Controversia en Polonia por el premio Nobel de Literatura, que divide al país en medio de las elecciones

La escritora polaca Olga Tokarczuk ganó esta semana el Premio Nobel de Literatura 2018; en su país, su obra y activismo divide aguas
La escritora polaca Olga Tokarczuk ganó esta semana el Premio Nobel de Literatura 2018; en su país, su obra y activismo divide aguas Crédito: REUTERS/Thilo Schmuelgen
Joanna Berendt
Marc Santora
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13 de octubre de 2019  • 00:16

VARSOVIA, Polonia.- Por lo general, el anuncio del ganador del Premio Nobel de Literatura genera expresiones de orgullo y de celebración en el país natal del escritor y suele justificar algunas demostraciones de pompa patriótica. Pero en Polonia, donde la nación está sumida en una batalla acérrima y trascendente por la cuestión de qué significa ser polaco, el premio en cambio generó controversia.

El jueves, cuando Olga Tokarczuk fue premiada, la reacción fue tan dividida como el país mismo. Para algunos, es una escritora elocuente que plasma la inspiradora y trágica historia polaca del siglo XX. Para otros, es una traidora.

Tokarczuk viene documentando la larga historia polaca de pluralismo y mestizaje étnico en el mismo momento en que el gobierno de su país presenta a los inmigrantes como un peligro mortal para la nación. Denuncia ataques contra los gays y los globalistas, mientras los líderes del Partido Ley y Justicia que gobierna Polonia buscan convencer a los electores de que la "plaga del arco iris" apoyada por líderes occidentales decadentes implica una amenaza existencial tanto para las familias como para la nación misma.

Y como este domingo habrá elecciones nacionales en Polonia, tal vez no cause sorpresa que los partidos políticos intenten utilizar el anuncio del premio para enardecer a sus propios bandos.

Rafal Ziemkiewicz, un periodista de derecha, utilizó Twitter para vituperar a Tokarczuk y a otros artistas como Pawel Pawlikowski, director de cine ganador de un Oscar [por Cold War]. "Con todo el debido respeto, les deben sus premios al hecho de que los salones occidentales de izquierda quieren apoyar a agentes polacos en la lucha contra el régimen nacionalista", escribió Ziemkiewicz. "Y está perfecto, llévenselos, pero no despotriquen contra Polonia."

Los que se oponen al gobierno polaco y sus intentos de moldear el panorama cultural con el dogma nacionalista intentaron utilizar el momento para mostrarle al mundo que Polonia no sería encasillada por el gobierno.

Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo y crítico del actual gobierno polaco, manifestó deliberadamente en Twitter que había leído los libros de Tokarczuk "desde el comienzo hasta el final". "¡Qué alegría y orgullo!", escribió. "Voy a jactarme en Bruselas, como polaco y como lector fiel." Y firmó con un emoji sonriente.

Tokarczuk dijo que quería dedicar su premio a los polacos. "Estamos a pocos días de las elecciones, unas elecciones muy importantes. Pueden cambiar el futuro de este país", dijo ante periodistas en una conferencia de prensa en Bielefeld, Alemania. "Quisiera decirles a mis amigos en Polonia: elijamos bien, votemos por la democracia."

Tokarczuk le dio a Polonia su sexto Premio Nobel de Literatura, y es tan solo la 15ª mujer en recibir la distinción desde 1901.

Es conocida sobre todo por obras como Un lugar llamado antaño, Los libros de Jacob, Sobre los huesos de los muertos y Los errantes, una novela experimental que le valió el Premio Man Booker Internacional de 2018, otorgado a escritores con obras de ficción publicadas en inglés ( Flights), y que se publicará en español el mes próximo por Anagrama.

