Crítica lefebvrista al entorno del Papa
La hizo el superior general de la orden
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“Jamás nos alejamos de la Iglesia. Siempre fuimos y somos católicos, y hemos trabajado siempre con la intención de seguir siéndolo. Hay dificultades con la autoridad, pero esto no significa que la neguemos.”
Confiado en un acercamiento al Papa, pero con muy fuertes críticas al Vaticano, se mostró en su reciente visita al país monseñor Bernard Fellay, sucesor del arzobispo francés Marcel Lefebvre, suspendido y excomulgado por Juan Pablo II en 1988 por consagrar obispos a cuatro sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal San Pio X.
Fellay, de origen suizo, fue uno de ellos y hoy es el superior general de la comunidad, que tiene unos 500 sacerdotes en todo el mundo –40 en América latina; 22 de ellos, en la Argentina–, con presencia en 65 países.
De inspiración ultraconservadora, la Fraternidad Sacerdotal San Pio X se opuso permanentemente al espíritu del Concilio Vaticano II y a las reformas de la Iglesia. Lefebvre y sus sucesores cuestionaron la autoridad de los papas y la doctrina conciliar sobre la libertad religiosa.
En una entrevista con LA NACION, monseñor Fellay advierte que “hay hombres en la curia vaticana que no trabajan al servicio del Papa”.
Pese a que hoy está excomulgado, al igual que los otros obispos que en su momento consagró Lefebvre (fallecido en 1991), monseñor Fellay confía en que el papa Benedicto XVI "quiere arreglar la situación de los lefebvristas y dar a sus obispos una jurisdicción".
El primer gran paso, afirmó el superior de la congregación, fue la liberación de las trabas que impedían a los sacerdotes celebrar la misa en el antiguo rito tridentino, en latín, sin una autorización específica de su obispo.
El segundo, y definitivo, sería la anulación del decreto por el cual Juan Pablo II excomulgó al arzobispo Lefebvre en julio de 1988. Según Fellay, Roma está preparada para hacerlo desde 2005.
"El único problema que se mantiene ahora es político. Hay una parte de la Iglesia que no nos ama, que nos considera dinosaurios, y Roma no sabe cómo manejar esta dialéctica entre conservadores, como somos nosotros, y progresistas que no quieren el mismo camino. Si nos conceden demasiado a nosotros, los otros reaccionarían", explica el obispo que conduce la Fraternidad San Pío X, que Lefebvre creó en 1970, en Friburgo.
Visita a la Argentina
Días pasados, el obispo lefebvrista visitó el país en el que 22 sacerdotes celebran la misa tradicional -en latín y según el rito romano cuya última modificación es del siglo XI- en 23 ciudades de 10 provincias (Buenos Aires, Córdoba, Tucumán, Santiago del Estero, Mendoza, San Luis, Salta, Jujuy, Santa Fe y Corrientes).
En esos lugares, en capillas o "centros de apostolado" de su propiedad reúnen a comunidades de unos tres centenares de fieles cada una. En la Argentina, los lefebvristas también tienen un seminario -en La Reja, partido de Moreno- y un convento para religiosas.
Su sede para América latina está en Martínez, en una casa situada en Pedro Goyena al 2000. Es una hermosa casona de estilo francés en la que viven tres sacerdotes. Uno de ellos es Cristian Bouchacourt, superior del distrito de América latina.
Allí recibió Fellay a LA NACION, con el atuendo que usan los obispos para ocasiones distinguidas: túnica negra, faja color púrpura y gran cruz al cuello.
Explicó que, "hasta que las cosas mejoren" los vínculos con los obispos y sacerdotes católicos son muy escasos. Con el cardenal Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y presidente del Episcopado argentino, por ejemplo, no tienen diálogo. "El padre Bouchacourt le envió dos cartas al cardenal Bergoglio y no recibió respuesta. Es decir, que el silencio viene más de él que de parte nuestra", dijo Fellay.
Sin embargo, la excomunión y la sanción que pesa sobre la institución creada por Lefebvre son el fundamento de muchas diócesis y arquidiócesis para desalentar la concurrencia de los fieles a los servicios religiosos impartidos por los sucesores del arzobispo francés.
En virtud de ello, la Iglesia no reconoce la catequesis impartida en sus centros de formación y los bautismos que allí se administran son ilícitos, así como inválidas las confesiones, advirtió hace un tiempo en un documento el arzobispo de Salta, Mario Cargnello.
"Jamás nos hemos puesto a edificar una iglesia o una autoridad paralela", dijo el superior Fellay al explicar la situación de la congregación lefebvrista y si actúan dentro o fuera de la Iglesia.
"La Iglesia oficial nos ha apartado. Fuimos marginados. Esto es verdad. Pero no pueden decir ni probar que estamos fuera. Es interesante que en el motu proprio que rehabilitó la antigua misa del rito tridentino, el Papa dice que la razón de su acción es trabajar en la reconciliación interna en la Iglesia. Habla de nosotros. Tenemos entonces aquí la declaración del Papa mismo de que no somos cismáticos", afirmó.
Unidad y doctrina
En ese escenario, ¿cómo evalúa el sucesor de Lefebvre la situación actual de la Iglesia?
"Es muy compleja", responde. Y añade: "Hay varias corrientes que al encontrarse producen remolinos y la autoridad ha perdido el control sobre algunas de esas corrientes. Un ejemplo es la situación de cisma de hecho que se percibe en América del Norte, aunque Roma quiere evitar que se convierta en un cisma formal".
"La Iglesia está en un estado de fragilidad teológica muy grande. Falta la unidad en la doctrina. Hay muchos teólogos que dicen lo que quieren. Y las correcciones de Roma son tan pocas que finalmente son ineficaces", dijo Fellay.
Citó y lamentó el caso del reconocido "teólogo Hans Kung, que fue condenado por su tesis realmente herética, pero continúa enseñando y es invitado por universidades católicas como si todo estuviera bien. Esto hace un daño terrible a la Iglesia, porque finalmente no se sabe qué creer y qué pensar".
"Si se le pregunta a la gente católica si cree en la resurrección de Nuestro Señor, en el infierno, en la Inmaculada Concepción se ve con espanto enorme que la mitad o más de los que se proclaman practicantes no cree más en esto. Y un 40% de los propios sacerdotes no creen en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía", advirtió el sucesor de Lefebvre.
El conflicto
- Sanción: la Fraternidad Sacerdotal San Pío X no está en comunión con la Iglesia desde 1988, al ordenar obispos sin autorización de la Santa Sede. Juan Pablo II suspendió a monseñor Lefebvre, que no reconoció muchas de las reformas aprobadas en el Concilio Vaticano II, y excomulgó a los obispos consagrados.
- Sin validez: la catequesis que imparten no es válida para la formación de los fieles. Tampoco lo son los bautismos que administran los sacerdotes lefebvristas y la celebración del sacramento de la reconciliación.
- Misas: la Iglesia aconsejó a los fieles en los últimos años abstenerse de frecuentar los servicios religiosos que se ofician en las sedes lefebvristas.
- Acercamiento: desde la asunción de Benedicto XVI, ha habido reuniones entre el Vaticano y la Fraternidad Sacerdotal San Pío X para acercar posiciones.
- En latín: el primer paso fue la rehabilitación del antiguo rito tridentino, que desde 1970 los sacerdotes no podían celebrar sin autorización del obispo de la zona.




