
Contar la cuadra de enfrente como si fuera el mundo
Roberto Fontanarrosa es uno de los historietistas y escritores más importantes y populares de la Argentina. En esta conversación, se refiere a sus tiras, cuentos y novelas, seguidos por lectores ávidos de descubrir el paraíso y el infierno en la trama en apariencia inocente de la vida cotidiana
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No. Fontanarrosa -Roberto Fontanarrosa, dibujante, escritor- no se parece a ninguno de sus más conocidos personajes de historieta. Nunca vivió en un rancho. Tampoco fue perseguido por un malón ni peleó en Vietnam. No sabe disparar armas. No tiene idea de cómo tratar con la mafia. Y no, no les pega a las mujeres.
Roberto Fontanarrosa es un dibujante pacífico, tímido y aquerenciado en Rosario, la ciudad donde nació un día de 1944. Nació en el ombligo de ese mundo más o menos apacible llamado clase media argentina. Pero algo pasó. Una mala combinación genética, o simple mala suerte, y al hombre le creció una herida letal: la timidez. ("Tímido mal. Una de esas personas para las cuales es una tortura ir a comprar un chicle al kiosco.")
El fútbol, los libros de la colección Robin Hood y las historietas que dibujaba en soledad obraban de consuelo a la llaga de la timidez. A lo mejor porque no podía andar así, tan tímido, por una ciudad tan chica, abandonó la escuela en tercer año. "Y mi viejo me conectó con una agencia de publicidad, actividad que yo jamás había tenido en mis planes -cuenta y hace una pausa-. Bah, yo no tenía planes". Sin planes, pasó esa primera juventud trabajando en publicidad en público, dibujando historietas en privado. Los planes llegaron poco después, con una pequeña ayuda de los amigos. Y fueron planes que le duraron toda la vida.
El plan del tímido
En 1968 sus amigos -escritores, periodistas- lo animaron a publicar sus dibujos en una revista local llamada Boom , pero fue después de 1973 cuando Roberto Fontanarrosa puso las bases de su obra. Y esa obra es una obra rara. Un universo formado por personajes de tinta, más de diez libros de relatos y tres novelas. Una obra mixta y popular. Y más raro aún: la obra de Roberto Fontanarrosa -toda la obra de Roberto Fontanarrosa- tiene el respeto casi unánime de la crítica, sus pares, y los lectores. "Supongo que la gente me conoce más por los chistes, tengo esa especie de plus publicitario. Se supone que soy un escritor popular, no porque yo me proponga eso. Yo escribo llano porque como lector no me gustan las cosas complicadas. Y como escritor me sale así."
No siempre le salió tan llano y popular. En 1972, la revista Tinta , de Rosario, publicó una historieta firmada por Fontanarrosa. El protagonista era un agente secreto, cruza de Los vengadores y James Bond, llamado Ultra. Onírico y trazado en línea fina, Ultra era todo vacío allí donde Boogie era barba de tres días, había la búsqueda infructuosa de alguien llamado Helotro y una explosión final con forma de árbol, reminiscencias marca Quino y demostración de que Fontanarrosa era ya un gran dibujante. Pero a Fontanarrosa Ultra no le gusta. "Ultra tenía una cosa muy simbólica que a mí no me gusta. Yo prefiero trabajar sobre nombres y apellidos. No sobre alegorías. Helotro, el Mayúscula. A mí nunca me gustó la ciencia ficción. Esas historias que empiezan en Orión en el año 4020. Dejame."
Ese, 1972, fue también el año en que publicó su primer libro de relatos. Y si Ultra fue lo más extraño que hizo en historieta, su primer libro de relatos fue, a diferencia de sus libros posteriores, un libro oscuro. Muy negro. Se llamó Fontanarrosa se la cuenta y fue reeditado, años después, por de la Flor con el título Los trenes matan a los autos . A decir verdad, este título a la Cronenberg le hace más honor. Los relatos de Los trenes... parecen una venganza: la venganza del tímido. Hombres atrapados en el tedio de un sábado a la noche cuyo único programa consiste en despanzurrar cascarudos a zapatazos, señores que sangran voluntariamente hasta que un día no pueden -no quieren- detener la sangría, niños vejados por la indiferencia y la inoperancia de sus padres. "Puede ser. No sé. Ahora que lo decís... era un poco oscuro. A lo mejor estaba leyendo mucho a Pavese, que me llenaba de una desazón impresionante. Pero yo tenía esta timidez feroz. Y posiblemente por ahí se colaba cierta tendencia a la oscuridad".
Boogie, Inodoro, todo lo demás
En 1973, y con diferencia de meses, creó dos de esos personajes de historieta inoxidables: Boogie, el aceitoso e Inodoro Pereyra. Booggie nació en 1973 y fue lanzado al mundo en las páginas de la emblemática revista de humor Hortensia . Era un matón misógino, homofóbico, cruza de búfalo y de Brando, capaz de venderles drogas a los niños siempre que pagaran bien. Murió de muerte natural -es decir, de olvido- un día de 1998 cuando su autor, harto de él, decidió no volver a dibujarlo. El otro, telúrico y renegado, gaucho prestidigitador del idioma, sigue en pie: el pasado mes de abril Fontanarrosa presentó, en la Feria del Libro, el volumen número 27 que reúne las tiras de la historieta gauchesca. Si éstos fueran los años 50 y todavía alguien en la Argentina considerara a la historieta y el humor gráfico una de las formas de las bellas artes, Inodoro Pereyra sería una obra imprescindible para comprender un par de cosas acerca de la argentinidad, y Boogie tendría algo que decir sobre la condición -la miseria- humana.
