
Crónica de una época violenta
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Historia del Peronismo. La violencia (1956.1983) Por Hugo Gambini
Vergara/473 páginas/$ 59
Incursionar en temas de la llamada "historia del tiempo presente" exige no sólo un profundo conocimiento de fuentes que por su complejidad parecen poco menos que inasibles, sino también el suficiente equilibrio para evaluar y juzgar episodios de los que se ha sido espectador y tal vez, directa o indirectamente, partícipe. La victoria sobre la subjetividad es lo que diferencia el libro confiable del panegírico oportunista o la diatriba interesada. Hugo Gambini logra esa deseable equidistancia en el tercer volumen de su Historia del peronismo dedicado a "La violencia (1956-1983)".
Dice bien el autor que su libro no encierra "una historia de realizaciones ni de epopeyas", sino que es "más bien el paisaje de una Argentina triste, cargada de frustraciones y, sobre todo, de muertos. De muchísimos muertos". En efecto, los veintisiete años transcurridos desde los alzamientos de 1955 hasta el fin de la Guerra de las Malvinas reflejan, con algunas excepciones, la intolerancia y la mezquindad de quienes sostuvieron intereses de sectores so pretexto de servir a la República.
Gambini narra con el estilo apasionante de una buena crónica periodística el derrocamiento de Perón y su itinerario en el exilio hasta su llegada a la España de Franco, a la par que se ocupa de la resistencia contra el gobierno de la Revolución Libertadora, con el trágico resultado del fusilamiento de civiles y militares, en junio de 1956. En el libro desfilan gobiernos y operaciones políticas de diversa índole en las que se nota la mano del exiliado en Madrid, mientras aparecían en el escenario nacional diferentes organizaciones armadas como los Uturuncos y el Ejército Guerrillero del Pueblo, "los chicos de Tacuara" y la guerrilla en Taco Ralo.
El retorno de Perón, prohijado por el entonces presidente de facto Lanusse con el fin de descomprimir un clima enrarecido y asfixiante por los constantes atentados y asesinatos, lejos de pacificar el país desató una puja entre sectores del peronismo. Gambini los refleja vívidamente y muestra cómo el caudillo no tardó en diferenciarse de aquellos a quienes había alentado desde el destierro, y recuerda su aparición por televisión flanqueado por su mujer Isabel y por el tristemente célebre López Rega, en la que advirtió sobre "la infiltración" y repitió la misma frase que había pronunciado durante la huelga ferroviaria de 1951: "Cuando los pueblos agotan su paciencia suelen hacer tronar el escarmiento". Tras condenar los crímenes, aquel día Perón insistió en "dar un escarmiento que, por ejemplar, se recuerde por varios siglos".
La violencia -protagonista principal de esta obra-, acrecentada tras la muerte de Perón, es registrada con una exhaustividad que no decae y, al referirse a la represión desde el Estado ejercida tras la asunción del denominado Proceso de Reorganización Nacional, el autor destaca sus rasgos más ominosos.
Cuando concluye la lectura de este libro aleccionador, en que figuran, como verdaderas "tablas de sangre", los nombres de miles de muertos, el lector no puede evitar una infinita pena, una inenarrable sensación de pérdida, no sólo por las vidas segadas en un desencuentro interminable, sino por las posibilidades para una nación digna de mejor destino.
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