
Compleja incertidumbre
LA REBELION DE LAS FORMAS Por Jorge Wagensberg-(Tusquets)-318 páginas-($ 48)
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La divulgación científica es un arte difícil, sea en manos de científicos que no son divulgadores o de divulgadores que no son científicos. El problema fundamental de la divulgación es el supuesto de que las teorías científicas son complicadas y que "divulgarlas" significa simplificarlas, hacerlas accesibles hasta el colmo de la chatura. Según este supuesto, las teorías científicas son entidades que no habilitan a ningún ensayo creativo por parte de quien divulga. Sin embargo, muchos de los mejores ejemplos de libros de ciencia accesibles al público no científico -y que son también libros centrales en la historia de la ciencia- pertenecen a científicos que se tomaron la libertad de salir de sus disciplinas para entrar en otras haciendo gala de una gran creatividad. Baste citar los casos de La imagen de la naturaleza en la física actual, libro de filosofía del físico Werner von Heisenberg, o ¿Qué es la vida?, libro de biología del físico Erwin Schrödinger.
La rebelión de las formas. O cómo perseverar cuando la incertidumbre aprieta, el libro del epistemólogo catalán Jorge Wagensberg, pertenece a esta familia de obras. La inspiración del texto fue una exposición sobre la presencia de "la forma" en la naturaleza inanimada y en los seres vivos realizada en el Museo de la Ciencia de la Fundación "la Caixa" de esa ciudad, que lo tiene como director.
El primer punto de la teoría de Wagensberg es la definición de forma y función, y de su relación. Para ello distingue las propiedades básicas de los objetos, sean inorgánicos u orgánicos, humanos o artificiales. Las propiedades interiores son la estructura y la composición; las exteriores son la inteligibilidad, la frecuencia, la diversidad y la función; las de la frontera son la forma o el tamaño. Se puede elaborar cualquier teoría según se elija una pareja o tríada de propiedades para relacionar. Wagensberg toma una propiedad exterior, la función, para relacionarla con una propiedad de la frontera, la forma. La forma permite comprender la función, "aporta inteligibilidad para comprender un objeto".
Comprender la relación entre forma y función supone, para Wagensberg, ampliar el alcance de la teoría de la selección natural, tan discutida en las ciencias naturales como en sus aplicaciones en las ciencias sociales. Según este segundo punto de la teoría de La rebelión de las formas, "lo que existe, existe porque ha superado alguna clase de selección. Superar una selección equivale a superar una prueba de compatibilidad con el resto de la realidad. Equivale a ganar una baza de permanencia. Llamaremos ?función´ a esa ganancia". De este modo, ciertas formas cumplen ciertas funciones mejor que otras y eso explica su frecuencia de aparición en los mundos natural, social o artificial. En la segunda parte del libro, Wagensberg demuestra que la esfera protege, el hexágono pavimenta, la espiral empaqueta, la hélice agarra, la parábola emite y recibe, la onda desplaza, la punta penetra, la catenaria aguanta y el fractal coloniza.
Ahora bien, ¿cómo se generaliza la teoría de la selección? Aquí Wagensberg hace gala de ingenio para vincular este problema con el de la incertidumbre y la complejidad -conceptos estrella de la ciencia contemporánea- y al mismo tiempo evitar los reduccionismos que acechan en este tipo de aventuras. La premisa básica es que cualquier realidad consiste en la relación entre una individualidad y un entorno cambiantes. La complejidad alude al carácter cambiante de la individualidad; la incertidumbre, al del entorno. Cuanto más compleja sea la individualidad, más podrá reducir la incertidumbre del entorno.
A partir de este supuesto ya conocido, Wagensberg hace una gradación de las selecciones que operan en el mundo según las variables de complejidad e incertidumbre. En el mundo de lo inerte, las individualidades pueden aspirar como máximo a sus estabilidades internas, como una piedra que resiste la erosión del mar. El proceso para adquirir la estabilidad es la "selección fundamental". En el mundo de lo vivo, ya no existen individualidades sino individuos que adquieren un mayor grado de independencia gracias a la adaptación. En vez de resistir, los animales pueden reaccionar a los cambios del entorno buscando o gestando un entorno mejor. El proceso para adquirir la adaptación es la famosa "selección natural". En este punto, Wagensberg mantiene una fuerte discusión con el paleontólogo Stephen Jay Gould -otro de los científicos-divulgadores de lujo que tuvo el siglo XX- en torno a la relación entre progreso y evolución. Por último, en el mundo de lo social y lo cultural, los individuos pueden anticipar la incertidumbre a través de la creatividad. El proceso para adquirir la creatividad es la "selección cultural". Luego, como si la secuencia de selecciones perdiera intensidad, Wagensberg salpica el libro de otras selecciones no tan bien explicadas ni relacionadas como la "selección artificial", la "selección colectiva" o la "selección matemática".
Pero el libro no se limita a este juego. También incurre, por ejemplo, en disquisiciones acerca de Spinoza para explicar la perseverancia de las formas o, como dice elegantemente Wagensberg, "para dar una fina pátina de solera filosófica a nuestra generalización del concepto de selección". Sin embargo, lo más notorio es la reflexión epistemológica final, donde el autor difumina los límites entre naturaleza y sociedad (la belleza, por ejemplo, es uno de los criterios de cualquier selección y es buscada tanto en el mundo cultural como en el natural) y dentro de la sociedad, entre arte y ciencia, "dos formas de conocimiento con distinto método". Con esta reflexión y con la frescura y elegancia que ya exhibió en libros anteriores, Wagensberg intenta asir lo que le genera la presencia y persistencia de las formas en este universo. Lo generado es el espejo de aquella capacidad que la ciencia debe recrear sin cesar para seguir existiendo: la capacidad de asombro.




