 idiomas.

Broekhuizen asistió al sepelio de Mep Gies en el pequeño pueblo de Hoorn, Holanda, pocos días antes de conversar con LA NACION. "Era una mujer muy valiente. Lo que admiro más en ella es que después de que se hizo famosa, permaneció simple y humilde. Siempre dijo que era normal lo que había hecho en la guerra."

Broekhuizen compartió una tarde con jóvenes voluntarios que colaboran en el centro de la Argentina, que se suma, 15 años después, a otras sedes abiertas en Berlín, Nueva York y Londres. Una estudiante de 22 años, Jennifer Cohen, mostró unos videos que plantean dilemas éticos a los jóvenes visitantes, en temas como los tatuajes, el suicidio o la libre expresión. El centro local no pretende ser una réplica de la casa de Amsterdam, pero se han recreado dos habitaciones que evocan aquel encierro. Para entrar en ellas, hay que correr una biblioteca, como ocurría en la casa original.

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