La vaca Veronika
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El veganismo retrocede en el mundo: caen las ventas de este tipo de alimentos, muchos restaurantes “basados en plantas” ahora incluyen carne en sus menús y hasta Gwyneth Paltrow, quizá la vegana más famosa del planeta, abandonó el barco.
No soy vegano -más bien, ovolactovegetariano-, pero vivo ese retroceso como una derrota. Mi simpatía por muchos animales solo es equiparable a la antipatía que me despiertan algunos seres humanos cuando me someten al interrogatorio habitual: por qué no como carne, si no la extraño, si nunca recaí.
Tengo mis propias preguntas. ¿Sabías que los pulpos –los mismos que se cocinan a la gallega– son capaces de soñar? ¿O que los cerdos –los de la bondiola– pueden aprender su nombre? ¿Quién soy yo –interrogo– para comerme a una criatura que sueña o que sabe cómo se llama?
Esta semana, se conoció que una vaca austríaca llamada Veronika aprendió a usar una escoba para rascarse: es la primera vez que se observa un comportamiento así en el ganado.
Según un biólogo, a Veronika no le quedó otra que aprender: en el campo está expuesta a las constantes picaduras de tábanos, que “odia completamente”. Mirá si me voy a comer –pienso ahora– a una criatura capaz de lograr lo impensado para aliviar su propio tormento.
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