
Clima sórdido y macabro
GANARSE LA MUERTE Por Griselda Gambardo- (Norma)- 220 páginas-($20)
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Lo que ocurrió con esta novela después de su publicación por Ediciones de la Flor, en 1976, pudo haber sido un episodio más de la historia de represión y violencia desarrollada en sus páginas. Un decreto de la Junta Militar que detentaba entonces el poder dispuso el secuestro de los ejemplares con la excusa de que el libro lesionaba "la sociedad, la condición humana, la familia, las instituciones armadas y el principio de autoridad". El extenso informe con que la SIDE justificaba el acto de censura se transcribe en un apéndice que puntualiza y ejemplifica con citas textuales "un cierto tipo de inmoralidad con trasfondo subversivo". La medida incluyó, además, la clausura por treinta días de la empresa editora. Por lo tanto, la presente reedición ofrece a los lectores la oportunidad de acceder a una obra que muy pocos pudieron conocer en su momento.
Griselda Gambaro narra la historia de Cledy a partir de la muerte violenta de sus padres. Tiene quince años y una vecina la lleva a un patronato de huérfanos donde comienza a vivir una retahíla de horribles desventuras. No bien entra en el dormitorio común, contempla un montón de camas donde se hacinan niños de cráneo pelado y ojos duros y secos. Pronto sabrá que cuando hay excedente de criaturas, el director del establecimiento las abandona en una plaza suburbana o sobre las vías del tren.
Por ser una adolescente, Cledy es llevada a otro cuarto donde una mujer vieja se abusa sexualmente. El lascivo director y la severa celadora deciden al fin liberarse de ella y pasa de ser pupila del orfanato a propiedad de un joven con quien la obligan a casarse. Pero el cambio no representa una liberación sino la continuidad de las humillaciones. Debe soportar la intrusión pegajosa de los suegros, que se transformará después en sádico sometimiento, ante la complacencia del marido. Tendrá dos hijos pero el esposo ya no dormirá con ella sino con la madre, mientras el padre la acosa y castiga atándola con una cadena al pie de la cama.
La acción continúa siempre con un tono sórdido y macabro. La impiedad golpea crudamente a Cledy y a sus hijos pequeños, pero ella, con desilusionada amargura, no atina a defenderse pues sabe que "alguien tiene que pagar por todo, voluntaria o coercitivamente, alguien siempre paga por todos".
El clima opresivo, cruel, se matiza -o acentúa- con apuntes de humor negro y escenas que parecen propias del teatro del absurdo, en las que se alude mordazmente a la hipocresía y a la sevicia, al autoritarismo de los uniformados, así como pasajes que revelan la exacerbación de la perversidad en clave tremendista y grotesca. Los personajes, más que seres vivos, son representaciones genéricas, metafóricas, de una crueldad sistematizada. La tortura, el incesto, el crimen y la impunidad constituyen miserias humanas llevadas por Griselda Gambaro al plano de la ficción con un vigor expresivo que, curiosamente, el informe de la SIDE no dejaba de reconocer.