"Como asegura un amigo psicoanalista, todos llevamos un Boogie adentro, pero yo sería el antiboogie. Aunque uno quisiera tener la impunidad o la capacidad de violencia y de no arrepentimiento de este tipo. Tampoco tengo nada que ver con Inodoro. Tengo un componente rural, pero no viví en un rancho. Tampoco Bradbury, que escribió las Crónicas Marcianas , era marciano, y me parece que ni siquiera salió del planeta."
Fontanarrosa no necesitó salir de Rosario para crear su galaxia. Desde allí devino historietista nacional (en 1973 empezó a publicar sus dibujos en el diario Clarín ) y no dejó nunca de escribir. La timidez fue apagándose como un enemigo agotado apenas descubrió que había algo en lo que era bueno: el dibujo. En todos estos años, publicó tres novelas ( Best Seller , El área 18 y La gansada ) y diez volúmenes de cuentos, entre otros, No sé si he sido claro , El mundo ha vivido equivocado , La mesa de los galanes , Una lección de vida , Te digo más y Usted no me lo va a creer , el último de ellos, publicado por Ediciones de la Flor y presentado en la última Feria del Libro.
"No sé cómo fue que escribí todos esos libros -confiesa-. Primero tengo una obligación, la de entregar los chistes. Después, si tengo tiempo, me siento a escribir. Lo que me desvela, tanto en los dibujos como en los cuentos, son las ideas. Encontrarlas." Encontrar ideas, dice Fontanarrosa. Y el pánico de no encontrarlas. Pero no habría que preocuparse. Hasta ahora, Rosario viene siendo su perfecta musa.
El triunfo de la realidad
Mientras que en la historieta Fontanarrosa creó dos personajes que poco tienen que ver con la realidad, su obra literaria refleja un mundo tan real como imaginar se pueda. Aunque sus historias trepen hasta la más refinada de las formas del absurdo, la parodia y lo fantástico (como la nena que descubre que puede caminar sobre el agua en "Caminar sobre el agua" o la tía anciana que disminuye de tamaño según pasan los días hasta desaparecer en "Tía Nela", cuentos de Te digo más ), parten de una descripción minuciosa y posible de personajes que podrían vivir en la casa de al lado. Su último libro contiene el acostumbrado bestiario de pago chico, aderezado con parodia, delirio y mucho humor para que todo sea más (in) soportable: padres carcomidos, madres peores, talentos aplastados, mujeres ruines o bellas o las dos cosas, personajes de pueblo triste que respiran, viven y comen en gris oscuro (como el solterón que vive con su madre, acomplejado porque no tiene sombra, de "El Asombrado").
Están también esos irritantes personajes negadores de lo más evidente (la mujer que, tras treinta años de matrimonio, descubre que su marido es ciego en "Una noticia que sorprende"), hombres tímidos que permanecen mudos hasta la humillación ante la mujer de sus sueños ("¿Nunca has corrido detrás de un imposible?"), la arbitrariedad del poder, el enfrentamiento sordo de clases (como la dueña de casa que le pide a su mucama que mire la telenovela por ella en "Abrazarte así"), el tiempo que todo lo degrada y los seres dignos de amor que se convierten en monstruos (como la pareja consolidada que invita a cenar a dos solteros para presentarlos y termina peleándose malamente en "Una noche en lo de Nela y el Gordo"). Sin embargo, no hay nada de ese mecanismo de observación y creación que al autor le parezca admirable, digno de asombro. "Trato de fijarme un punto mínimo de calidad. Con los libros yo tengo la teoría del c. d. Hay dos temas fuertes, uno le da título, el otro es el hit , y los demás acompañan. También me gusta un tipo de ficción en el que finjo una ilustración tremenda que no tengo. Agarro una enciclopedia y copio."
Copiando nombres y datos, escribió historias como "Pilín y Bernarda", uno de los cuentos de Usted... que tiene como telón de fondo un siglo XIX que no existe y cuenta la absurda historia de amor entre un indio y su raptada de alcurnia. En "Julito" aparece, en cambio, una de esas erizantes familias disfuncionales by Fontanarrosa, el equivalente literario de "una que sepamos todos": todos conocen o padecen una familia así. "Julito" pone en blanco sobre negro una de las miserias más caras a la clase media: la doble moral. "Uno dice no, tal cosa no la hago. Pero ¿si te ofrecen dos millones de dólares? No son situaciones originales, están dando vueltas, y me parecen dramáticas y limpias."
Nacido historietista y tímido, Fontanarrosa devino alguien capaz de hacer de lo cotidiano su materia prima para construir infierno y paraíso. Alguien a quien los críticos califican como uno de los mejores escritores argentinos, capaz de desplegar una galaxia de historias y personajes que brotan del patio de su casa. En Rosario. "En ningún lugar la paso mejor que en Rosario. Tengo mis amigos, el fútbol. La hora y media que en Buenos Aires me tomaría ir de mi casa al trabajo, en Rosario me la paso tomando café con amigos."
Cuando la furia de capitales como Buenos Aires alimenta la superstición de que todo lo que sucede sucede en sus calles o no sucede, Fontanarrosa elige quedarse lejos. En el lugar que lo hizo lo que es -un escritor- y donde puede seguir contando la cuadra de enfrente como si contara el mundo.
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