Cuando el cine narra la historia
Las investigadoras Marcela López y Alejandra Rodríguez, autoras del libro Un país de película , cuentan cómo se reflejan en los films nacionales los principales hechos históricos de la Argentina desde la Revolución de Mayo
1 minuto de lectura'

Desde la película La Revolución de Mayo , filmada por Mario Gallo en 1909 para conmemorar el centenario del primer gobierno patrio, el cine argentino ha reflejado diversas versiones sobre los hechos y personajes históricos más destacados. El interés por narrar la historia, evidente también en otros films argumentales como El Himno Nacional (1909), La batalla de San Lorenzo (1912) y Episodios de San Martín (1912), continúa hasta la actualidad, con variados enfoques y estéticas. Con el objetivo de analizar de qué manera el cine cuenta el pasado, las investigadoras Alejandra Rodríguez y Marcela López realizaron un recorrido por cien años de producción cinematográfica en la Argentina para su libro Un país de película , publicado este mes por editorial Del Nuevo Extremo.
En su trabajo, que demandó un año de búsqueda y examen de los materiales, además del proceso de análisis y escritura, las autoras plantean siete ejes temáticos: la construcción de los héroes, las figuras de los caudillos, el lugar de los indios, la crítica social, la imagen de Eva Perón, la clase obrera de los años sesenta y setenta y la economía durante la última dictadura militar. Profesoras de la Escuela de Capacitación Docente de la Ciudad de Buenos Aires y del Centro Cultural Ricardo Rojas, entre otras instituciones, hace más de diez años que Rodríguez (historiadora) y López (licenciada en Comunicación Social) trabajan en el cruce entre cine e historia. En esta entrevista cuentan las principales conclusiones de su minuciosa investigación.
-¿Por qué decidieron clasificar los films por temas y no por épocas?
Marcela López: -Habíamos pensado armar un recorrido cronológico, pero advertimos la imposibilidad de presentar una historia completa. Entonces pensamos analizar algunos temas del pasado y estudiar cómo se representaron en el cine. El criterio fue contrastar versiones de hechos históricos; más allá de la calidad cinematográfica de las películas o de las valoraciones estéticas, quisimos entenderlas como producciones que dan una versión sobre el pasado.
-¿Con qué criterio seleccionaron los sucesos históricos analizados en el libro?
Alejandra Rodríguez: -Elegimos los hechos según el período histórico que nos interesaba analizar. Sobre el peronismo, por ejemplo, teníamos mucho material del 17 de octubre, pero decidimos trabajar con las representaciones de Eva Perón porque no había antecedentes.
-¿Cómo fue el trabajo de campo?
A. R.: -Dificultoso. Pensábamos que el capítulo sobre Eva Perón iba a ser más fácil, pero nos llevó varios meses poder ver las películas. Teníamos un listado de films que sabíamos que existían, pero no los encontrábamos: en el Archivo General de la Nación había un fragmento, en el Museo del Cine había otro y así. No hay lugares que conserven las películas históricas en versiones completas.
M. L.: -El acervo del Museo del Cine tal vez sea el más completo, pero muchos films antiguos están en pésimas condiciones.
A. R.: -De la película Y la Argentina detuvo su corazón , de Carlos Borcosque (1953), tuvimos que ver una copia en inglés porque fue la única que conseguimos entera. Hay títulos como Juan sin ropa , de Georges Benoît y Héctor Quiroga (1919), que están incompletos: les faltan los minutos finales.
-¿A qué se debe?
M. L.: -Es el destino trágico de muchos materiales que en su momento no fueron muy valorados o tuvieron una exposición muy efímera. En este país no hay una cultura de conservación. El Instituto Perón, por ejemplo, es el lugar que tiene el material en mejores condiciones.
-¿Dónde encontraron la película sobre la Revolución de Mayo?
M. L.: -Teníamos referencias de ese film y lo encontramos en la videoteca de Liberarte, en una colección que se llama "Primitivos argentinos". Es una película muda, corta, de pocas escenas, que produce fascinación.
-¿Se la considera la primera película argentina?
M. L.: -Hay algunas diferencias entre los historiadores, pero es la primera película argumental que, además, tiene como tema lo histórico. Es la primera que toma la historia como una cantera para buscar sus argumentos.
-¿Durante la investigación encontraron películas de las que no tenían registro o fueron a buscar aquellas que ya conocían?
M. L.: -Partimos con una idea prefijada, pero también aparecieron algunas que no conocíamos, como Facundo, el tigre de los llanos , de Miguel Paulino Tato (1952). Cuando pensamos, por ejemplo, qué se podía representar de los años 60, vimos que el recorte debía ser muy chico, que había que poner el foco en lo que pasaba adentro de las fábricas. A partir de eso definimos las películas. Con otros temas, pasó al revés: hacemos un recorrido panorámico.
