Collivadino, maestro de Quinquela: el artista que miró el progreso con nostalgia

Artistas en el taller. "Alejandro [Hidalgo], Rosarivo, Gigli, Basaldúa, Mazza, Collivadino [sentado], Molinari y Garc{ía", 1923
Artistas en el taller. "Alejandro [Hidalgo], Rosarivo, Gigli, Basaldúa, Mazza, Collivadino [sentado], Molinari y Garc{ía", 1923 Crédito: Archivo Collivadino
Hoy se cumplen 150 años del nacimiento del formador de una selección de pintores como Spilimbergo y Héctor Basaldúa; un libro rescata cómo era el trabajo en el taller del apodado "amigo de todos"
Daniel Gigena
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20 de agosto de 2019  

Hijo de un matrimonio de italianos, hace 150 años nacía en el barrio de Barracas Pío Collivadino, quien llegaría a ser maestro de una generación de grandes artistas argentinos. Lino Enea Spilimbergo, Miguel Victorica, Raquel Forner, Héctor Basaldúa, Geno Díaz y, en especial, Benito Quinquela Martín, al que la leyenda dice que descubrió, se formaron con él y heredaron su mirada de cronista social unida a un espíritu cosmopolita que se proyectó en el arte local a lo largo del siglo XX.

Por su parte, el creador de La hora del almuerzo -obra de 1903 que enriquece el acervo del Museo Nacional de Bellas Artes y que sentó las bases de una figuración sensible al mundo del trabajo y las clases populares- hizo como muchos otros artistas argentinos en el convulsionado cambio de siglo: viajó a Europa para profundizar sus conocimientos. Así, luego de estudiar dibujo en la Societá Nazionale de Buenos Aires, el hijo de un carpintero que pintaba casas y comercios en la zona sur de la ciudad se instaló en Roma. Corría 1889, tenía veintiún años y solamente llevaba una carta de recomendación y ahorros familiares.

"Iba dispuesto a enmendarles la plana a Rafael y a Miguel Ángel", recordaría el propio Collivadino con humor. En la capital italiana, asistió durante siete años a los talleres del Regio Instituto di Belle Arti. En los ratos libres, aprovechaba para recorrer la península con amigos como el pintor y fotógrafo italiano Adolfo de Carolis y el escultor uruguayo Juan Manuel Ferrari. Álbumes de croquis y una abundante correspondencia detallan los pasos del joven pintor porteño en tierras de los grandes maestros del arte.

Durante su estada en Italia, conoció a la mujer de su vida, Amalia. Además de integrar una red de sociabilidad con escritores, escultores, músicos y otros artistas, Collivadino se inició como fresquista y muralista. Entre otros trabajos, colaboró en la realización de los frescos decorativos de la Corte Constitucional de Italia, con sede en el Palacio de la Consulta, sobre la Plaza del Quirinale. En la práctica de esa tarea grupal nació su interés por los grandes formatos y las obras de arte público, que nunca decayó. Fue autor de los murales de la Catedral de Montevideo (hoy perdidos) y de las pinturas del techo del Teatro Solís, junto con el artista uruguayo Carlos María Herrera. En 1901, fue el primer artista argentino en la Bienal de Venecia.

De regreso en la Argentina, poco antes de las celebraciones del primer centenario de la Revolución de Mayo, Collivadino fundó, en 1907, el grupo Nexus, con artistas como Cesáreo Bernaldo de Quirós, Alberto Rossi y el impar Fernando Fader. Influidos por el impresionismo y el hispanismo, los pintores de Nexus proveyeron un registro de paisajes y costumbres populares que aún moldea la percepción artística. Al grupo, que no tuvo larga vida, se sumarían escultores como Rogelio Yrurtia y Arturo Dresco. Gracias a su carácter y su cosmovisión solidaria y comunitaria, Collivadino sería recordado como "el amigo de todos".

Escena de La hora del almuerzo
Escena de La hora del almuerzo Crédito: Museo Nacional de Bellas Artes

En el libro Collivadino (El Ateneo), Laura Malosetti Costa (que sería la encargada de organizar la muestra antológica del artista en el MNBA en 2013) define el estilo heterodoxo de "Don Pío" como un "equilibro inestable entre la aproximación afectiva y la plasmación de impresiones visuales". Viajero entre dos siglos, dos continentes y dos universos de las artes plásticas, captó como pocos la transformación de Buenos Aires de aldea a metrópoli.

