Cobardía
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¿Qué queda mejor que no creer en nada y ver conspiraciones por todas partes? ¡Es imposible equivocarse! Si los demás no ven la conspiración es simplemente porque está muy bien articulada; incluido este breve texto, claro. Ahí ponés una sonrisa piadosamente superada y expresás, sin abusar, pobre gente, tu misericordia solidaria por personas que, víctimas de una hipnosis maliciosa –dirigida desde, bueno, todos saben desde dónde–, viven engañadas.
No creer en nada es igualmente infalible. Dejando de lado las causas políticamente correctas (salvo un par de excepciones que, por motivos bastante complejos que no analizaré aquí, son de otros), el escepticismo no falla. Si no creés en nada, nunca nadie te va a defraudar. Y, lo que es más importante, en caso de que eso en lo que no creías resulte más o menos cierto, siempre podés argumentar que o bien siempre creíste (porque mentir, para luchar contra el enemigo hegemónico y manipulador está permitido y es casi heroico) o bien que quienquiera que haya hecho las cosas bien no ha cumplido sino con su deber. Cartón lleno.
Así que, por si no se deduce más o menos directamente de las líneas previas, el no creer en nada y el ver conspiraciones en todas partes no es sino una forma de la simple, antigua y estéril cobardía.







