
Catalejo: autoestima estafada
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El delito cibernético cambia de metodología y deberíamos agradecerlo. De aquellas nefastas llamadas de madrugada simulando secuestros de hijos o nietos, pasamos a sofisticaciones más románticas. Delinquir está mal y debe ser juzgado. No tengo dudas, pero no puedo negar que hay modalidades que le imprimen cierta ilusión a las potenciales víctimas. ¿Quién no anhela recibir un mensaje de WhatsApp o por las redes sociales de su estrella de Hollywood preferida pidiéndole auxilio? La ilusión puede más que el razonamiento. Creo que caería en la trampa si Kim Rossi Stuart (don Fabrizio Corbera, príncipe de Salina en El Gatopardo) me sorprendiera con un “ciao, ragazza”, en una mañana cualquiera. Aunque, pasado el instante de emoción, me preguntaría cómo hizo este guapo romano para hacerse de mi número de teléfono. ¿Tendría algún pariente en la “italianísima” Villa Bosch? Dudaría y mucho; sobre todo, si me contara que quiere conocerme o que está en apuros y necesita de mi auxilio financiero. No puedo negar que envidio a quienes tienen la autoestima tan alta que sin pensarlo dos veces transfieren dinero y se sientan a esperar ser el objeto del deseo que tanto han deseado.
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