
Caravaggio, luces y sombras
Una importantísima selección de pinturas del gran maestro del barroco italiano, procedentes de las mejores colecciones del mundo, se exhibió en el Prado y pasó luego al Museo de Bellas Artes de Bilbao.
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MICHELANGELO MERISI, conocido como Caravaggio, nació en 1571 en la ciudad que le dio el sobrenombre. Era hijo de Fermo Merisi y de Lucia Aratori, oriundos de la misma ciudad de Caravaggio, cerca de Bérgamo, donde el padre se ocupaba de administrar los bienes de Francesco Sforza, marqués de Caravaggio, casado con Costanza Colonna, de célebre e ilustre familia italiana.
Michelangelo fue el mayor de tres hermanos, el segundo de los cuales tomó hábito sacerdotal. La menor fue Caterina. Muerto el padre y tras huir de la peste, la viuda de Fermo se trasladó a Milán. Allí Michelangelo recibió sus primeras lecciones de pintura con un tal Peterzano, que seguía la escuela veneciana del Tiziano y sobre todo del Giorgione, lo que hace presumir que Michelangelo visitó Venecia para estudiar a esos grandes maestros in situ.
Muchas fueron las escalas y los desplazamientos del Caravaggio. En todas y cada una de ellas iba dejando testimonio de su genio de pintor y de su condición de pendenciero y duelista, lo que le valió persecuciones y disgustos: como pintor, por su carácter innovador, y como espadachín, por algunas muertes que le hicieron conocer más de una cárcel, y de la cual salía al poco tiempo gracias a la influencia de sus poderosos protectores.
Las obras maestras se sucedieron sin interrupción hasta su temprana muerte, en 1610, cuando escapaba de una de sus tantas agresiones, después de haber sido incorporado como Caballero de la Orden de Malta. Su final lo sorprendió en Porto Ercole, debido a una intoxicación que habría sufrido en el último bajel en que viajó.
La figura del Caravaggio pintor, que es el que a nosotros interesa, superó los obstáculos de una temprana incomprensión hasta llevarlo al pico de la fama en sus últimos años. No daba abasto para cumplir con todos los encargos que le llovían de fuentes privadas y del gran patrono de las artes de aquel entonces, la Iglesia Católica.
En la reciente muestra del Prado de Madrid, que luego pasó al Museo de Bellas Artes de Bilbao, se ha reunido una serie de obras de las más famosas, provenientes de las principales colecciones del mundo.
Así Los músicos del Metropolitan de Nueva York, donde un grupo de cuatro jóvenes de sin par belleza pulsan laúdes envueltos en túnicas maravillosamente logradas, en cuanto a colores y calidad de los paños.
No menos emocionante es el Sacrificio de Isaac , en que vemos a Abraham a punto de degollar a su hijo -al que tiene agarrado del pelo-, mientras su rostro se vuelve al Angel con sin par dulzura.
Impresionante es la Judith cortando la cabeza de Holofernes de la Galería Nacional de Arte Antiguo de Roma. Es difícil imaginar una escena más sangrienta, en la que el rostro de Judith apenas muestra un rastro de preocupación.
Dos son los trabajos con el tema de David y Goliath : el del Museo del Prado, donde David se agacha para tomar la cabeza de Goliath, y el de la Villa Borghese de Roma, donda David exhibe, ya cortada, la cabeza del gigante. Según la tradición, esa cabeza es un autorretrato del propio Caravaggio, y corresponde a la época en que el autor ya había sido desfigurado en uno de sus duelos. (Meditemos que para derribar al gigante a David le bastó una honda.) Notables son sus retratos de San Jerónimo, tema que cautivó a Rivera, y su Virgen de los Palafreneros , también de la Villa Borghese, que no se sabe bien por qué encontró rechazo por parte de quienes la encomendaron. Quizá porque la imagen de la Virgen no es suficientemente pía.
También en más de una oportunidad trató el tema de Juan Bautista, así como en múltiples ocasiones el de Cristo. Famosas son las imágenes de la Flagelación, del Museo de Rouen, y la Coronación de espinas, de la Casa di Risparmio di Prato, donde la magistral figura del hombre de los dolores padece la tortura a manos de "los que no saben lo que hacen". Una de las características principales del arte de Caravaggio es su manejo del claroscuro de fuertes contrastes, que fascinó a varios maestros de la pintura holandesa. Son estos contrastes los que agudizan la sensación de realismo que pocas veces alcanzó este grado de exaltación dentro de la historia del arte universal.
Hoy, parecidos efectos se buscan a través de instalaciones y del así llamado "arte conceptual", que para el ojo cándido también produce deslumbramiento por novedosos juegos de luces y de sombras. Tan sólo que lo que así se obtiene por las más sofisticadas de las técnicas, no penetra en la conciencia del observador como logra hacerlo el arte del Caravaggio. Y la razón no hemos de buscarla demasiado lejos. Una cosa es iluminar un ambiente con una luz eléctrica y otra iluminarlo con los destellos que emanan del propio corazón. Como diría Fierro: "Mucho ha habido que mascar/ Para echar esta bravata". Lo de Caravaggio es la bravata del genio, pareja a su bravura de hombre, espada en mano. Pero no nos olvidemos de Ingres: "El arte se conquista espada en mano". Quizá Caravaggio lo vivió demasiado literalmente.
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