"Consolidar la casa que él edificó sobre roca"
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Las múltiples celebraciones que se realizaron ayer en conmemoración de los 150 años de la muerte del General San Martín comenzaron por la mañana con un oficio religioso en la Catedral Metropolitana. Allí, el presidente, Fernando de la Rúa, y el vicepresidente, Carlos Alvarez, depositaron una ofrenda floral al pie del mausoleo que guarda los restos del Libertador.
Durante la ceremonia, el arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, monseñor Jorge Bergoglio, efectuó un llamado a la sociedad a valorar "los gestos y las doctrinas de San Martín, convencidos de que por ese derrotero seguiremos consolidando la casa que él edificó sobre roca".
El primado también hizo un llamado a la dirigencia política a "tomar de la grandeza" del Libertador para "que nos salve de nuestra pequeñez".
Añadió que "la vida de este hombre, dirigente nuestro, nos habla de grandeza, de lucha, de renuncias, de esa voluntad férrea de querer edificar la casa sobre roca".
"Esto es lo que le pedimos al Señor en esta conmemoración-concluyó-: que no olvidemos al Padre dela Patria, que la edificó sobre roca. Imitando su vida, sigamos por su camino y que el Señor nos conceda esta gracia."
Bergoglio insistió en recordar las condiciones en que San Martín concluyó su vida e instó a los ciudadanos a "imitar su fe".
De la Rúa y Alvarez estuvieron acompañados por sus esposas -Inés Pertiné y Liliana Chiernajowsky, respectivamente- y por casi todo el gabinete nacional. También estuvieron el jefe de gobierno porteño, Aníbal Ibarra; la vicejefa, Cecilia Felgueras; la ministra de Desarrollo Social y Medio Ambiente, Graciela Fernández Meijide; el ministro de Defensa, Ricardo López Murphy, y los jefes de la Fuerzas Armadas y de seguridad, así como integrantes del cuerpo diplomático acreditado en el país.
La Catedral Metropolitana, que custodia el mausoleo de San Martín, editó un folleto donde se señala que "los argentinos del año 2000 le debemos este homenaje al Libertador".
La publicación subraya la necesidad de "tratar de hacer de nuestra patria una nación fuerte y próspera y, sobre todo, destacada en los valores morales, espirituales y desinteresados. Esta es la nación que San Martín nos legó con su vida".