"Las elecciones pueden cambiar el futuro del país. Elijamos bien, votemos por la democracia", dijo la escritora polaca Olga Tokarczuk, flamante Premio Nobel de Literatura 2018
"Las elecciones pueden cambiar el futuro del país. Elijamos bien, votemos por la democracia", dijo la escritora polaca Olga Tokarczuk, flamante Premio Nobel de Literatura 2018 Fuente: Reuters

El guardaespaldas

En 2014, su editor polaco se vio forzado a contratar guardaespaldas para la escritora luego de que declarara que Polonia había cometido "actos horrendos". Los nacionalistas de derecha la vilipendiaron y la tildaron de "targowiczanin", un término anticuado que significa traidor.

Esta semana misma, el ministro de Cultura polaco, Piotr Glinski, se mostró desdeñoso cuando le preguntaron por sus obras. "Intenté leer algunas, pero nunca terminé ninguna", dijo Glinski el lunes, cuando le preguntaron por Tokarczuk en el canal de televisión polaco TVN24. Pero el jueves, Glinski felicitó a Tokarczuk. "Es una prueba de que la cultura polaca es apreciada en todo el mundo", escribió en Twitter.

La respuesta de Polonia ante el premio es otro ejemplo más de lo profundamente dividido que se encuentra el país. El partido que gobierna promueve una forma de nacionalismo con una versión de la historia polaca cuidadosamente seleccionada y equipara las críticas contra Polonia con una falta de patriotismo. Esa visión hizo que el gobierno aprobara una ley para considerar como delito las acusaciones de complicidad de la nación polaca en el Holocausto. Tras un feroz repudio internacional, la ley fue matizada.

Pero el gobierno sigue librando una batalla contra los líderes de algunas de las instituciones culturales más importantes del país, como el museo Polin, donde presiona para desplazar al actual director, Dariusz Stola, quien es visto como un enemigo político. El gobierno dice que la dirección utiliza el museo como una plataforma para organizar eventos opositores. Stola no está de acuerdo, y dice que lo hostigan porque no es "leal" al partido.

Incluso antes de que el partido Ley y Justicia empezara a tratar de reconfigurar el panorama cultural, Tokarczuk advertía sobre la intención de ciertos políticos de borrar los momentos más oscuros de la historia polaca.

"Inventamos una historia de Polonia como un país tolerante y abierto, un país que no estuvo manchado por ninguna de las atrocidades cometidas contra sus minorías", dijo Tokarczuk en una entrevista en la televisión estatal en 2015. "Creo que tendremos que enfrentar nuestra propia historia para reescribirla un poco, sin ocultar todas las cosas terribles que hicimos como colonizadores, una mayoría nacional que eliminó las minorías, como dueños de esclavos u homicidas de judíos".

En 2016, cuando Tokarczuk recibía un premio por su obra en la ciudad de Walbrzych, los funcionarios del partido Ley y Justicia dejaron la sala. La semana pasada, cuando fue homenajeada en el sudeste de Polonia, donde reside, los políticos locales de Ley y Justicia se opusieron. Krystyna Sliwinska, concejala del partido en Klodzko, dijo que la escritora "difama a los polacos", miente sobre su historia y no debería recibir esa distinción.

"¿Quién inventó la historia de Polonia que usted cuestiona? ¿Cuáles son esos hechos falsos? Tokarczuk habla en representación de todos los polacos como 'nosotros', ¿pero qué derecho tiene a generalizar así?'", preguntó Sliwinska en una reunión municipal. "Ese mensaje falso se traduce a lenguas extranjeras y sale al mundo, y después llegan los premios."

En la ceremonia, Tokarczuk le respondió. "Intento hacer mi trabajo y ser una persona decente, y una persona decente tiene el coraje de enfrentar lo que no necesariamente es agradable, lo que tal vez es oscuro y problemático", dijo. "Si nos negamos a levantar la vista y enfrentarlo, entonces tendremos que cuestionar nuestra honestidad intelectual, y también nuestra decencia moral hacia los otros."

The New York Times

(Traducción de Jaime Arrambide)

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