-¿Cuáles son los acontecimientos sociales y políticos que tienen más versiones y cuáles los que tienen una mirada única?
M. L.: -En el capítulo uno, "¡El cine ama a los héroes!", recorremos tres películas relacionadas con la construcción de la figura de José de San Martín. Aunque las versiones tienen matices, todas apuntan a construir un héroe.
A. R.: Nuestra tierra de paz , de Arturo S. Mom, filmada en 1939, plena década infame, construye un San Martín rígido. Es muy interesante la metáfora que utiliza para mostrar al San Martín católico: lo muestra junto a la tumba de su esposa y la sombra de la cruz baña su cuerpo. Es un documento de la época en la que fue realizada. Es la elite nacionalista la que sostiene esta versión de San Martín. En cambio, El general y la fiebre , de Jorge Coscia (1993), muestra un costado más popular, más cercano al pueblo y los sectores humildes; un San Martín débil y enfermo.
M. L.: -En El santo de la espada , de Leopoldo Torre Nilsson (1970), cualquier encuentro del bronce con una mujer está mediatizado con una distancia. El contexto político y social marcó la construcción del personaje: marcial, rígido y asexuado.
-¿Las visiones de las películas siempre responden a la época en que fueron realizadas?
A. R.: -Hay algunas políticamente incorrectas, pero en general la mayoría está relacionada con el contexto de producción.
M. L.: -Las películas tienen la marca de su época. Hay un caso raro que incluimos en el libro, El último malón , de Alcides Greca (1918), que tiene cosas increíbles que van a contrapelo con el discurso del momento.
A. R.: -Ese film tiene a los indios como protagonistas. Es la irrupción de algo nuevo; en todas las demás, son antagonistas temidos. Es una pieza rara, interesante, muy audaz para su época. Al igual que Juan sin ropa (1919), que muestra por primera vez las asambleas de los trabajadores.
M. L.: -En la investigación, tratamos de encontrar las marcas formales: cómo se representan los hechos narrados desde lo visual, lo sonoro, la estructura dramática, quién es el protagonista, quién lleva el hilo de la acción. Lo pensamos desde lo formal, más que desde lo temático. A partir de qué materiales arma su versión del pasado cada cineasta, que es una suerte de historiador.
A. R.: -Con algunas películas trabajamos las estrategias de omisión: qué cosas no cuenta, qué metáforas utiliza.
-En el capítulo dedicado a la última dictadura militar dicen que, en general, las películas reflejan aspectos políticos y en menor medida, los económicos. ¿Qué otros temas fueron ignorados por el cine en las distintas épocas?
M. L.: -Cada período alumbra algunos temas y deja de costado otros. En los años sesenta y setenta, casi no aparece el tema de la mujer ni el de las minorías porque lo que se destaca es la política, la clase trabajadora.
A. R.: -Lo de la dictadura es notable porque hay muchas películas que reflejan la represión, la vuelta de la democracia, el terrorismo de Estado, pero son menos las que tratan los aspectos económicos. Analizamos el tema a partir de La deuda interna , de Miguel Pereira (1987), Plata dulce , de Fernando Ayala (1982), y Memorias del saqueo , de Fernando Solanas (2002). En esos casos, el cine privilegia las historias personales, la biografía.
M. L.: -La guerra de Malvinas es interesante para analizar porque es un tema vergonzante para buena parte de la sociedad argentina. Salvo en el caso de Iluminados por el fuego, de Tristán Bauer (2005), y Los chicos de la guerra , de Bebe Kamín (1984), parecería que para esas películas no hay espectadores. Sin embargo, con el tema de la represión de Estado no sucede lo mismo: es como si hubiera una necesidad de correr el velo sobre ese tema para contar lo que ha pasado.
-En un país de peronistas o antiperonistas, de Boca o River, donde todo parece ser blanco o negro, ¿hay hechos que se cuenten desde puntos de vista opuestos?
A. R.: -El rosismo es un tema interesante para analizar. Nosotras trabajamos la versión de Juan Manuel de Rosas de los años setenta, de Manuel Antín. Cuando se espera el regreso al país de Perón, cuando se busca un líder popular, Antín construye un Rosas con las bases de apoyo: lo muestra con los saladeros, la peonada, con una política industrialista. Pero en Camila , de María Luisa Bemberg, realizada después de la dictadura, de Rosas lo único que se muestra es la cuestión represiva. En la versión de Antín, Rosas es quien puede luchar contra el imperialismo francés e inglés. En la de Bemberg, Rosas es la mazorca, la represión, la sociedad patriarcal.
M. L.: -El cine, desde sus orígenes, intenta apropiarse de la historia para construir sus versiones. Pero cada versión recorta y omite. Nosotras tratamos de leer qué hay debajo de cada recorte y cada omisión. Por qué cada película muestra lo que muestra y cómo construye a sus héroes.




