
Cuentos realmente de terror
LOS NUEVOS GOTICOS Editores: B. Morrow y P. McGrath-Minotauro-Trad.: A. Erenhaus, rev: S. Rodriguez Vida-362 páginas- ($16)
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El sello Minotauro es una verdadera leyenda editorial. Dedicado desde fines de los cincuenta a la ciencia ficción, se extendió también hacia otras formas de la literatura de la imaginación. Nos dio a conocer, entre otros autores, a Ray Bradbury, a James Ballard y a J. R. R. Tolkien. En los últimos años, se ha empeñado en difundir literatura fantástica contemporánea en lengua inglesa. Así publicó, desde mediados de los noventa, buena parte de la obra de John Crowley y Angela Carter y las extrañas novelas El curso del corazón , de M. John Harrison y La afirmación y El glamour , de Christopher Priest. Es decir, se ocupó realmente de los nuevos góticos, de los autores que desde los setenta hasta ahora se preocuparon por cultivar la zona más oscura e intelectual de la literatura fantástica.
Esta antología es, en cambio, con la excepción de unos pocos nombres, una concesión al enemigo, un muestrario de artificial extrañeza, un ejemplo de que la palabra gótico ha pasado de tener muchos significados a no tener ninguno.
Los dos antólogos, Bradford Morrow y Patrick McGrath (de quien se conoció en español su novela Grotesco ), comienzan con una introducción que, leída retrospectivamente, resulta más bien una disculpa. "Si bien despojados del andamiaje convencional del género, los temas que nutren estos textos -horror, locura, monstruosidad, muerte, enfermedad, terror, maldad y sexualidad insana- son vívidos reflejos de la sensibilidad gótica. Si Poe tropezase con esta colección, quizás podría sorprenderse con la diversidad de estilos y escenarios, pero sin duda alguna reconocería y aplaudiría el espíritu que los anima." Resucitar a Poe para obligarlo a aplaudir esta antología es casi el único gesto gótico que el libro encierra.
La lista de autores resulta atractiva por su mezcla: hay escritores usualmente considerados como miembros de la "alta" literatura como Joyce Carol Oates, Martin Amis, Jeanette Winterson o John Hawkes, junto con nombres del género fantástico (Angela Carter, Emma Tennant), autores de best sellers (Anne Rice, Peter Straub) y una especialista en el género policial (Ruth Rendell), entre muchos otros.
Pero, aunque tamaña heterogeneidad crea expectativas, pronto comienzan las decepciones. En primer lugar, por la abundancia de fragmentos de novelas, que nos dejan con el sabor amargo de la traición en la boca. En segundo lugar, por la pobreza de los cuentos seleccionados. Por último, por el concepto de relato gótico que manejan McGrath y Morrow, tan amplio que puede entrar casi cualquier cosa. No hace falta un castillo, ni un fantasma, ni un hecho fantástico, ni el terror: "El infierno se encuentra ahora en la tierra, localizado en las criptas y sótanos de nuestra mente", advierten los antólogos. Como para que el lector sepa que la casa no se reserva ningún derecho de admisión.
Se destacan "El mercader de sombras", de Angela Carter, "El olor", un buen cuento de terror del antólogo McGrath, "Acaso no sabía ella", una fábula moral de Scott Bradfield, "La reina muerta", variante de Blancanieves a cargo de Richard Coover, y un claustrofóbico fragmento de una de las novelas de Ruth Rendell que transcurre en los subtes de Londres.
Hay veintiún relatos, en un gran número experimentales, y el objeto de ese experimento no es otro que el lector. Al descubrir el desteñido concepto de cuento gótico que manejan los encargados de la selección, evocamos con nostalgia los cuatro tomos de la Antología del cuento extraño , de Rodolfo Walsh, o el generoso volumen destinado al cuento fantástico que prepararon Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges y Silvina Ocampo.
La despedida es abrupta: cuando el libro termina, no hay fichas de los autores seleccionados. Transgresión fundamental a las normas de este tipo de libro, ya que toda antología debe ser en esencia un mapa de lectura que nos lleve, con la información imprescindible, por zonas de la imaginación que aún no hemos explorado.





