Clásica y Moderna cumple 65 años

Fue fundada el 25 de mayo de 1938 por el librero y editor Francisco "Paco" Poblet
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24 de mayo de 2003  

Sólo un clásico puede vencer el azote del tiempo. Pero hay que ser moderno para pervivir sin obsolescencia. Mañana, al celebrar sus 65 años, la librería, café literario y restaurante Clásica y Moderna -Callao 892- mostrará que es posible ser actual sin perder la esencia. Natalia "Natu" Poblet, alma máter del negocio familiar, siente el reducto como parte de un destino que no eligió y al que, sin embargo, hoy ya no podría renunciar.

Cuando LA NACION le pregunta por qué se ha mantenido vigente este lugar durante 65 años, Natu Poblet dice: "Estoy convencida de que las cosas funcionan cuando ocurren en el momento indicado. Buenos Aires esperaba un lugar donde la gente pudiera juntarse y mezclarse".

Hija y nieta de gente vinculada con el libro y la industria editorial, Natu contradijo el futuro que su padre le había diseñado y optó por la arquitectura, cuando se esperaba que fuera librera. Cuando se graduó, su padre, un catalán que no se resignaba fácilmente, le regaló un libro en francés sobre los estilos arquitectónicos, con una dedicatoria profética: "Para mi querida hija, que va a continuar la tradición de su abuelo y de su padre".

Elegir el destino

Durante dos décadas, vivió entre tableros de dibujo y obras, hasta que uno de esos días cruciales, a principios de los ochenta, decidió darse una vuelta por la librería Clásica y Moderna. Y nunca más se fue. Su padre, Francisco "Paco" Poblet, y su hermano, del mismo nombre y apodo, estaban a cargo del local. Aquella librería vio pasar a Borges, Mujica Lainez, Bioy Casares y Pizarnik, entre otros nombres del olimpo literario.

Mientras se le amontonan las palabras y los recuerdos, Natu cuenta que abandonó la arquitectura y, junto con su hermano Paco -fallecido súbitamente hace casi cinco años-, tomó las riendas del reducto hasta convertirlo en esa cita ineludible de locales y turistas que Clásica y Moderna es hoy. Del mundo de las artes, la cultura y el espectáculo, los habitués famosos se acumulan sin cesar.

Este lugar tiene una historia en la que los hechos se entretejen sutilmente, como si existiera el destino. El abuelo Emilio Poblet Diez se vinculó a principios del siglo XX con un reconocido editor de la época, Saturnino Callejas, dueño del sello homónimo.

Mañana, durante la celebración del aniversario, se presentará "La cuna verde", un pequeño libro que es un avance de las memorias de aquel catalán cuyo sueño, al llegar en 1914 a la Argentina, era tener una librería. Y acometió el desafío de instalarla en una zona residencial de Buenos Aires: la avenida Callao. Así nació Librería Académica en 1916. En 1938, su hijo Paco decidió seguir sus pasos, que más tarde continuaron sus descendientes Natu y Paco (h.). Hasta los años ochenta, Clásica y Moderna fue una librería especializada en la mejor narrativa. Cuando decidió adecuarse al signo de los tiempos, le sumó una cafetería.

"Hacía falta una remodelación. Salíamos de los años de plomo, donde todo era silencio y oscuridad. Y yo quería incorporar presentaciones de libros, cursos, teatro, música. Había leído a muchos autores, pero no conocía personalmente a ninguno", recuerda Natu.

Culturalmente, la época daba para los encuentros intelectuales y el debate por la democracia que vendría. Así, se mezclaron Santiago Kovadloff, Juan José Sebreli, Abelardo Castillo, Liliana Hecker, Daniel Divinsky, Oscar Barney Finn, David Viñas, Mirta Arlt, Pedro Orgambide, Dalmiro Sáenz y otros nombres que apostaron a la amalgama de libros y gastronomía. Era un tiempo de bolsillos flacos para los Poblet. Martha Oyhanarte acudió presurosa en su axilio cuando supo del proyecto.

A mediados de los 90, la presentación del último libro y la despedida de los amigos del escritor Oscar Hermes Villordo -fallecido de sida poco después- fue uno de los instantes memorables del reducto. Como lo fue, hace cinco años, la despedida por Paco Poblet.

Al definir la vigencia de Clásica y Moderna, Natu dice: "Esta es mi apuesta de vida. Es muy difícil de definir. A lo mejor lo empezó mi abuelo en 1916. La cultura y la música laten con uno".

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