
Conceptualismos y paraísos perdidos
Jorge Macchi exhibe sus objetos e instalaciones, reflexiones sobre el azar y el destino. Además seis artistas cubanos muestran, con cinismo e ironía, los problemas de la insularidad y de un pasado supuestamente dorado.
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LAS obras de Jorge Macchi (Buenos Aires, 1963) siempre son silenciosas, recatadas, intimistas, sutilmente poéticas.
Macchi comenzó a exponer en 1986 en Buenos Aires. En la década del noventa trabajó y expuso en diversas ciudades europeas. En 1994 lo hizo individualmente en París y, un año después, se presentó con el chileno Arturo Duclos en la John Hansard Gallery de Southampton, Inglaterra. Más tarde exhibió sus obras en Londres y en México. Este año, su muestra "Incidental music" se exhibió en la University Gallery de la Universidad de Essex.
Macchi es un artista incansablemente nómade, un típico exponente de los procesos de globalización. Pero no es inmune a la situación. Cada país, ciudad, barrio, calle, casa o taller en los que trabaja, siempre transitoriamente, es un dato inseparable de sus obras. La excelente muestra que Macchi presenta en la galería Ruth Benzacar (Florida 1000), se titula, como la de Essex, "Música incidental".
La obra que presta su título a la muestra es una instalación compuesta por tres grandes páginas de partituras, aparentemente vacías. Pero lo que en una primera lectura parece ser tan sólo las líneas de los pentagramas es, en realidad, un conjunto de textos tomados de periódicos locales, pegados de manera tal que conforman las líneas. Las noticias utilizadas por Macchi se refieren a accidentes y asesinatos de gente común, anónima. El espectador puede colocarse unos auriculares, que cuelgan frente a la partitura, para escuchar una pieza musical compuesta sobre la base de los espacios en blanco (puntos) de la partitura.
Otra de las piezas expuestas, Vidas paralelas, se compone de dos cristales: uno fracturado azarosamente y, a su lado, otro, con idéntica rotura, pero realizada manualmente como un "simulacro". La misma idea de recrear deliberadamente un resultado azaroso (en rigor, irrepetible) sustenta la pieza donde se presentan dos cajas de fósforos, cuyos contenidos respectivos han caído. Mientras que en la primera, la distribución de los fósforos caídos obedece al capricho del azar, en la segunda, es fruto de la decisión del artista, que elige remedar el efecto. Accidente en Rotterdam muestra también una escena irrepetible, que desaparece en segundos, documentada fotográficamente.
La mayoría de las obras muestran accidentes: vidrios rotos, autos chocados, fósforos caídos, noticias de muertes y de violencia, protagonizadas por seres anónimos. Pero, mediante el juego de reiterar lo irrepetible o fijar lo transitorio, el artista desmonta el sentido trágico del azar, convirtiéndolo en un "simulacro".
La Isla a flote
Es bien sabido que los artistas cubanos de las décadas del ochenta y noventa rompieron con el aislamiento del arte de su país. Estos años significaron, junto con la quiebra de las convicciones ideológicas, el fin de la cerrazón a la información internacional. Esto se puede advertir en la muestra presentada con el título "La Isla a flote" en la galería Der Brücke (Paseo de la Infanta, Arco 10, Av. Del Libertador 3883). A pesar de ello, estos artistas no pueden dejar de reflejar los avatares de sus orígenes culturales, sobre todo, de las raíces africanas y europeas. Abundan también en sus pinturas y grabados las reflexiones sobre las ideologías, el poder, la política, el sexo-poder, el exilio, el dólar y el kitsch.
Sus obras hablan de la pérdida del paraíso prometido. En todas ellas prevalece una concepción ligada a la posmodernidad, en una clave muy libre del neoconceptualismo. Es notorio el peso de la "idea".
Belkis Ayón, Esterio Segura, Ibrahim Miranda, Aimée García, Sandra Ramos y Carlos Montes de Oca, nacidos entre 1963 y 1970, integran una promoción que manifiesta críticamente su visión de la realidad. Todos lo hacen con cinismo e ironía pero, como dice Marylin Sampera Rosado, curadora de la muestra, sin dejar de pensar en la necesidad de exhibir siempre "la cubanía".





