Contra la certeza occidental
PERROS DE PAJA Por John Gray-(Paidós)-Trad.: Albino Santos Mosquera-200 páginas-($ 44)
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John Gray, autor de influyentes libros de teoría política como Falso amanecer o Las dos caras del liberalismo, profesor de Pensamiento Europeo en la London School of Economics, tiene en Perros de paja. Reflexiones sobre los humanos y otros animales un blanco sobre el que tirar: la tradición occidental, sus grandes nociones filosóficas y la falsa creencia, según él, de que los hombres son distintos y superiores a los animales. Con ese fin, este tratado filosófico antihumanista recurre, en primer lugar, a la biología evolutiva, la sociobiología y la psicología cognitiva. En este terreno, Gray presenta sus argumentos como presupuestos, casi como axiomas, con lo que resulta a la vez brillante y oscuro.
Más interés tiene el decidido asalto que realiza, al poner en jaque todos sus conceptos básicos, a la filosofía occidental. Sus dardos están principalmente dirigidos contra la idea de progreso, heredera -según él- de la creencia cristiana en la salvación. Desde la Ilustración no buscamos la vida eterna sino el control de la naturaleza a través del trabajo y de la producción. ¿Qué haremos ahora que el trabajo (que era desdeñado por los antiguos y por los orientales) está desapareciendo? ¿Qué haremos con la idea de que nuestra vida apunta a una carrera profesional que dota de sentido a nuestras vidas? ¿Entregarnos a la ciencia -la última verdad- y a la tecnología, nuevas anclas de salvación y de distracción, que reemplaza ahora la producción? ¿No será hora de reconocer que la vida no tiene sentido alguno -no más que el de las amebas, anota Gray- y olvidar de una vez por todas la creencia en que la especie humana tiene un sentido y un destino?
La humanidad como tal, sostiene, no existe; sólo hay seres humanos movidos por necesidades contradictorias, sujetos a toda clase de trastornos de voluntad y de juicio. Abandonemos pues la idea de sentido y el afán de cumplirlo comportándonos como Sísifo. Como bien sabía Hume, el yo no existe. Es sólo una pauta organizativa semejante a la de las colonias de insectos. Sólo somos fragmentos, añade Gray, cambio constante, animales que buscan no realizar valores, sino saciar sus necesidades. Pero la creencia en el yo (que se entronizó con la conciencia teorizada por Descartes) no sólo es falsa sino que nos hace infelices porque no nos podemos librar de esa cosa inexistente. "Este es el error humano primordial en virtud del cual pasamos la vida como en un sueño", sostiene el filósofo inglés.
También debe echarse abajo la idea de voluntad (que en Kant sostiene al edificio de la moral). En realidad no decidimos nada de lo que funda nuestra vida: dónde nacemos, qué padres tenemos, qué soñamos. Y en cuanto al carácter, Gray resalta con ironía que ya Freud sabía que ser buenas o malas personas es mera cuestión de suerte, puesto que la infancia determina nuestra vida. Tampoco vale ya la idea de libre albedrío, eje de nuestra moral. Somos hechos de casualidad y de necesidad: "Algunas veces nos parece que nuestros pensamientos son hechos que nos sobrevienen y, otras, que son nuestros actos mismos. Nuestra sensación de libertad se activa al pasar de uno a otro de esos ángulos de visión. El libre albedrío es, pues, una ilusión creada por la perspectiva".
Si no somos libres, entonces, ¿para qué torturarnos con el peso de la responsabilidad? Si no podemos elegir casi nada, nuestro culto a la libertad de elección es erróneo y autodestructivo. Es un fetiche de nuestra cultura anacrónicamente humanista. Otras civilizaciones cifraban la vida en algo distinto a la acción y la elección. Los griegos, por ejemplo, buscaban la sabiduría en la filosofía. Los orientales, desprovistos de la dictadura del yo y de la conciencia, entienden la ética como una habilidad para deslizarse por los acontecimientos, no para doblegarlos ante una voluntad hecha de determinación obstinada y desesperada. La ética es para el taoísmo no la búsqueda del bien, sino la destreza de actuar desapasionadamente ante las situaciones: "El ser humano más libre no es el que actúa según los motivos que él mismo ha elegido, sino el que nunca tiene que elegir. En lugar de dar vueltas y más vueltas a las alternativas, responde sin esfuerzo a las situaciones tal y como surgen".
Perros de paja es, en suma, un trabajo desafiante, que incita a repensar las certezas de nuestra cultura con vistas a que, desprovistos de finalidad y de esperanza, seamos más libres.
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