
Contribuciones del Vivo Dito y la Panflecosa
Los aportes de Greco, Santantonín y Renart a las estéticas heterodoxas del objeto y las acciones
1 minuto de lectura'
En Buenos Aires, el informalismo se convirtió en el motor de un desarrollo artístico notable en los años iniciales de la década del sesenta. Las primeras manifestaciones fueron la exposición Arte Destructivo, presentada por Kemble y sus amigos; el Vivo-Dito de Alberto Greco; el Arte-Cosa de Rubén Santantonín y el Integralismo Bio-Cosmos de Emilio Renart.
En marzo de 1962, con actitud provocativa, no sin ironía, Alberto Greco (1931-1965) presentó la Primera Exposición de Arte Vivo. Para ello encerró al escultor Alberto Heredia en un círculo de tiza dibujado en el piso y luego lo "firmó" como si fuera una obra de arte. Reiteró esas acciones en su peregrinación por Europa y América. Señaló y firmó ancianas y cabezas de cordero en París; vendedores ambulantes, mendigos y campesinos en España; lustrabotas y otros personajes en Buenos Aires.
Greco comenzó en esa época a interrogarse sobre el futuro de la obra de arte, como lo señaló en el "Manifiesto del Arte Vivo-Dito" (1962). Entre otras cosas, declaraba en ese texto: "El arte vivo es la aventura de lo real. El artista enseñará a ver no con el cuadro sino con el dedo. Enseñará a ver nuevamente aquello que sucede en la calle. El arte vivo busca el objeto, pero al objeto encontrado lo deja en su lugar, no lo transforma, no lo mejora, no lo lleva a la galería de arte". Es evidente que en esa época no creía demasiado en las posibilidades de la pintura. En una carta a su amiga Lila Mora y Araujo afirmaba: "La pintura desaparecerá. Por esto mismo, digo con toda certeza que la pintura terminó su ciclo con el cuadro azul de Yves Klein".
Luego de exponer en Madrid, Greco retornó a Buenos Aires en noviembre de 1964. Su objetivo era presentar una acción de Arte Vivo. La organizó de inmediato con el apoyo de la galería Bonino. En la tarjeta de invitación para la experiencia se anunciaba: "Mi Madrid querido. Pintura espectáculo Vivo-Dito. Con la colaboración del famoso bailarín español Antonio Gades". El 9 de diciembre, en la primera sala de la galería, estaban colgados dos cuadros que representaban decadentes odaliscas; debajo de cada tela, unos pequeños carteles señalaban: "Mi tía María del Rosario Greco" y "Mi tía Ursulina Greco". Un par de pintorescos lustrabotas, que a diario trabajaban en la calle Florida, estaban sentados de espaldas a dos telas blancas con bastidor, rodeados de sus betunes, tintas y cepillos (la propuesta era "firmarlos").
Greco arribó a Bonino con disfraz de almirante y arrojó sobre la concurrencia claveles: también distribuyó banderines con la efigie de Palito Ortega. Luego leyó un texto casi incomprensible. El público desbordaba el recinto, por lo cual se decidió continuar la acción en la plaza San Martín, a pocos metros de la galería. Allí, Antonio Gades bailó un fandango acompañado por un guitarrista. Luego, Greco trazó sobre una tela blanca, con grafito, la silueta del bailarín y la firmó. Para finalizar escribió la frase: "Viva el arte moderno", a continuación la borroneó y la tachó con gestos enfáticos. Ese fue el último gesto del creador del Vivo-Dito en Buenos Aires, antes de su suicidio en Barcelona.
Arte-cosa
Pintor autodidacta en sus comienzos, Rubén Santantonín (1919--1969) derivó rápidamente desde el informalismo hacia lo que llamó Arte-cosa. Esas obras, de notoria originalidad, eran objetos más o menos esféricos que por lo general colgaban del techo. Estaban construidos con materiales pobres y rudimentarios (madera y cartón de rezago, tela pintada, alambres).
Las ideas de Santantonín iban más allá del objeto artístico. En 1963 proyectó su Arte cosa rodante (Primera vez en América). La propuesta señalaba que se trataba de una: "Especie de informe de superficie rojiza y seca extendido sobre una tarima arrastrada por un jeep (...) que se pasearía por la ciudad atrayendo por su semejanza con los monstruos populares de Bolivia, México o Perú. Una vez estacionado en una plaza se apelaría al público, invitando a la gente a penetrar en su interior. Una vez adentro el espectador dejaría de serlo para participar directamente en este mundo mágico y distinto del cual él mismo crearía buena parte. Entraría en el vientre de una inmensa forma donde se encontraría moviendo y componiendo formas".
Entre los muchos textos que escribió Santantonín, algunos señalan sus propósitos estéticos: "Mientras agoniza el arte de galerías y salones nosotros realizamos este modo de arte invendible. «La Panflecosaª es: Panfletaria, Proletaria; Solitaria; Invendible; es la imagen insobornable que se regala -- se da. Es el arte invendible, el arte puerta a puerta".
Por su parte, Emilio Renart (1925--1991), también pintor abstracto en sus comienzos, en los años sesenta creó unas grandes y heterodoxas construcciones, mezcla de objeto, escultura e instalación, a las que tituló Integralismo-Bio Cosmos. En el Bio-Cosmos nº 3 (1964), uno de los más importantes de la serie, el enorme elemento central, piloso y con luces titilantes, poseía una morfología antropomórfica alusiva al sexo femenino. El Integralismo. Bio-Cosmos nº 5. Mutación primera, de carácter más narrativo, estaba realizado en resina poliéster, con un sistema lumínico pulsátil. Pleno de alegorías biológicas y de extraña riqueza formal, aludía al proceso de degradación de lo orgánico.
Entre 1964-1965 parecía finalizar el impulso originado por el informalismo, que constituyó un extraordinario ejemplo en el arte argentino. Hacia esa época se inició una etapa con la que mucho (pero no todo) tenía que ver el recién creado Centro de Artes Visuales del Instituto Di Tella.
Alberto Greco, en una de sus últimas cartas a Lila, hablaba de la nueva situación: "En el Di Tella me rechazaron por unanimidad (¡ja, ja, ja!; ¡ay, ay!)". Por otra parte, el instituto no aceptó el proyecto para una "estructura-ambiente-recorrido" que habían presentado Kemble, Renart y Santantonín, acompañados por algunos jóvenes. En los mismos días, Kemble publicó en un periódico, en el que colaboraba de manera habitual, una nota titulada "Ha llegado al fin el arte Pop". Esa era la clave.