Fue un gestor cultural avant le lettre. Por más de 30 años, dirigió la Academia Nacional de Bellas Artes (no sin conflictos con los estudiantes, que lo llamaban "il piccolo tirano"), así como también la Escuela Nacional Prilidiano Pueyrredón, que ayudó a crear, y el Museo de Calcos y Escultura Comparada. Se convirtió además en un destacado ilustrador y escenógrafo (de hecho, promovió la creación del Taller de Escenografía del gran teatro lírico) y, durante los carnavales, "vistió" la ciudad de Buenos Aires con diseños lumínicos y pinturas en carrozas y fachadas. Aún resta inventariar los techos e interiores de comercios que antes de viajar a Italia había pintado con su amigo Luigi Luzzi.

El espíritu del taller

"Collivadino fue una figura fundamental en la historia del arte argentino debido a su actividad como pintor, dentro de la cual se destaca su mirada sobre la transformación del paisaje urbano de Buenos Aires de comienzos del siglo XX", dice a LA NACION Carolina Vanegas Carrasco, doctora en Historia. Junto con la licenciada en Artes Nora Altrudi, estuvo a cargo de la edición de El taller de Collivadino (Unsam Edita), nuevo título de la colección Serie y Materia.

La publicación surge de la riqueza del Archivo del Museo Pío Collivadino, que desde 1982 se encuentra con el nombre del artista en Banfield (Medrano 165) y está a cargo de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. El museo reabrió en 2018, luego de una larga temporada de refacciones. "Durante diez años, ese acervo fue objeto de un proceso de investigación por parte de un equipo interdisciplinario de historiadores, restauradores, conservadores y químicos liderados por Malosetti Costa en Tarea-IIPC de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam) -señala Vanegas Carrasco-. Si bien en años anteriores se presentaron algunos resultados de este proceso en eventos académicos y muestras como la que tuvo lugar en el Bellas Artes en 2013, los procesos continuaron y se enriquecieron notablemente". El taller de Collivadino muestra en páginas ese proceso virtuoso de la formación profesional de investigadores a lo largo de los años.

En el libro, el lector encontrará textos y estudios sobre la paleta del pintor (a cargo de Mariana Buscaglia) y de la actividad de Collivadino en la decoración urbana para carnavales de Buenos Aires y de sus redes de sociabilidad en los "años romanos" (en los artículos de Catalina Fara y Giulia Murace, respectivamente). Algunos de los investigadores presentan avances en sus exploraciones del inconmensurable archivo del creador de Humo de trenes y Barrio de la quema. De María Isabel Baldasarre se publica un texto sobre la autorrepresentación del artista a partir de un conjunto de fotografías de Collivadino en diferentes momentos: como bohemio, pintor consagrado o funcionario público). Los textos están acompañados por reproducciones de pinturas, acuarelas, ilustraciones y fotos del "artista de la nostalgia".

Nora Altrudi, directora del Centro de Conservación, Catalogación e Investigación de Archivos y Fondos Bibliográficos Especiales del Instituto, presenta y analiza los desafíos de la clasificación, ordenamiento y descripción del corpus en el que, con su guía, trabajaron investigadores y becarios. "Precisamente, este es otro de los objetivos del libro: visibilizar la labor de un enorme equipo de personas que realizaron a lo largo de una década ponencias, artículos, muestras y, sobre todo, fortalecieron su formación sobre las especificidades del trabajo con archivos de artistas", agrega Vanegas Carrasco.

Vistas desde el umbral del siglo XXI, las obras, las ideas y la figura del artista que rastreó la luz única de Buenos Aires en esquinas y calles de suburbios, puertos, puentes, plazas y otros escenarios urbanos, resplandecen en las páginas de un libro.

La paleta, la técnica y la firma de un grande

El taller de Collivadino

Editorial: Unsam Edita

A cargo de: Carolina Vanegas Carrasco y Nora Altrudi

Un lugar

El libro contiene material del Archivo del Museo Pío Collivadino, que funciona en Banfield, a cargo de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, y que fue reabierto el año pasado luego de un período de refacciones

Una investigación

Ese acervo fue analizado durante diez años por historiadores, restauradores, conservadores y químicos liderados por Laura Malosetti Costa en Tarea-IIPC de la Universidad Nacional de San Martín

Para agendar

Este jueves a las 18:30, en la sede de Academia Nacional de Bellas Artes (Sánchez de Bustamante 2663, 2° piso), se realizará un homenaje a Pío Collivadino, que fue Académico de Número desde la fecha de la creación de esa institución. Las conferencias estarán a cargo de María Isabel Baldasarre, Mariana Buscaglia y Laura Malosetti Costa.

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