
Cuando el jazz habla español
La cantante va a contrapelo de los hábitos de sus pares locales y en Espejos de agua, su nuevo disco, presenta temas de denuncia social con letras propias
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El jazz fue siempre, directa o elípticamente, una música política. De hecho, el poeta Le Roi Jones aseguró que gracias a esa música los esclavos negros habían alcanzado en Estados Unidos la condición de ciudadanos. Claro que también estuvieron las letras de denuncia, como la de "Strange Fruit", de la que Billie Holiday se apropió para siempre, o las que todavía escribe Abbey Lincoln. En la Argentina, las cantantes de jazz suelen trabajar con ese repertorio residual y seguro, atadas a la noria que las obliga a cantar aquello que otras cantantes ya habían cantado antes y mejor. Una excepción es Eleonora Eubel quien, inscripta en la fuerte renovación del jazz local que se viene produciendo desde mediados de la década de 1990, empezó a pensar de otra manera la política musical. Eligió la inseguridad: optó por ser una artista en lugar de una intérprete.
Esta cantante finísima y verborrágica, que quiso dedicarse al dibujo y trabajó en una línea aérea, se cansó un buen día del repertorio tradicional (aunque asegura que esa es la historia que la nutrió) y entendió que, así como para un estadounidense era lícito hablar de los derechos civiles o de la guerra de Irak, aquí podía hablarse del Fondo Monetario Internacional. Primero grabó, en 2001, Fullmoon ("un disco prolijito, como corresponde"), visita impecable a un puñado de standards . Después, Eubel radicalizó la tentativa con Esthesia (2003), un registro todavía cantado en inglés, pero ya con letras propias, que incluía el tema "Mr. Devil Number Six", dedicado a los acontecimientos del 20 de diciembre de 2001. Y ahora acaba de publicar Espejos de agua , con letras en español punteadas de referencias a la lengua mapuche que, pese a su singularidad, conserva el núcleo del jazz: la improvisación. "Ingenuamente, mandé el primer disco al Festival de Montreal, a ver si enganchaba que me programaran", explica divertida Eubel. "El organizador me contestó: tu disco es muy bonito, pero nos sorprendió que cantaras standards , nosotros creímos que cantabas cosas más de tu tierra.
-¿Estuvo ahí el origen de la transformación?
-Me acuerdo que estaba viendo en CNN una nota sobre la Argentina. Allí mostraban una marcha de gente que asaltaba supermercados y se veía a un tipo de traza muy humilde con un cartoncito que decía We are hungry (tenemos hambre). En ese momento, decidí escribir en inglés sobre las cosas que nos pasan.
-¿Los standards son un callejón sin salida para una cantante argentina?
-No tengo ningún aporte para hacer sobre ese repertorio, más allá de concentrarme en el momento en que canto. Eso es recrear. Pero crear es poner algo más. Algunas cantantes no se animan a cantar otras cosas porque da un poco de miedo salirse del carril; uno no tiene garantías. Cuando les dije a los músicos que las canciones venían en castellano, vi que las caritas eran de duda. A ellos mismos les costó encontrarle la vuelta. ¿Qué es esto? ¿Una chacarera? No. ¿Un chamamé? No. Entonces, en el tema "El distinto", yo le dije simplemente al baterista: veo un caballo al galope, con mucha velocidad. De ahí salió el ritmo.
-¿Por qué decidiste cantar en español?
-Tenía que ver con la temperatura de las palabras. Cuando uno putea en castellano sabe perfectamente qué efecto provoca en el otro. Por supuesto, eso implicó también un cambio musical. No me sale el chin-chin-chin-chin que trae el inglés.
-¿Cómo cruzaste en Espejos de agua la lengua mapuche con la tradición del jazz?
-Yo vivía en el sur. Una vez entró un mapuche a un bar y empezó a recitar acompañado por la guitarra. Me fascinó esa lengua. Algunas canciones me llevaron más de un año. La letra y la música son un entretejido. Aparece una cadencia, después aparecen las palabras, entonces hay que encontrar una forma que, a veces, surge de la improvisación.
-¿Cuánto ayudó que los músicos que te acompañan sean jóvenes?
-Ellos escucharon a John Coltrane, pero también a Violeta Parra. Son más dúctiles y menos machistas. Además, la cuestión humana está íntimamente ligada con lo que aparece en el escenario. Esta música es una conversación. La forma se arma con los otros. Estirás, suspendés, te quedás esperando, y cae, como un charco de sonido y de palabra, otra cosa.
-Espejos de agua recupera un filo intransigente que el jazz vocal fue perdiendo, salvo en el caso de Abbey Lincoln
-También Nina Simone. Incluso, aunque es más establishment , Cassandra Wilson, que es la que más me interesó. Hace unos años, leí una entrevista en la revista Vogue donde ella explicaba que, después de hacer psicoterapia, escuchó algo de Prince y dijo: sí, ¿por qué no? Entonces empecé a escucharla y pensé: este es el camino. A veces se acierta y a veces no, pero si no te pasa eso estás frito. Quiere decir que tenés la fórmula. Y entonces mejor matate.





